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Aneurisma cerebral: perfil de un asesino silencioso

Por el Dr. Franco Cárdenes, Neurocirujano.
domingo, 19 de mayo de 2019 · 04:00

Conocer esta peligrosa enfermedad es fundamental. Características, grupos de riesgo y tratamiento.    

 

Un aneurisma cerebral es, en muchos casos, una enfermedad congénita (es decir, de nacimiento) que se produce por una debilidad en la paredes situadas donde se dividen las arterias. Allí se va formando un globo de unos pocos milímetros relleno de sangre que se va dilatando hasta reventar, desencadenando una situación muy severa. Tan severa que aproximadamente la mitad de las personas que lo padece sufre muerte súbita. El cuadro se agrava cuando deriva en una hemorragia subaracnoidea, un sangrado alrededor del cerebro, que puede producir hematomas y afectar los ventrículos cerebrales. En este punto, la muerte es casi segura.


El enemigo silencioso

Un gran problema con los aneurismas cerebrales es que prácticamente no presentan síntomas. Raramente, hay pacientes que no pueden mover uno de los ojos hacia un lado y eso les produce que se vea doble (diplopía). Sin embargo, en gran parte de los casos, los diagnósticos se realizan de forma fortuita cuando se buscan (mediante estudios cerebrales) otras enfermedades o cuando se chequean otros síntomas que no están relacionados con el aneurisma (por ejemplo, dolor de cabeza o desmayo). Una buena: los aneurismas son muy poco frecuentes.
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Prevención y tratamiento

¿Hay algo que podamos hacer para prevenir este cuadro? Prestá atención: si tenés un familiar directo (padre, madre, hermano) que haya padecido un aneurisma cerebral, tenés más probabilidades de que se manifieste en vos. En tal caso, consultá a un especialista así comenzás a efectuar los estudios necesarios para detectarlo a tiempo. Si se diagnostica, debe tratarse sí o sí, porque el riesgo es altísimo. No hay hábitos o costumbres que puedan recomendarse para reducir la probabilidad de sufrir esta clase de aneurisma pues su origen es genético.

El tratamiento es quirúrgico. No hay otra salida, el aneurisma se opera. Otras actitudes no ayudan en nada. He tratado con pacientes que se negaron a ser operados. En estos casos, sólo se les puede recomendar evitar fumar y controlar regularmente su presión arterial. Sin embargo, ello no aminora casi nada el riesgo que este mal se desencadene en algún momento.

Cuando se detecta a tiempo, y el globo aún no reventó, la cirugía tiene muy buenas perspectivas de recuperación sin mayores inconvenientes.

Cuando se opera tras una hemorragia, el panorama se complica.El tratamiento consta de una internación en terapia intensiva de tres semanas como mínimo. El pronóstico es reservado y es probable que aquellos que logran superar este difícil cuadro queden con secuelas (trastornos motores, dificultades para comunicarse, problema de memoria, entre otros). Por suerte, la medicina permite que generalmente puedan ser superadas luego de un período de rehabilitación.

Bueno, vamos a tomar un poco de aire. Ante una patología tan peligrosa, lo más arriesgado es desconocerla. Si te encontrás dentro del grupo de riesgo, no tenés que preocuparte…¡tenés que ocuparte! Consultá un especialista, el control preventivo puede ser la clave para evitar a este enemigo tan silencioso como implacable.

 

 

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