nota de tapa

Pelos y barbas

Ellos también quieren verse bien y la peluquería se reconvirtió en un lugar masculino. El momento del cuidado capilar también es una oportunidad para entretenerse.
domingo, 2 de junio de 2019 · 04:20

“Para mantener el pelo corto, hay que ir a la peluquería una vez al mes”, se decía tiempo atrás. La “peluquería” a veces era la mamá, la tía o algún conocido que hacía los honores. Hoy, la tradicional peluquería –ese espacio tan característico de mujeres- se convirtió en un lugar para hombres. Algunos locales son exclusivos para ellos y no solo ofrecen el tradicional servicio de peluquería sino que también funcionan como barbería y, además, cuentan con bar y play station para que sus clientes se entretengan mientras esperan.

Hay peluquerías y barberías –estas últimas hoy en boga- con distintos estilos pero con la misma premisa: garantizar una estética masculina con identidad.

Roger Romero es un joven que tiene 30 años y lleva innato el talento con la tijera y la navaja. Vive en el barrio Virgen del Valle, en la zona sur de la Capital, en un sector conocido como “El Gran Chaparral”. Su “local” tiene una característica muy particular: el sillón de corte está sobre la vereda.

En una charla con Revista Express, contó que desde siempre cortó el pelo. Hoy no tiene horario y siempre corta a demanda.

Me animé a cortar el pelo y a hacer barbería. Empecé a cortar a mis amigos en casa y a mí mismo. Un amigo le fue diciendo a otro. En ese tiempo, el corte de pelo costaba $5. A ellos, les cortaba gratis. Un día se me rompió la máquina que era de mi hermano y un amigo me regaló una. Entonces, cada vez que me buscaban les cobraba $10. Empezó a correrse la bolilla. En ese tiempo se usaba mucho el desmechado y a mí me llamaban la atención los dibujos y los hacía con la tijera. Veía videos de cortes en Estados Unidos; hay una técnica llamada Fade, que acá llaman degradé o sombreado. La hacía pero no sabía que tenía un nombre y una técnica. Lo veía y lo copiaba; era autodidáctica. En ese tiempo el Fade o degradé no estaba de moda. Esto fue hace como siete años”.

Roger siempre trabajó en su casa y entre sus clientes tenía al hijo de una peluquera. Fue una oportunidad de trabajo y aprendizaje. “Me llamaba la atención, hacía lo que me gustaba y me estaba haciendo conocido”. Si bien se dedica a la peluquería masculina, si alguna mujer quiere, se le hace el corte bien bajito pero no se dedica a la peluquería unisex.

“En otros negocios, hacían peluquería para hombres, con dibujos y otros detalles. Ahí aprendí. Siempre quise hacer barbería”, expresó. Actualmente, a sus clientes les aconseja sobre estilos.  

“Al corte hay que venderlo. A veces, me pedían un corte y les explicaba cómo le habían cortado el pelo y cómo se podía trabajar”, aclaró.

Sobre “su salón” en la vereda, remarcó que algunos dueños dicen que su clientela viene “por el local porque tienen wifi. Yo sabía que todos iban por mí. Si quiero, pongo la silla en la vereda y vienen. Corto en mi casa. Tengo una silla para el espejo y otra para corte. El corte en la vereda fue porque vi varios videos de lugares donde hace mucho calor y al no haber aire acondicionado, salen a la vereda donde corre aire”.

En cuanto a sus clientes, llegan “de todo tipo”, artistas, propietarios de boliches, amigos y vecinos del barrio. “A algunos changuitos les corto gratis porque los mando al kiosco o mi mamá los manda a hacer mandados. A veces, cuando los veo muy ‘chuschudos’ les corto para que vayan bien a la escuela”, comentó.

El estilo y la identidad van de la mano. Roger recordó que cuando era chico y se hacía cortar el pelo, al volver a la casa y bañarse, no sabía cómo peinarse. “Tengo conocidos en Buenos Aires y en Rosario y me dicen ‘cuando queremos un buen corte, nos vamos a la villa porque ahí son más detallistas’”, aseguró.

 

Pasión y profesión

Desde hace seis meses Droopy cumplió un sueño, junto con su amigo Gonzalo Guzmán. Ya tenía una peluquería canina y siempre tuvo la ilusión de tener una barbería. Hace poco tiempo, ese sueño se hizo realidad. “Por una puerta entran perros y por la otra, personas”, señaló. Su salón “El Barón Dandy” funciona en Avenida Presidente Castillo 4051, en Villa Parque Chacabuco.

“Por suerte, la peluquería canina ya hace varios años que la tengo y funciona bien. En diciembre pudimos abrir la peluquería masculina y barbería. La idea era ofrecer un buen servicio de peluquería masculina, a un precio razonable pero en un contexto de bar, donde mientras esperas para poder cortarte el pelo, la espera sea lo menos tediosa posible y que puedas escuchar música, tomar una cerveza, un trago o un café”, comentó.

En ese espacio, se produce una mezcla muy especial, entre la peluquería, la barbería, la música, sobre todo el rock y los autos. El local tiene algunos detalles relacionados con los fierros que están muy presentes. La peluquería fue ambientada como un bar, otro sueño a concretar. Sus parroquianos también son de edades variadas y sobre todo, van muchos padres con sus hijos, papás con nenes de tres, cuatro y cinco años o con hijos adolescentes o mayores, que van a compartir, más allá de ir a la peluquería, un buen momento: “sentarse un rato a escuchar un poco de música y tomar algo mientras esperan que les corten el pelo. La idea también fue que mientras te cortan el pelo, incluso vos puedas poner la música que a te gusta”, describió.

Sobre la coquetería masculina, contó que algunos clientes van todas las semanas. Para Droopy se debe a que hay una moda respecto a cortes de pelo con una técnica particular que se lo que llama degradé, esfumado, Fade o desvanecido “y para que ese efecto se mantenga hay que repasarlo con cierta frecuencia”.

“Estamos agradecidos a nuestros clientes y amigos. A pesar de que solo hace seis meses que inauguramos nos está yendo muy bien y por suerte cada vez nos conocen más. Uno ve que a lo que soñó pudo darle forma y es ofrecer un buen servicio, a un buen precio. Lo notamos en la conformidad de los que pasan por ‘El Barón Dandy’”, contó.

 

Otra onda

Martín Peludero es un joven peluquero y barbero de casi 25 años. Desde hace poco más de un año tiene su propio local, “Il Bárbaro”, en Prado y Tucumán pero hizo su primera experiencia en una peluquería céntrica. Actualmente, enseña peluquería masculina y barbería en una academia.

“Los hombres se cuidan mucho más que las mujeres. Es más negociable y más negocio para todos. Empecé con peluquería unisex pero me dediqué más a la peluquería masculina. Al mismo tiempo, empezó el boom de la barbería y me dediqué más a eso. Hoy en día, no hago peluquería para mujeres pero sí tengo clientas que se hacen cortes masculinos”, explicó.

En cuanto a la estética y cuidado, Martín consideró que hoy en día, los hombres se cuidan el pelo igual o más que las mujeres. La mayoría de los clientes piden que les venda productos o consultan qué producto pueden usar para el cuidado del pelo, dijo.

“Tengo clientes que una vez a la semana están en la peluquería, por corte y barba. Para la barba se usan más productos, aceites para mantenerla húmeda, jabón, shampoo, acondicionador. La barba requiere otro cuidado; el pelo, no tanto. Siempre consultan qué pueden hacer para darle forma y dejarla crecer, qué productos pueden usar. Vienen estimuladores para barba. La mayoría quiere usar barba; les recomiendo los estimuladores y que se hagan masajes, darle forma para que vaya creciendo a molde”, detalló.

En cuanto a presupuesto, el joven precisó que algunos clientes llegan a su local cada 15 o 20 días, como mucho, para retocarse la barba. “Ahora es bastante caro cada trabajo; un corte puede costar entre $200 y $250 y si es con barba $300 a $350 si es perfilado con navaja, dependiendo de la cantidad de productos que se usen. Si vienen cada 15 días, son $600 o $700 al mes. Algunos clientes vienen por semana y dejan, por mes $800 o $1.000”, indicó.

El local ofrece lo suyo y está ambientado exclusivamente para hombres. Martín tiene un pequeño bar para que sus parroquianos tomen algo mientras esperan; también hay una play station para que jueguen y se entretengan. “Lo ambiento para que sea masculino y se sientan cómodos”, expresó.

Su clientela oscila entre jóvenes entre 17 a 22 años, que se alternan con los clientes de años, que tienen entre 45 y 50 años “y más todavía, que están a la moda”. Algunos clientes suelen venir con sus hijos o con hermanos.

“La barbería es una moda que llegó para quedarse, aunque algunos digan que ya va a pasar. Se va a quedar para siempre. Ojalá que todos los colegas barberos sigan con el éxito y lo aprovechen. Esta es una profesión muy linda”, contó.

 

Fotos: Diego Rodríguez

Textos: Basi Velázquez

 

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