Todos nos sentimos tristes, en algún momento de nuestras vidas, ante situaciones que no podemos manejar y sentimos que nos desbordan, o que no son lo que esperábamos. Pero, ¿qué es exactamente la tristeza que golpea a veces nuestra puerta sin pedir permiso?
Se trata de una emoción que nos derrumba, es decir, que nos tira para abajo (esa es la razón por la que decimos: “Estoy bajoneado”). Pero también nos empuja hacia adentro. ¿Por qué? Porque por lo general no tenemos ganas de hacer nada, ni de ver a nadie, ni salir. En los casos más extremos, la persona ni siquiera querrá bañarse.
Frente a la tristeza, sentimos que no tenemos fuerzas para seguir y sentimos el impulso de abandonarlo todo, como se dice comúnmente de “tirar la toalla”.
Ahora debemos distinguir entre tristeza y depresión. No siempre experimentar un fuerte “bajón” significa que hemos caído en depresión. Una persona deprimida tiene tristeza pero una persona triste no necesariamente tiene depresión. Esta última afecta nuestra autoestima y nos conduce a pensar que no valemos, que no servimos, que nadie nos ama. La tristeza nos priva de la energía para accionar, pero no daña nuestra autoestima.
¿Qué deberíamos hacer cuando nos sentimos tristes?
En estos casos es importante buscar a alguien de confianza a quien contarle lo que nos pasa. No es aconsejable intentar cargar solos con nuestra tristeza. Lo ideal es contar con gente a la que le podamos contar cómo nos sentimos, es decir, “poner en palabras nuestras emociones”. De esta manera, reconocemos nuestra debilidad emocional y tal actitud nos ayuda a superarla rápidamente.
Me encuentro con muchas personas que sufren de lo que en psicología se conoce como “analfabetismo emocional”. ¿Qué significa esto? Que saben que no se sienten bien pero no tienen idea de lo que sienten, de qué emociones están experimentando. Como resultado, no cuentan con herramientas para enfrentar y manejar la situación. Esto sucede porque, por algún motivo, han bloqueado sus emociones.
En la cultura que vivimos, esto suele sucederles más a los varones que a las mujeres, pues nos han enseñado que debemos mostrarnos siempre fuertes y, sobre todo no llorar, aunque vivamos hechos traumáticos. Entonces estallamos con quien no tiene nada que ver, pero no sabemos con claridad qué es lo que estamos sintiendo y cómo resolverlo.
Independientemente de nuestros sexo y edad, está permitido sentirnos tristes, bajoneados, de vez en cuando y dejar salir nuestras emociones. No siempre tenemos que estar bien y esconder lo que sentimos, pues eso solo nos daña mucho más. Tal vez, el afuera no comprenda lo que nos ocurre y simplemente tome distancia. Aun así, siempre habrá alguien que nos preste su oído sin juzgar.
Nunca es tarde para aprender a expresar lo que vivimos en nuestro interior. Solo así seremos libres para relacionarnos mejor con nosotros mismos y con los demás y disfrutar de mentes y cuerpos sanos. Tenemos la maravillosa capacidad de sobreponernos a todo, incluso a la tristeza más profunda.