nota de tapa

Nuevo poemario de Enrique Traverso: escribiendo donde nace el viento

Lector empedernido, observador, poeta, y periodista, este filósofo de la vida toma distancia de lo urbano y pone en versos su particular mirada de las cosas desde el entorno natural que eligió para habitar.
domingo, 19 de mayo de 2019 · 04:19

La Carrera. Ruta vieja y callejón. Fin del asfalto y montañarriba. El último barrio queda chiquito y aparece el monte natural absoluto. En la boca de la Quebrada del Naranjo, “donde nace el viento”, “en un rancho no lejano”, con esa mansa jauría que le responde incondicionalmente, allí vive el Flaco, Enrique Traverso.

Galería de caña al Oeste. Balcón privilegiado a las nueve. Mateando de cara a Inti, prepara un gran trabajo editorial con el que sigue cumpliendo sueños propios. Es uno. Uno de los tantísimos proyectos que enumera. Mientras habla se va construyendo. O se va terminando. “Todo lo que hacemos ya, ya murió. Esta charla ya terminó. ¿Te das cuenta?”, desafía. El ocho de abril sacó a relucir su más reciente obra literaria. “Es la expresión del monte. Son momentos, visiones del paisaje, agregado con filosofía de la vida. Busco la soledad para escribir”, se va definiendo también.

Efectivamente, “Pulsando el crepúsculo con una sola yema”, impreso por la Editorial Universitaria de la UNCA, ya fue presentado en sociedad con un singular éxito. El poemario está dedicado a los hijos del autor y, precisamente, fue ilustrado por una de sus herederos con veta artística: Candelaria.

Antes de opinar sobre Traverso y su preocupación por lo natural, Lucía Carmona anota que la obra es una “extraña mixtura de surrealismo y poesía lírica”. Por eso no sorprende su pensamiento sobre el autor. “Es un auténtico producto de los nuevos tiempos de la poesía nacional pero, para alegría de nuestro interior profundo, tiene asumido su origen de piedra y cielo y está pegado a él como a su propio cordón umbilical”.

Nosotros mismos comprobamos lo que dice Carmona. Ese surreal paisaje chacarero que le inunda los ojos desde el faldeo extremo del Gracián. Entonces se entiende todo. La contemplación. El espacio. La casa. Los libros. La charla. El punto de vista.

El Flaco Traverso confiesa que no pasa por el mejor momento de su vida, pero va camino a leer la obra completa de Faulkner. Y busca como loco la biografía de Miller. Él mismo parece ser una búsqueda constante. Se lamenta porque días pasados los del barrio del bajo entraron y le rompieron unos libros de Ernest Hemingway. Aunque suspira porque justo se había llevado la notebook donde se expresa. De los periodistas que escriben le gusta John Dos Passos, que hacía crónica policial en la década del ’30, “mucho antes que Rodolfo Walsh”. Y tiene una pila de libros en la mesa. Y otra en el armario. Y otra en la casa de su madre. “Pero la biblioteca fundamental es la que está en mi trabajo”, dice este hombre que respira y vive por la literatura. El Flaco Traverso. Enrique. El “Quique”. O también Silvio Olivari, tal como firmó las aguafuertes que durante varios años llenaron páginas de esta Revista Express. Ama ese póster que dice “Los grandes caciques de la Pampa”. Lo ama tanto como ama a Luis Franco, su autor. “Franco es una parte de mí”, se redefine en esas letras. Se reescribe.

Le cuesta mirarse a sí mismo, como le pasa a cualquier persona con dos dedos de frente. Pero cualquiera sabe que su humanidad tiene algo de filósofo. Todo el tiempo vive –siente, palpita, respira en su yo político- la tensión social que generan las desigualdades, y mucho más se encuentra en ese escritor de todotiempo y de ningún lugar.

¿Por eso mismo será que vive apartado?, nos preguntamos. “Es una elección, sirve para escribir”, explica sin dramas, este cordobés que hace más de 30 años adoptó a Catamarca como su tierra después de haber recorrido las villas peri-urbanas de la “Docta” y algunas escuelas rurales como la de La Majada, en Paclín, donde reconoce haber visto cosas “crueles” que suceden en los pueblos que parecen ser los más mansos.

 

 

Lugar mágico

 

Si hay algo que hacen todos los autores es escribir vivencias. Describir lugares conocidos. Narrar testimonios, cosas que se cruzan por la cabeza. Cosas vividas. Pero siempre desde un lugar. ¿Qué es Catamarca?, le preguntamos. Pocas respuestas tan directas y concretas como la suya. “Es donde yo escribí en los medios, donde nacieron mis hijos, donde realizo mis sueños. Está entre Macondo y Fuenteovejuna. Catamarca es ese lugar donde pasan cosas tan fantásticas como el alud de Siján: un hombre escucha el tronar de la correntada y baja por la montaña corriendo para avisarles a todos que salgan de sus casas. Y logra salvarlos a todos, o a casi todos. Me siento hijo de esta parte”. Y completa con una frase de Goethe: “El objeto de mi arte es lo real, quisiera que me lean todos, el pibe, el pobre, el rico, el erudito...”.

Por último, y ya que siempre se trata de elecciones. Vamos por otra opción. ¿Hoja en blanco o libro terminado? “El escritor tiene la condición de dios ante la hoja en blanco. Crea el mundo. El trabajo del escritor tiene que ver con escribir y con reescribir. Yo quiero escribirlo todo. El libro terminado suena a eso”.

Quiere escribir un libro para niños. Y también tiene empezado uno sobre “desaforismos”. Le gustaría terminar el proyecto de una historieta con los textos y el pensamiento de su autor catamarqueño preferido, Luis Franco. “Es nuestro Walt Whitman, ¡escribió 57 libros!”, sorprende.

Se le hinchan los ojos cuando habla de su trabajo inédito, las “Crónicas andariegas”, que seguramente pronto saldrá a la luz. “Lo corrigió Laura García; está en (el Ministerio de) Educación a la espera de financiamiento y llegaría a unos diez mil chicos. Contiene una colección de crónicas que en realidad son postales de Catamarca. Son esos textos, las aguafuertes de la Express, más un prólogo y una guía práctica intervenida por el profesor César Vera Ance para que los alumnos lo trabajen. Es un sueño para mí”, explica con ansias el escritor abriendo expectativas sobre el trabajo.

El propio Flaco es un libro abierto. A la vez es el filósofo, el político, el periodista y el escritor. Aunque fue maestro y activista social en las villas. Y cuatro veces candidato a gobernador.

En sus poemas aparece como “una silueta huesuda”, pero en el fondo sabe que es mucho más que “alguien que contempla en este mundo maravilloso, la gran comedia humana” desde su casita solitaria cerca del mirador y las dos vertientes.

Si es verdad que en la Quebrada del Naranjo nace el viento, como dicen los chacareros, donde empiezan las Sierras del Gracián, entonces también es cierto que su silbido arrastra poemas de armónica. Oiga bien: los escribe el Quique Traverso con esa pluma de cóndor que guarda celoso entre los libros. Y que solo saca de su altar para posar en una foto.

 

Fotos: Ariel Pacheco

Textos: Carlos Gallo

 

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