Doña Audelina: el alma del comedor San Nicolás

Hace 20 años sostiene un comedor y merendero en su casa del barrio Villa Eumelia que hoy da de comer a casi 90 personas, chicos y grandes, de distintos barrios del sur capitalino. Una historia de puro amor y solidaridad.
domingo, 17 de noviembre de 2019 · 02:00

Hay personas que dedican su vida a un deporte, a una profesión, a su familia, a su trabajo o a un poco de todo lo anterior. Una porción minúscula de la población la dedica a la solidaridad, y ahí en esa porción minúscula se encuentra ella, Audelina que el 10 de mayo del 99 decidió involucrarse en la vida de las personas que menos tienen e intentar cambiar su realidad.

Ella sabe que con su granito de arena el mundo puede ser mejor, y es así como aceptó la responsabilidad que el padre Mario Gerardo Denett de la iglesia Sagrado Corazón de Jesús le encomendó en aquel tiempo. Asumió el compromiso en el principio de la crisis que desataría la ley de convertibilidad y las políticas de Fernando De la Rúa en el 2001, “justamente era ahí donde la gente necesitaba ayuda, bueno como ahora también”, dice. La frase que lo explica todo, había que levantarse todas las mañanas pensando cómo le daba de comer a esas familias con la situación tan difícil que atravesaban.

El comedor San Nicolás del barrio Villa Eumelia por ese entonces era abastecido por Cáritas, donaciones, rifas, tapaditas y algunas cositas que se le ocurrían a Audelina, como vender los desodorantes, shampoo o cosméticos sin tapa que donaba Casa Tía, un comercio que funcionaba en la Capital.

Audelina nos cuenta entre suspiros nostálgicos, que primero el comedor funcionó en la casa de un vecino, que al poco tiempo se rindió. Ahí quedó ella con esegran desafío, abrió las puertas de su casa y con la bendición del párroco empezó a dar de comer a sus vecinos con ayuda de un matrimonio que integraba Cáritas, que en esos años era una institución muy activa.

Hoy el comedor alimenta con el almuerzo y merienda a 96 personas de los barrios Villa Eumelia, Virgen Niña y Montecristo. Reciben partidas bimestrales de Desarrollo Social de la provincia, ya que el programa PIO de Nación se lo sacaron hace unos meses por funcionar en un domicilio particular y no en una institución.

“A veces llegamos a los dos meses, a veces nos quedan una o dos semanas sin plata para comprar la mercadería necesaria. El mes pasado nos pasó eso, estuvimos una semana sin funcionar, tuvimos que cortar porque no había con qué cocinar, allí apareció un profesor del colegio del Carmen que nos donó mercadería y con lo poco que teníamos en el banco llegamos para la semana siguiente con las verduras y algo de carne”.

 

-¿Qué hacían las familias que no tenían comedor esas semanas?

-No sé realmente… es muy triste, esos días despierto con mensajes preguntando cuándo vuelve el comedor, mensajes que se repiten todo el tiempo, algunas familias buscan el bolsón y esos días cocinan, una sola comida al día, pero otras toman mate cocido.

En ese momento entró un señor, don Roberto, con su taza preparada para la merienda y Audelina le dijo que volviera a las seis, que todavía faltaba. Inevitable que se te erice la piel, recién eran las cinco.

El comedor San Nicolás tiene un salón que se fue construyendo con diferentes ayudas como el antiguo programa POSOCO, políticos como Octavio Gutiérrez, el Rotary Club y el esfuerzo de los vecinos que ayudaban con mano de obra y beneficios. Fue un largo camino, recién en 2016 tuvo una cocina equipada para poder cocinar.

Todos los días para poner a funcionar el comedor colaboran 9 personas, vecinas voluntarias que no dejan sola a Audelina con el trabajo, además de tener el apoyo del equipo de profesionales del Ministerio de Desarrollo Social, personas como este profesor del colegio del Carmen que son los superhéroes que extienden su mano cuando más lo necesita la institución.

Audelina Verón, de 58 años, tiene seis hijos, tres viviendo hoy con ella, uno con problemas convulsivos, más su mamá a cargo. Vive de changas que hace en casas de familias que requieren personal de limpieza. Cuenta cómo a partir de julio de este año le costó mucho conseguir trabajos, que se disminuyen por la crisis económica que toca a todas las clases sociales.

En Catamarca, hay aproximadamente un comedor por barrio, esta cifra se deduce de este último año en donde prevalecen los comedores emergentes, que surgen por iniciativa de los vecinos que no llegan a proveer la comida diaria de su familia. Desempleo o empleo en negro y mal remunerado, familias numerosas con ingresos mínimos, múltiples son los motivos por los cuales una familia busca ayuda en comedores comunitarios. Lo real es que no son la solución definitiva.

Ya son las 6 y comienzan a llegar los vecinos por un pasillo angosto al costado de la casa de Audelina, que se acomodarán en los largos mesones del salón que en unos instantes servirá la merienda.

Mirar los rostros de niños felices, preguntando qué hay de merienda, si falta mucho, mientras charlan entre ellos contando las picardías de la siesta, me hace reflexionar sobre lo afortunados que fuimos algunos en nuestra infancia, cuando escuchábamos el grito de mamá diciendo ¡basta de juegos, vengan a tomar el mate!

 

Texto: Alicia Martínez

Estudiante Comunicación Social ISAC

Fotos: Ariel Pacheco

 

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