nota de tapa

Edgardo Lander: “Sin Ecología Política, no hay futuro”

El prestigioso sociólogo e intelectual venezolano analiza las relaciones de poder vigentes y aporta su visión crítica acerca de su ejercicio deshumanizado y sin remordimientos por la consecuente devastación del planeta.
domingo, 24 de noviembre de 2019 · 09:28

Edgardo Lander, profesor emérito de la Universidad Central de Caracas, es uno de los pensadores contemporáneos más respetados. Estuvo la semana pasada en Catamarca como panelista en la conferencia principal de las IV Jornadas Nacionales de Ecología Política, organizadas por la Facultad de Humanidades de la UNCA., el Doctorado en Ciencias Humanas y las ONG Bienaventurados los Pobres (Be.Pe.) y Ecología Política del Sur. Previamente, accedió a un reportaje exclusivo con Revista Express, en la que lanzó durísimas reflexiones que alertan sobre la urgente necesidad de abordar la Ecología Política para salvar la vida en el planeta.

 

RE: - ¿Cómo percibe la situación de cambio social y político que se está dando por estos días en Latinoamérica?

EL - Obviamente nos encontramos en una crisis muy profunda en muchos ámbitos de la vida colectiva. Crisis, por un lado, de la representación política, de las formas de representación que habían sido más o menos legítimas o aceptadas hasta hace relativamente poco. Eso lo vemos en contextos inclusive muy diferentes desde el punto de vista ideológico: el contexto de Chile es totalmente diferente al de Bolivia y, sin embargo, encontramos cosas similares de sectores amplios de la población que simplemente no se sienten representados por los gobiernos, y difícilmente se encuentren mecanismos en los cuales reemplazarlos. Hay mucha más claridad en la acción de lo que se está rechazando, que en las propuestas de alternativa de lo que se está efectivamente buscando. Entonces, en contextos diferentes se apela a cosas diferentes.

En el caso venezolano, el consenso amplio de sectores mayoritarios de la población es que de lo que trata primero es de salir de Maduro. La gente está dispuesta a posponer el resto de los asuntos con tal que salga Maduro. Hay una urgencia en ese sentido por la crisis, no solo política sino económica, humanitaria extremadamente severa.

En el caso de Chile es posible constatar cómo esa sociedad que era el ejemplo de estabilidad de América Latina con capitalismo exitoso, crecimiento económico, sostenido y todo lo que era el imaginario de esto, en realidad se da en condiciones en que la transición posdictadura fue una transición siempre incompleta. El sector de oposición de los partidos de izquierda se encontró, frente a las negociaciones con Pinochet, en una situación extraordinariamente compleja en términos de que un cálculo realista de que la única forma de salir de Pinochet era, más o menos en las condiciones que planteaba Pinochet. Constitución, militares con cargos en el Senado, la presencia de él como jefe de las fuerzas armadas. Uno se pregunta ¿qué transición es esta cuando el núcleo de poder tan absolutamente fundamental se preserva? Y, obviamente, el modelo económico liberal no se alteró en absoluto con la transición. En consecuencia, tú puedes ver cómo se fueron dando tensiones acumuladas en esa sociedad. Parecía que el proceso de Pinochet había tenido éxito. Una revolución cultural profunda de esa sociedad austera, solidaria, con una valoración de lo colectivo, que ha pasado a una sociedad individualista, competitiva, consumista. Y, sin embargo, si uno ve en determinadas áreas de la sociedad chilena, el tema del agua, de la seguridad social, de la educación, da cuenta de que era un modelo regresivo. Pero ya había antecedentes de protestas, como en el ámbito estudiantil. Igualmente, la educación chilena está privatizada en una buena medida, pero igualmente la educación pública se paga y mucho.

En el caso boliviano, primero es un poco prematuro para evaluar hacia dónde va esto porque acaba de suceder y hay mucha incertidumbre. Pero sí diría que esto nos obliga a una mirada crítica reflexiva sobre lo que ha sido la experiencia de los denominados gobiernos progresistas. En muchos sentidos. Primero, en una dimensión –diría- de las características más o menos leninistas que tuvieron estos procesos, en el sentido de un sector que asume la guardia de la sociedad y, en consecuencia, se siente con la autoridad de decidir sobre el conjunto de la misma, independientemente que ésta se divida y genere rechazo.

 

RE – Usted viene de Venezuela, allí también el liderazgo es muy acentuado…

EL - En el caso venezolano, el discurso de Chávez sirvió y fue muy eficaz en la creación de eso que el populismo sea la entidad “nosotros, el pueblo” y se hizo a costa de la exclusión, como siempre ocurre. Aquí el pueblo, y los otros son los escuálidos, los vendepatrias. Pero eso siembra semillas de fraccionamiento y ¿cómo uno puede construir una sociedad alternativa si una porción elevada de la población no tiene espacio? Y le anuncia que no tiene espacio, que no va a estar ahí. Otra de las dimensiones que tienen que ver con esta experiencia de los gobiernos progresistas es el papel extraordinariamente medular que asume en estos procesos el tipo de liderazgo que se va construyendo como algo indispensable: “Sin mí, nada”. Y eso no es solo una construcción del líder sino que se va construyendo colectivamente. La incondicionalidad que rodea al líder le dice que él es la máxima expresión, que sin él no hay futuro, etcétera. Y eso es un bloqueo muy serio a la expansión efectiva de la democracia como un proceso de debate, de expresión colectiva, de exploración de opciones. Eso corroe la posibilidad de cultura democrática. No se hacen esfuerzos por la construcción de liderazgos alternativos para darle continuidad al proceso más allá de una persona. Si uno ve que queda enganchado con que la continuidad del proceso depende de una persona, tiene que hacer todo lo posible para que esa persona permanezca en el poder. Eso fue lo que ocurrió en Bolivia. La constitución decía que no podía haber otra re-elección, hicieron una consulta originaria, la población rechazó la posibilidad, aún en el rechazo el Tribunal Superior de la Corte decidió que tenía el derecho a ser candidato. Eso fue generando mayor resistencia. Porque, cuando hablo de superar estos fraccionamientos, no se trata de una visión idílica edulcorada de que en la sociedad no hay intereses, no hay fracciones o, como en la sociedad boliviana, una historia de sociedad fraccionada no excluyente, en que la población indígena se encontraba al margen de los procesos políticos, del fuerte racismo de sectores blancos. Todo eso forma parte. La superación de eso no es decir ‘este mundo es lo que define la boliviandad, y los otros no’. Es, de hecho, un abandono de la política. Es una construcción de la relación con los otros de amigo-enemigo, de sostener la política sin mecanismos de procesamiento de la diferencia y la construcción de hegemonía.

 

RE - ¿Eso referido a Bolivia?

EL - En general. En el caso de Venezuela también es muy claro.

 

RE - A la situación política de Argentina, ¿cómo la ve?

EL -Tiene aristas similares también. Y eso es parte de la larga historia del Peronismo. Que siempre fue una apelación en la construcción de ‘lo popular’. Pero eso implicaba la exclusión de quienes no eran de ‘lo popular’. El rechazo visceral al Peronismo de parte de sectores medios y altos es una cosa que tiene componentes racistas, pero también tiene componentes que tienen que ver con la construcción de los discursos políticos, de ‘la política’. No hay apelación al otro a incorporarse, a sentirse parte de él, a negociar.

 

RE - En este contexto, usted vino a hablar de Ecología Política. En estos sistemas que usted acaba de describir ¿es posible construir una nueva política?

EL - Si es posible o no, yo no lo sé. Lo que sí puedo decir es que, si no se hace eso, la Humanidad no tiene futuro. Estamos caminando en una especie de precipicio y la alteración del patrón civilizatorio hegemónico tiene que ser necesariamente cuestionado, y con radicalidad.

 

Gracias a los antecedentes de lucha de décadas anteriores y gracias a la extraordinaria acción de las organizaciones indígenas en el continente, especialmente en Bolivia y Ecuador, lo que se planteó es un proceso de cambio. Es lo que está en las constituciones de estos dos países y parcialmente en el caso venezolano. No era tan solo una transformación política del modelo de la organización del Estado, sino que abordaba el tema del patrón civilizatorio como tal, con mucha radicalidad. Una de las dimensiones fundamentales de este patrón –que nos está llevando a la muerte- es el antropocentrismo: la noción del hombre –no ser humano sino del masculino- como centro del universo con derecho a hacer y deshacer. Es una construcción cultural de 500 años que se ha ido expandiendo por el planeta, y cuando se introducen nociones como derechos de la Naturaleza, se está cuestionando no solo un modelo político, no solo un gobierno, sino supuestos fundamentales, fundantes de este orden colonial. Nociones ontológicas, epistemológicas, que remiten a la separación Sujeto-Objeto, Cultura-Naturaleza, Seres humanos-Naturaleza, ese tipo de construcciones jerárquicas. Otorgarle derechos a la Naturaleza, desde el punto de vista liberal, es una cosa absurda. Son derechos a no sujetos, a cosas. O lo vemos como una aberración o lo vemos como un intento de corte profundo para salir de esta dirección de destrucción hacia la cual estamos caminando.

 

Texto: Carlos Gallo

Fotos: Ariel Pacheco

 

 

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La urgencia

 

“Prácticamente todas las semanas sale un informe nuevo sobre los límites del planeta, sobre el cambio climático, sobre las medidas que hay que tomar, sobre las fechas… ahí vemos las urgencias que aparecen y reaparecen, y esas cosas requieren respuestas ya. (…) Es un terreno de Defensa y estructuralmente de decisiones políticas de Estado. No hay forma en que las organizaciones sociales y los movimientos de la resistencia tengan tiempo de frenar esto”, alerta el intelectual.

 

De Lander

 

Tiene 77 años. Es profesor-investigador en el Departamento de Estudios Latinoamericanos en la Escuela de Sociología, consultor de la Comisión Venezolana de Negociación del Área de Libre Comercio de las Américas. Trabaja en la Facultad de Económicas y Ciencias Sociales, y miembro del Consejo Editorial de El Diario Venezolano de Economía y Ciencias Sociales, Universidad Central de Venezuela. Fue uno de los organizadores del Foro Social Mundial de 2006, que tuvo lugar en Caracas. Ha criticado la dependencia económica de las exportaciones de petróleo en su país, así como también el apoyo acrítico de ciertos sectores de la izquierda mundial hacia el chavismo.

Escribió “Modernidad y Universalismo. Pensamiento crítico: un diálogo interregional” (1991), “Neoliberalismo, sociedad civil y democracia. Ensayos sobre América Latina y Venezuela” (1995) y “Promesas en su laberinto: cambios y continuidades en los gobiernos progresistas de América Latina” (en colaboración con otros autores, 2013), entre otras obras destacadas.

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