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La mujer emprendedora en el desarrollo del medio rural

domingo, 21 de julio de 2019 · 02:00

Las mujeres rurales del siglo XXI emprenden, reclaman ayudas y defienden su protagonismo. Luchan por una mayor visibilidad en un esfuerzo por ocupar el lugar público, económico y social que se merecen. Este es un testimonio ejemplo de que ¡Sí, se puede! Es la historia de mujeres emprendedoras de Santa María contada por Mercedes Ramayo de la cooperativa Tinku Kamayu (mujeres reunidas para trabajar) que marcó sus inicios en el 2003 frente a la crisis. Desde una idea de Margarita Ramírez, descendiente de los aborígenes calchaquíes, casada y madre de siete hijos, presidenta de la cooperativa en la actualidad.

El párroco del lugar le encargó a Margarita que recopilara las necesidades de sus vecinos del barrio de Lampacito, a dos kilómetros del centro. Descubrió que no había alguien sin alguna carencia, de medicamentos, ropa o consejo, pero a todos les faltaba el trabajo.

Frente a la desocupación devastadora comenzó con una hilandería para abastecer el taller de tejido de la escuela Focolar de artesanos. No le fue fácil convencer a las mujeres siempre discriminadas, a retomar este trabajo, que por muchos años fue causa de explotación, además que tenían que atravesar el río y hacer varios kilómetros para llegar a la hilandería.

No tenían medios. Poco a poco cada una fue poniendo a disposición lo que tenía: un uso, algunos kilos de lana o la propia habilidad en este arte tradicional. Un vecino del lugar les hizo las ruecas con el compromiso de que pagaran cuando puedan. Obstáculos no faltaron pero lo que sí estaban seguras estas mujeres de que no querían que les den sino trabajar y así conseguir el dinero para sus familias.

Entre tantos problemas pierden el local donde trabajan porque los dueños pensaban que eran de otra religión dado que allí contaban sus penas, alegrías, dolores y también rezaban entonces la más experta decide dejarlas cansada de tanto remarla. El resto siguió adelante, Margarita consiguió que le presten un terreno con dos piezas de adobe. Durante la limpieza del lugar encontraron una imagen de la Virgen. Le parece muy significativo y propone a las demás hacer un pacto: trabajar cada día amándonos concretamente las unas a las otras.

Poco después reciben una donación con lo cual pueden adquirir un lugar e instrumentos de trabajo. Así nació el taller Tinku Kamayu. Al comienzo eran ocho hilanderas; hoy son más de 18 con una producción en crecimiento.

Allí, estas valientes mujeres han reencontrado la identidad y con ella la esperanza, el crecimiento cultural, la posibilidad de trabajo para ellas y para otros, recuperando los orígenes más allá de que los maridos se oponían o que la sociedad las mirara diferente. Ahora se sienten importantes, no humilladas, sino valoradas y pueden expresar sus pensamientos y accionar libremente.

Pasá a conocerlas en el Predio Ferial en uno de los principales pabellones de artesanía. Venden a los turistas en su sede, sobre la mítica Ruta 40 pero también han conseguido algunos canales de venta en el resto de la Argentina. Tienen web: www.tinkukamayu.com.ar .

De corazón a corazón, honro lo más sagrado en ti.

Hasta el próximo domingo.