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Perdonar

domingo, 1 de septiembre de 2019 · 02:00

¿Cómo dejar atrás antiguas broncas, viejos rencores, dolores emocionales que nos siguen lastimando?, suele preguntarme mucha gente. Para lograrlo, debemos reconocer y soltar esas emociones negativas que han quedado “congeladas” en nuestro interior. Pero si continuamos dando vueltas sobre lo mismo (lo que pasó, lo que me hicieron, lo que no hice, etc.), terminaremos agotados, aburridos y sin fuerzas.

La clave para sanar es el perdón. Hacia uno mismo y hacia los demás. Este consiste en no entregarle más nuestra psiquis y nuestro precioso tiempo, que se va y no vuelve, a quien nos causó una herida. Es desalojar a un inquilino de nuestra casa mental. Es cambiar de estación de radio para dejar de escuchar siempre lo mismo. Perdonar es altamente terapéutico porque no lo hacemos por el otro sino por nosotros mismos. Y así nos sanamos.

Te invito a considerar qué no es el perdón:

-No es olvidar.

-No es minimizar lo ocurrido.

-No es necesariamente reconciliarse.

-No es hacer de cuenta que nada pasó.

¿Qué es entonces perdonar?

Es un acto libre de nuestra voluntad (lo sintamos o no). Para perdonar no necesitamos tener ganas de hacerlo (en la mayoría de los casos, la persona no siente perdonar); solo necesitamos tomar la decisión de perdonar. Y al hacerlo, somos libres del resentimiento y la ira contenida que nos puede seguir dañando durante muchos años porque mantiene vivo lo que nos pasó con mucha fuerza.

A veces perdonar lleva algún tiempo y, cuando finalmente decidimos hacerlo, no recibimos nada del otro. Aun así, vale la pena porque lo hacemos fundamentalmente por nosotros mismos, para nuestro bienestar físico y emocional. Sin darnos cuenta, el tiempo que pasamos sin perdonar somos prisioneros de esas emociones negativas que nos van envenenando de a poco.

Una investigación del año 2005 de la Universidad de Harvard presentó los siguientes beneficios del perdón:

-Disminución del estrés.

-Mejor salud cardiovascular.

-Una mejor predisposición hacia nosotros mismos y hacia los demás.

-Relaciones interpersonales más satisfactorias.

-Mayor relajación de los músculos y menos dolores articulares.

¡Sí que vale la pena perdonar!

Mucha gente expresa, frente a una situación difícil que alguien les provocó: “Nunca lo/a voy a perdonar por lo que me hizo”. Muy probablemente ese sentimiento tiene su justificación. Lo cierto es que cuando nos negamos a perdonar, los únicos perjudicados somos nosotros mismos, pues el malestar devenido en rencor (que es una actitud normal cuando nos hacen algo malo) sostenido en el tiempo nos puede terminar enfermando a nivel físico porque queda encapsulado en el cuerpo.

Para concluir, quien perdona expresa: “Yo, voluntariamente, no voy a permitir que este dolor del pasado me sigue lastimando y determine mi futuro”. Al perdonar nos separamos emocionalmente dela persona que nos provocó ese dolor. Para ver nuestros anhelos, sueños y metas personales convertidos en realidad, necesitamos estar en paz con nosotros ycon los demás. Es decir, haber perdonado.

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