Cuando Pelusa se encontró con Carmencita -porque coincidieron en un trámite bancario que exige paciencia y espera-, la charla derivó en “¿Te das cuenta de que en dos años cumplimos 50 años como egresadas?”. El encuentro llevó al compromiso de llamar por teléfono a Elsa Olveira y otras compañeras. El proceso se puso en marcha. Pelusa se convenció de ello cuando recibió la llamada de Elsa, con la primera reunión fijada. El proyecto estaba lleno de ilusiones y sus alcances solo pudieron dimensionarse a medida que avanzaba en su realización.
Reencuentro: maestras de Oro
Fue un sueño, una locura, un montón de trabajo que se fue gestando en las primeras convocadas, que no descansaron hasta involucrar a las que vivían en Catamarca, las que están lejos, las conocidas y las que por pertenecer a una división de otro horario no tenían certeza de ubicar. Luego se fue extendiendo a parientes y amigos, hasta sumar a un gran número de familias involucradas en el proyecto. Los liderazgos surgen naturalmente, así tomaron la posta Elsa Olveira, Rosa Morales y Teresita Pintos, sumadas a ellas, Gringa Córdoba, Juana Morales, Rosa Laura Rodríguez, Rosi Leiva y Estela Gordillo para cubrir las necesidades del programa de actos que se preparaba y por el 5to. C, Martha Vera y Ana María Uda que articularon lo atinente a la división.
Lo primero fue dar gracias a los pies de la Virgen Morena, por haber llegado y pedir por el eterno descanso de las compañeras que perdimos en el camino: Graciela Isabel Sigampa, María Antonieta Fernández, Gloria Susana Machado, Elda Aída Moreno, Nora Angélica Ramos, Ana Lía Reynoso, Felisa Angelina Tapia, Rita Leonor Bustamante, Silvia Noemí Carrizo, Susana Stella Gómez Flores, Zulma Alicia Elalle, y Sara Rodríguez.
A lo largo de un año y medio se sucedieron reuniones en un local céntrico, que se vio invadido luego de la foto panorámica en la plaza. La actividad programada siguió en la querida Escuela Normal, un viernes mientras esperamos que nos llamen para ingresar al Salón de Actos, tarea a cargo de María del Carmen Cantarell.
Se hace indispensable agradecer a las autoridades de la Escuela, al personal, a las profesoras del establecimiento que nos acompañaron y también a quienes están jubiladas de la actividad docente, preceptora, profesoras.
Mirta Monllau nos deleitó con un relato que nos hizo pasear, saltar y correr por los patios, las escaleras, entrar en aulas, gabinetes, la cantina, la biblioteca, pasando por las clases de educación física y la práctica de pelota al cesto. El ensayo de los desfiles, de las obras para los intercolegiales de Teatro. No pudimos evitar las lágrimas
Hoy como ayer, nos representan y nos llenan de orgullo. Mujeres espléndidas, profesionales reconocidas. Cuando invadimos el Salón de Actos, lugar sagrado de la música y los ensayos, celebramos cantando el feliz cumpleaños.
Y la fiesta continúa, la cena y las reuniones con sabor a despedida. Hay trayectos que cumplir para volver a la tarea, son momentos que se atesoran, los pequeños gestos, los regalos sorpresas, el querer prolongar el abrazo, el intercambiar correos, teléfonos y por suerte, la modernidad en mensajes, internet y las fotos. El avisar que ya estoy por embarcar, que el avión llegó, que ya estoy en casa. Se renuevan los deseos de volver a encontrarse.
Texto: Colaboración de Primitiva Abregú