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¡No puedo perdonar!

domingo, 30 de junio de 2019 · 04:08

Toda vez que una persona produce en nosotros una herida a nivel de las emociones, ocurre algo similar a un intruso que entra a la fuerza en nuestro hogar. Quien es víctima de maltratos, abusos, traiciones y situaciones por el estilo siente que el autor de ese hecho, que lo lastimó profundamente, irrumpió en su vida por la fuerza y se instaló en algún lugar de su alma (una habitación de su casa).

Es entonces que surge el rencor en la víctima, el cual auninconscientemente hace que el invasor se quede a vivir en “su casa”. Es por ello que, cuando somos heridos emocionalmente, necesitamos soltar el perdón. Todos, ya sea que tengamos la intención o no, podemos convertirnos en ofensores en algún momento y desear que la persona ofendida nos perdone.

En la famosa oración denominada el Padrenuestro, Jesús les enseñó a sus seguidores a orar y así dice en sus líneas finales: “Perdónanos nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a quienes nos ofenden”. ¿Qué significa esta frase? Que, si quiero ser perdonado cuando ofendo, primero debo estar dispuesto a perdonar a los demás cuando me ofenden.

¿En qué consiste el perdón?

Precisamente en echar a aquel que se metió en mi casa (mi vida) sin permiso. El verbo perdonar en la oración mencionada significa literalmente en el griego “soltar”. ¿Tengo que soltar al ofensor?, tal vez preguntes. “Si entró en mi casa sin que yo lo autorizara”. Eso es cierto: no hubo invitación para entrar pero ahora continúa viviendo allí debido al rencor y la falta de perdón. Esta última vendría a ser el alimento que lo fortalecepara seguir causando daño. La negativa a perdonar, además de seguir causándole daño al ofendido, también aleja de su vida todo lo bueno de la vida.

Ahora perdonar no es sinónimo de negar lo que sucedió y exclamar: “No fue nada, ya pasó”. Dicha actitud es una invitación a que el ofensor nos vuelva a lastimar. Perdonar es unaacción de carácter espiritual mediante la cual se expulsa a la persona que causó la herida, tengamos contacto con ella o no. El perdón nos permite soltartanto al ofensor como al hecho que nos produjo tristeza, ira y otras emociones negativas.

¿Es fácil perdonar? ¡Claro que no! Sobre todo, cuando la herida es grande. He escuchado a mucha gente decir: “¡No puedo perdonar!”. Pero la verdad es que, mientras no tomemos la decisión de perdonar, mantendremos al invasor dentro de nuestra casa física y mental. En algunos casos, además, la víctima alberga un apasionado deseo de venganza que solo empeora las cosas.

Por duro y terrible que sea lo que nos hicieron, necesitamos perdonar para hallar paz para nuestra vida. Primero se debe experimentar el dolor de la herida, sin reprimirlo ni minimizarlo, y luego se debe tomar la determinación de soltar definitivamente. La bronca solo es un intento de tapar el dolor. Pero cuando nos atrevemos a enfrentarlo y agotarlo, logramos resolver la situación y sanar la herida. Y comenzamos a pensar que un futuro mejor es posible.

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