historia

Viejos son los caminos

Cuatro investigadoras de la Junta de Estudios Históricos hicieron una aproximación sobre los caminos coloniales en el territorio provincial.
domingo, 16 de junio de 2019 · 11:17

Gabriela de la Orden, Norha Trettel, Alicia Moreno y Gladys Zamparella presentaron hace dos años, en unas Jornadas Internacionales sobre Población realizadas en Salta, una investigación sobre los caminos coloniales que pasan por el actual territorio catamarqueño. Lo replicaron recientemente en un panel presentado públicamente.

Entre las conclusiones más destacadas del minucioso trabajo, las autoras advierten relaciones muy interesantes, tales como que “las huellas y caminos construidos por los indios fueron las vías que posibilitaron las primeras entradas de los españoles y la colonización de la región”.

Por otro lado, revelan que, en el lento proceso de consolidación del territorio como una entidad político-jurídica, a partir de la fundación de San Fernando del Valle de Catamarca, en 1683, se afianza la colonización en el Este y en el Oeste, surgiendo numerosas localidades cuyo emplazamiento está determinado por el curso de los ríos.

Otro aspecto que lograron determinar es que, si bien el hombre en la colonia utilizó las vías originarias, también abrió otras que permitieron la comunicación del Valle Central con las demás localidades de la jurisdicción, como así también con Chile y Bolivia.

Sobre el análisis de la accesibilidad interna refieren que ésta fue -y sigue siendo- compleja, y que aún se concreta bordeando sierras o a través de quebradas naturales o bien transitando el perímetro de salares. En algunos casos, los cursos de agua representan importantes sendas que se abren hacia el interior, en la actualidad transformados en rutas paralelas a los ríos como por ejemplo la RN60 (Río Abaucán) y la RN40 (Río Belén).

Por otra parte, definen que el conocimiento del medio permitió utilizar accidentes naturales como quebradas para cruzar montañas, circular por valles o bolsones para el asentamiento poblacional, estableciendo pueblos en las zonas de mayor disponibilidad de agua y de explotación de recursos o bien evitar el tránsito por zonas de arenales y salitrales.

Finalmente, utilizando como fuentes a informes eclesiásticos, padrones, cronistas, viajeros, actas capitulares, cartografía histórica del siglo XVIII, imágenes satelitales actuales y entrevistas, las investigadoras advierten que “en la Catamarca colonial la geografía no fue un impedimento para desarrollar actividades productivas y para establecer vínculos entre las distintas localidades, pero sí las condicionó”.

 

Condicionamiento de la geografía

La aridez y los paisajes inhóspitos de Catamarca se potencian por los encadenamientos montañosos, con sierras de rumbo N-S en el sector centro y oriental, altiplanicies del área puneña en el sector septentrional y la elevada cordillera en la zona occidental. Cerca del 75 % de su superficie es montañosa, con sierras que corren en dirección noreste-suroeste, intercaladas por valles y bolsones. Y un amplio sector del territorio provincial está por sobre los 3 mil metros de altura. “Esta configuración del paisaje condicionó los asentamientos humanos”, opinan las autoras. “La población originaria se estableció en zonas pedemontanas y la colonizadora en ésta y a orilla de los ríos. Las redes hidrográficas responden a cuencas endorreicas (excepto los ríos Santa María y Abaucán) con ríos y arroyos de régimen torrencial estival y que se pierden por evaporación e infiltración. Los ríos han modelado a través del tiempo la orografía y junto a movimientos geológicos le han proporcionado al paisaje vías de acceso naturales a través de quebradas que el hombre se encargó de transformar en verdaderas vías de comunicación”, aportan.

 

Afianzamiento poblacional

A modo de ejemplo, el padrón de 1771, que contiene el único croquis de la ciudad colonial de Catamarca ayuda a entender cuáles eran los caminos para la comunicación y el comercio en esta etapa. En el mismo, el espacio geográfico está organizado por Curatos, jurisdicciones político-administrativas de las Leyes de Indias y se corresponde con las regiones Oeste, Central y Este.

Esta cartografía, con signos, símbolos y grafismos para representar montañas, ríos, pueblos, iglesias y elementos productivos, colabora en la inferencia de caminos utilizados, así como de zonas despobladas, coincidentes con la extrema aridez, arenales o salitrales.

Este croquis histórico de 1771 “constituye no sólo la imagen de lo conocido y lo transitado, sino también la representación de una compleja construcción social en un momento determinado, donde se puede inferir otra categoría espacial que es el territorio, debido al contexto de poder político y cultural que simboliza. Su correlación con cartografía moderna e imágenes satelitales, permite afirmar que la población originaria y el hombre de la época colonial sentaron los fundamentos para el trazado de las actuales rutas provinciales y nacionales”, afirman.

La cartografía de fines del siglo XVIII refleja un amplio conocimiento de la zona representada. Al efectuar la correlación con cartografía actual y con imágenes satelitales se puede comprobar dicho conocimiento, seguramente producto de la frecuente transitabilidad realizada por quienes elaboraron el croquis.

Casi tanto como ahora, los antiguos habitantes de este suelo traspasaban montañas por las quebradas y ríos; y por valles, campos y bolsones (campos más pequeños) pasaban de un pueblo a otro. En Catamarca la accesibilidad está reducida a cruces por quebradas, cuestas o zonas con serranías más bajas.

Es destacable la notable intensidad del trazado del relieve, cuanto mayor elevación presenta. Lo mismo sucede con los ríos más importantes como el Abaucán o Colorado y el del Valle. Los ríos Belén y Fiambalá están desplazados en relación con su posición actual. Finalmente, “llama la atención la falta de mención del Salar de Pipanaco, hoy zona muy agreste que representa un obstáculo para la circulación, al punto que las rutas actuales lo bordean y rodean sin excepción”, notan las autoras en el análisis del valioso documento.

La organización del espacio en el croquis analizado, está vinculada con la presencia de agua. En pueblos como el de la Troya, Copacabana, Fiambalá, Anillaco y Tinogasta, es probable que los distintos tramados representen actividades agrícolas porque coinciden con las zonas que desarrollan este tipo de producción hasta hoy. También el croquis representa los pueblos indios, claramente identificados donde habitaron, y coinciden en su mayoría con la posición geográfica actual de localidades a las que dieron su nombre, entre ellas Tinogasta y Colpes. Una excepción son los del Valle del Cajón y Yokavil que están desplazados hacia el Oeste, no observándose el trazado del Río Santa María.

Con el correr del tiempo, “los accidentes geográficos que en la colonia eran obstáculos para la comunicación, recién se superaron en el siglo XX, ejemplo de ello es la construcción de la Cuesta del Portezuelo que posibilitó la comunicación del Valle Central y el Este”, explican. Asimismo, “las huellas trazadas por los antiguos pobladores dieron lugar al trazado de las rutas que comunican a la provincia, mientras que las sendas utilizadas desde época inmemorial, aún hoy son transitadas por el caminante o el hombre de a caballo”.

 

Caminos de todo-tiempo

El trabajo de las autoras contiene numerosos ejemplos de caminos que unen pueblos en distintas direcciones, que sortean accidentes geográficos y hoy son grandes rutas. La historia vial catamarqueña merece, sin dudas, una publicación más extensa que la que se puede insertar en estas páginas. Abarca, tomando distintas fuentes documentales, desde el descubrimiento del reino diaguita de Tucma y el ingreso de las huestes de Diego de Almagro, en 1535, al actual territorio catamarqueño por el Campo del Arenal, hasta aperturas viales casi contemporáneas, como la Cuesta del Portezuelo y otras más nuevas.

Así como el croquis de 1771, dado a conocer por el historiador Edberto Acevedo en el Primer Congreso de Historia de Catamarca (1958), revela cómo en un momento histórico determinado los pobladores (españoles, colonos y pueblos de indios) venían utilizando el territorio, las investigadoras han contrastado esa información con la tecnología disponible en la actualidad para confirmar o descartar sus hipótesis en este trabajo. Del mismo modo, los relatos del sabio alemán Germán Bursmeister y otras fuentes aportan abundante material para el análisis del uso dado al territorio en el siglo XIX y aún más cerca en el tiempo.

De esta manera, resulta muy interesante saber acerca del devenir de los históricos caminos por los que han transitado los catamarqueños –con sus precursores, sus invasores y sus fundadores-  en el actual territorio que habitan.