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Identikit del peleador

domingo, 24 de noviembre de 2019 · 09:28

Hoy nos encontramos a menudo con gente que parece que vive para pelear. Es que han hecho de la pelea su estilo de vida. Entonces pasan más tiempo en conflictos, que ellos mismos generan, que disfrutando de todo lo bueno que la vida nos ofrece.

 

¿Cómo es alguien que denominamos “peleador”?

• Aunque es consciente de sus límites, se siente impotente. Como resultado, vive ansioso, ansiosa.

• Tiene estallidos emocionales con el fin de alejar a la gente de su lado porque el otro es un recordatorio de lo que no puede.

• Actúa por impulso y, por lo general, grita, golpea y discute con quien se cruce por su camino.

• Esconde mucha amargura y muestra cambios de humor a menudo, razón por la cual quienes lo conocen se preguntan: “¿Cómo estará hoy?”.

 

Alguien que vive peleando tiene ira a flor de piel. Si bien, todos somos capaces de saber con claridad qué decir y cómo decirlo, una sola palabra puede construir o destruir una relación. Por eso, escojamos siempre hablar con inteligencia para tender puentes que nos acerquen a los demás; no paredes que nos separen como muchos hacen.

Enojarse de vez en cuando es perfectamente normal. Se trata de una reacción que nos ayuda a enfrentar el peligro. Por eso, cuando sentimos una ira justificada, la sangre se dirige a nuestras manos (para pelear) o a nuestros pies (para escapar). Por supuesto, solo cuando es absolutamente necesario.

Pero los peleadores se enojan todo el tiempo, por lo que su ira se transforma en “patológica” o “tóxica”. Es decir, en una emoción permanente y muy intensa que, mantenida en el tiempo, puede desembocar en violencia. En el otro extremo, quien jamás se enoja solo está reprimiendo su ira y podría llegar a enfermarse.

 

¿Dónde nace la ira?

En la mente a través de los pensamientos que escogemos tener. Un pensamiento puede tanto generar como calmar mi enojo (independientemente de lo que suceda afuera). Muchos culpan a los demás y expresan: “Me hizo o me hicieron enojar”, pero la verdad es que es uno mismo quien decide cómo va a reaccionar siempre. Andar por la vida enojado, peleando, pone a los demás en una encrucijada porque se hallan frente a dos únicas posibles reacciones: rendirse ante la ira y sentirse resentidos; o redoblar la apuesta y responder con más de lo mismo. Muchos hoy en día se sienten avasallados y optan por lo segundo. Es así como se originan la mayoría de las peleas de las que somos testigos a diario, algunas con final trágico.

Pero, si en vez de enojarnos y pelear, recurrimos al humor o pedimos disculpas cuando alguien se violenta, dispondremos de más herramientas para tender un puente que nos una. Lo ideal frente a alguien furioso es evitar el conflicto a toda costa. ¿Cómo? Por ejemplo, diciendo: “Tal vez tenés razón, disculpame o lo hablamos en otro momento”.

Como mencionamos, todos podemos enojarnos pero tenemos que hacerlo solo cuando es necesario para no vivir peleando con otros y hacernos y hacer daño.

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