Los seres humanos poseemos la capacidad de conservar en nuestra memoria todo lo que vivimos y de traer esos recuerdos al momento presente cuando sea necesario. Todos atravesamos situaciones difíciles que nos parecían imposibles de superar pero, con el tiempo, nos damos cuenta de que acabaron por convertirse en fortaleza. Como cito en mi reciente libro Soluciones Prácticas, todos tenemos un “currículum de batallas ganadas” que nos recuerdan que somos capaces de volvernos a poner de pie siempre.
Tomar la decisión de seguir adelante, pase lo que pase, colabora grandemente a que podamos enfrentar las circunstancias duras de nuestra vida. Para ello, tenemos que observar nuestros triunfos de ayer para recordar que, si así lo creemos, todo es posible. El dolor emocional es una parte ineludible de este mundo, pero la mayoría de nosotros lo rechazamos cuando toca a nuestra puerta porque lo percibimos como algo antinatural. Esto sucede porque no fuimos diseñados para sufrir.
Experiencias como las pérdidas, las enfermedades y las separaciones son parte de la vida y pasajeras. Lo negativo no dura para siempre. Por eso, a ese sufrimiento, hay que sumarle un recuerdo positivo de otro momento duro ya superado. Así logramos salir adelante con mayor facilidad. “¿Cuánto durará esto?”, nos preguntamos cuando algo nos duele, nos molesta, nos quita el sueño. La respuesta a esa pregunta depende grandemente de “mi” actitud, es decir, del grado de importancia que “yo” le otorgue a lo que me ocurre. Dos personas pueden percibir una misma situación de diferente manera.
Por dura que sea nuestra vida por momentos, siempre deberíamos procurar construir hacia adelante. Esto se logra mezclando los períodos de dificultad, de soledad, de desconcierto, con objetivos, metas, sueños, proyectos y recuerdos lindos (todos los tenemos). Aunque no nos sintamos así, todos somos vencedores, pues poseemos la capacidad de enfrentar y superar la peor de las adversidades gracias a una cualidad de la que hoy mucho se habla: la resiliencia. Si estamos de pie hoy se debe a que el dolor del pasado no pudo con nosotros y largo camino nos resta.
Un recuerdo es una especie de “souvenir” que nos dice que hemos vivido una determinada experiencia. Esta queda anclada en nuestra memoria por el impacto emocional que provocó en nosotros, sea bueno o malo. Cuanto más profunda sea la emoción, más se fijará el recuerdo. La memoria es un archivo de todo tipo de emociones. Por eso, es tan importante contraponer siempre un recuerdo lindo a un recuerdo triste e intenso que parece que no podemos soltar.
En este tiempo especial, te animo a recordar con afecto tus experiencias positivas y a mezclar las dolorosas con recuerdos agradables que te transporten a momentos de felicidad. Esta es la mejor actitud para disfrutar de vidas sanas y plenas porque, como dice el libro de Eclesiastés: “En la vida hay un tiempo para llorar; y también un tiempo para reír”. Un poco de esto y de aquello… de eso se trata la belleza de la vida.