miércoles 1 de abril de 2026
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Los duelos que nos duelen

Por Redacción El Ancasti

Los duelos nacen del sentimiento de pérdida que nos puede generar un fuerte apego emocional hacia algo o alguien. Otros, no necesariamente están ligados con la muerte física. Sufrimos porque alguien se va -bien sea de este plano o se muda lejos-, o porque algo a lo que nos aferramos se acabó: una amistad, una relación, un trabajo, un ciclo de vida.

¿Estamos preparados para vivir los duelos? Por lo general, preferimos evadir el tema hasta que la realidad llama a la puerta. Quienes quedan atrás lidian con la compleja situación. Pasar por un duelo es reconocer nuestra vulnerabilidad ante el vacío generado en nuestra alma, pero muchas veces buscamos llenarlo con cuestiones que no siempre nos hacen bien.

La negación, la ira, la negociación, la depresión y la aceptación.

Estadísticamente, al menos el 5 por ciento de las familias a nivel mundial experimentan la pérdida de algún ser querido cada año. De esa cifra, el 10 por ciento de los duelos se tornan de tipo patológicos; es decir, el doliente se queda en la fase inicial de negación.

Vivir el duelo es vital para el ser humano cada cual tiene su propio tiempo para superar la pérdida.

Es un acontecimiento de tristeza, un estímulo tan intenso que la única manera de mejorar esta sensación de abatimiento, desde el punto de vista del entorno, es vivir situaciones agradables y favorables alrededor de cada uno de nosotros. Es necesario que quienes lo rodean, lo atiendan.

En esta etapa, la persona deja y ordena las pertenencias del fallecido como si no hubiese pasado nada, puede ver su rostro en todos lados o incluso ir más allá y adoptar la personalidad y características propias del difunto. Una persona puede quedarse allí por tiempo indefinido, pero, si no recibe ayuda.

En el libro La pérdida de un ser querido. Un viaje dentro de la vida, del teólogo Arnaldo Pangrazzi, doctor en teología, el mayor reto ante un duelo es precisamente la aceptación. “Es necesario reconciliarse con la pérdida y aprender a vivir en paz”.

Por ello, cada mañana al levantarnos, debemos agradecer no solo por disponer de otro día para llevar adelante nuestros propósitos, sino también por las cosas que empiezan y por las que acaban.

Aunque es difícil, debemos ser conscientes de la temporalidad de todo. ¡Aprendamos a vivir desde el amor, y practiquemos siempre el agradecimiento y el desapego! Esas serán siempre nuestras mejores armas para sobrevivir a la inevitabilidad de un duelo.

De mujer a mujer honro lo más sagrado en ti!!! Hasta el próximo domingo.

 

Soni Lu

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