miércoles 1 de abril de 2026
SOCIEDAD

Jóvenes que vhiven

Algunos forman la generación de los hijos de personas que vivieron con VIH y nacieron con el virus. Otros lo adquirieron por alguna transfusión de sangre o por una relación sexual. Ser joven y vivir con VIH es un desafío diario y cada día es una oportunidad para alcanzar metas.

Por Redacción El Ancasti

Algunos jóvenes nacieron con el virus del VIH, otros la adquirieron pero, en ambos casos, luchan para vivir sin miedos, para disfrutar de una vida plena y para alcanzar una meta. Recorren un camino para no dejar nada y para arrasar con todo. No cargan con una enfermedad; viven un estilo de vida que los desafía a ser plenos. En Catamarca, los jóvenes que viven con VIH estudian, trabajan, hacen la suya pero, por sobre todo, sueñan y, más aún, quieren cumplir esos sueños.
Uno de ellos es Esequiel, un joven catamarqueño de 23 años que vive con VIH. Hace dos años le dieron el diagnóstico positivo. Aseguró que hoy se siente preparado para hablar sobre VIH. “Quiero llegar a más jóvenes y adolescentes positivos”, dice, con una gran sonrisa. 
Esequiel adquirió el virus a través de relaciones sexuales. En ese tiempo él sabía sobre el tema pero no era consciente de lo que hacía, reconoció. “Por mi cabeza pasaban otras cosas como a cualquier joven y vivía creyendo que una situación así a mi no me iba pasar. Tarde comprendí que el VIH está presente entre todos hoy en día”, expresó. Esequiel aseguró que el VIH no discrimina cuerpos, entra dónde le dan la oportunidad y cada quién es responsable de cuidar su cuerpo. “Digo eso porque tardé en comprender que yo debía cuidarme y no esperar eso de los demás”, aclaró.
Explicó que el VIH es un virus “de inmunodeficiencia humana”, aclaró, que al entrar en el cuerpo ataca las células (CD4) encargadas de proteger. “El virus, al invadir estas células, les impide que nos sigan protegiendo y comienza a reproducirse, por lo cual el número de células comienza a disminuir y el número de partículas virales aumenta, dejándonos indefensos ante enfermedades oportunistas”, detalló.
Para este joven, en Catamarca todavía cuesta hablar de VIH, sobre todo por la idiosincrasia catamarqueña. “No es lo mismo una persona de aquí que una persona de ciudad grande, como Buenos Aires, Rosario o Córdoba. Aquí las personas son más cerradas, hay mucho más prejuicio y estamos muy influenciados por la iglesia”, consideró. No obstante, al mismo tiempo aclaró que es una persona cristiana aunque está en contra de muchas posturas que esta institución está tomando hoy en día. “Nos pesa mucho el ‘qué dirán’. Se vive más para el de afuera porque aún nos importa y nos afecta mucho la opinión del otro. Estamos medio cucú”, dijo sonriendo. Luego, indicó que en una ciudad más grande, cada persona es una isla aparte pero en Catamarca las personas viven casi en la misma baldosa. “Todavía existe un tabú muy grande no solo con respecto al VIH, sino con cualquier otra patología crónica y en pleno Siglo XXI es lamentable. El problema no es el virus, no es el sida, no pasa tampoco por la sexualidad, el problema es la sociedad en la que vivimos”, sostuvo
Esequiel quien integra el grupo de jóvenes que no nació con el virus, sino que lo adquirió. “Aún recuerdo como di mis primeros pasos en el Hospital. Estaba perdido, buscando un cuarto que nunca imaginé buscar pero por alguna razón ese día estaba allí. No sé si llegué como llegaron todos; no estoy seguro si fue en el momento exacto; solo sé que aún no estaba preparado para el resultado”, contó. 
En poco tiempo, le tomaron una muestra de sangre y dejaron la primera marca en su brazo solo para tomar una muestra, que en su momento no decía nada, pero era capaz de decir mucho si se repetía. Los días pasaron y volvió a ese lugar que por momentos se sentía vacío y abandonado.
“Si estás en mi misma situación seguro te pasó lo mismo que a mí. Busqué un resultado que no pude encontrar. Resultó que la muestra de sangre se tomó mal, así que había que hacer una nueva”, comentó. Luego de repetir el estudio volvió y entonces supo el resultado: positivo.
De ese momento, recordó que se sintió muy solo. “Yo no entendía mucho sobre el tema y sentía que no era justo. Entré en un cuarto y de inmediato comenzaron a contarme sobre el VIH, sobre CD4 y carga viral, también sobre tratamientos, pero yo no escuchaba. No entendía. No podía evitar pensar en el resultado. No pasó mucho tiempo”, expresó. Esequiel aún tiene en su memoria el recuerdo fresco de cómo la psicóloga dejó su lapicera sobre el escritorio, juntó sus manos y le dijo: “dio positivo”. Para describir ese momento no encontró las palabras adecuadas. “No quería vivir; sentía que todo era malo; que estaba marcado y que no podía contarle a nadie. Creía que las personas que me querían se iban a decepcionar”, contó.
Aceptar ese diagnóstico positivo y todo lo que ello implicaba era todo un proceso nuevo en la vida de Esequiel. Al principio, pensaba que había algo que lo ponía más triste que saber que tenía VIH. “Era sentirse solo, así que comencé contándole a mi familia y luego busqué en internet más sobre el tema. Encontré en Facebook un grupo llamado RAJAP. Al principio tenía mis miedos y mis dudas, pero decidí unirme de inmediato”, dijo.
La RAJAP es la Red Argentina de Jóvenes y Adolescentes Positivos. Es una asociación civil que se formó hace nueve años por iniciativa de un grupo de jóvenes y adolescentes que sintieron la necesidad de tener un espacio propio, explicó. De esta manera, comenzó a reunir con pares de distintos lugares del país. “Si bien hoy somos 920 los miembros con una edad que va desde los 14 hasta los 30 años, en su tiempo solo eran 60 y realizaron su primer encuentro en Embalse de Río Tercero, Córdoba. RAJAP me ayudó mucho, a encontrarme, a aceptarme y también me dio las herramientas necesarias para hoy poder hablar del VIH sin miedo al prejuicio. Aunque en Catamarca todavía no está conformado el grupo de pares, he tenido la oportunidad de participar en otras provincias. Cada provincia tiene su coordinador encargado de las reuniones, de hacer actividades y, además, de temas administrativos”, indicó.
Esequiel estuvo a cargo de la coordinación de RAJAP Catamarca durante dos años pero reconoció que no pudo lograr mucho. A la vez, a nivel nacional hay otros coordinadores y diferentes comisiones que pueden ser integradas por quienes lo deseen. Para Esequiel, llegar a un encuentro nacional es como abrir un libro nuevo. “No tenés idea de lo que te espera”, expresó emocionado. Para Esequiel, formar parte de un encuentro es “algo muy lindo”. Quienes asisten, se preparan con meses de antelación para que todo sea increíble y beneficioso, para que en cada encuentro, cada uno se llene de energías. “Yo no fui sabiendo lo que me esperaba y cuando llegue me vi rodeado de historias, de personas que van al frente, de mucha diversidad sexual y de talleres. Los talleres que siempre elegía eran sobre adherencia y nutrición pero hay mucha variedad y muchísimos temas para hablar. Además, sumale las actividades que hay por hacer. Participé en dos encuentros y me aferré a la vida. La última noche se hace ‘Adherencia a la Vida’; nos reunimos todos, nos sentamos en el suelo y prendemos velas. Contamos nuestras historias y se crea una gran conexión, lágrimas y abrazos porque sabemos que estamos en nuestro lugar, en nuestro espacio”, dijo con detalles.

Pares
Durante la charla, Esequiel siempre mencionó la palabra ‘par’ y contó lo que esta palabra significa para él. “Un par para mí es aquella personas que comprende cuando yo digo que no puedo más, es quien da un abrazo verdadero cuando sentimos miedo. Pienso que un par es quien te marca como seguir. A veces, se crean lazos tan fuertes que pueden despertarte de nuevo a la vida que creímos perdida. Ellos te enseñan a perdonar, te ayudan a sonreír y si tenés un problema, debés creer que ellos te van a ayudar a sobrepasar cualquier obstáculo. Un par, te libera, un par conoce tu historia”, expresó lleno de emoción.

CUADRO
Transmisión vertical
Así como hay jóvenes que adquirieron el virus, también hay un grupo de jóvenes que nació con VIH. Ellos tuvieron una ‘transmisión vertical’ de sus madres con VIH durante el embarazo. “No solo estamos las personas transmitidas a través de infusiones o a través de relaciones sexuales, también existen los verticales (personas nacidas con el virus). Creo que son personas que tienen otra mirada, una lucha más larga y quizás las más sabias con respecto al tema y a cómo llevar una vida con VIH. Si bien son pocos, son y están junto a nosotros. Cuando participé de las reuniones de pares me encontré con Camila. Ella no tiene problemas en tatuarse en la frente ‘tengo VIH’; lucha día a día y aprendí mucho de ella. También conocía a Alex, un vertical más de la red y a Franco, el más joven del grupo. Él tiene en claro muchas cosas, va aprendiendo y enseñándonos a través de sus pasos cuál es la mejor manera para seguir adelante. Pero así como están los verticales también está bueno hablar sobre las mujeres que conviven con el virus, ellas también están y sus casos se minimizan de alguna manera afectándolas en todo sentido”, advirtió. 

CONTACTO
Si tenés entre 14 y 30 años y tenés alguna duda, si estás de ese lado y no encontrás respuesta, si te sentís solo, RAJAP te abre un espacio. No lo dudes. “La Confidencialidad no se rompe”. Podés escribir a [email protected] o en Facebook/Rajap.

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