Ester Antonia Algañaraz, una sanjuanina que la vida la trajo hasta Catamarca, y Ramona del Valle Nieto, una catamarqueña que reside en Buenos Aires. Ambas estuvieron en Puerto Belgrano, atendiendo a los heridos de la Guerra de Malvinas en 1982, junto a 150 enfermeras más.
“Somos profesionales a las que las Fuerzas Armadas escondieron durante estos 36 años”, sostuvo Ester. Luego de recordar momentos dolorosos que le tocaron vivir.
La historia jamás contada
En esos momentos, estas mujeres eran madres de familia, enfermeras por vocación y mujeres de gran entereza. Hacía unos años que se habían recibido de enfermeras y lograron ingresar a las Fuerzas Armadas como personal civil. “Nosotras estábamos capacitadas para atender a personas heridas, pero no estábamos preparadas para una guerra”, indicó Ester. De igual manera, su par recordó, lo duro que fue ver llegar a cada soldado herido de la guerra: “Muchos tenían la mirada ausente. Eran chicos como nosotras, tenían veinte y tantos años. Nosotras teníamos 24 y 25”.
En aquellos momentos estas mujeres tuvieron que enfrentar un desafío muy grande, atender a los soldados, pero no solo desde las curaciones, sino desde lo humanitario. “Muchas veces hicimos de madres, hermanas, amigas”, sostuvo Ester. Una mujer que ya era madre de dos niños, uno de nueve años y otro que había nacido hace pocos meses. “Era difícil todo eso, porque nosotras teníamos horarios de ingreso, pero no de salida. Mis hijos quedaban en casa con las ventanas tapadas…. No me va a alcanzar la vida para pedirle perdón a mi hijo mayor, porque lo dejaba a cargo del más chico con una mochilita, más allá que había quien los cuide. Así pude ir a atender a los soldados”, recordó dolorosamente Ester, con lágrimas en sus ojos. Además, de comentar lo difícil que era muchas veces cumplir las órdenes de quienes estaban a cargo de las fuerzas en aquellos momentos.
En ese momento, Ramona tenía dos niños y estaba embarazada del tercero. Su esposo se encontraba en las Islas Malvinas peleando por la Patria. “Recuerdo que muchas veces no quería irme, a pesar de que mis hijos estaban en casa al cuidado de otras personas, me enteraba que iban a llegar más soldados heridos y no quería irme. Pensaba que cualquiera de ellos podía ser mi marido y quería que me vea por lo menos, para que no se sienta solo y vea una cara conocida”, relató crudamente esta mujer.
Sin dudas fue difícil para ellas, atravesar por todo lo cruel que es una guerra. Sin muchas veces, poder llorar, ya que estaba prohibido hacerlo en el Hospital. “Había un chico de Corrientes que había llegado herido. Nosotras le dábamos a los soldados las cartas que habían llegado para ellos. Este chico tenía la suya, estuvo varios días con el sobre en la mano sin leerla. Me acerqué para preguntarle por qué no leía la carta. Nunca me voy a olvidar que, llorando, me respondió ‘no sé leer’. Ese chico murió a los días, sin haber podido leer su carta”, recordó Ester, totalmente conmovida por su relato.
Sin manos que alcancen
A pesar de ser 150 enfermeras, estas mujeres sostienen que no les alcanzaba el tiempo para poder atender a los jóvenes que llegaban de la guerra. “Era mucho el trabajo que teníamos. Muchas veces estábamos desbordadas. El trabajo nunca faltaba”, aseguró Ramona. Por su parte, Ester advirtió que debían hacer muchas cosas a la vez. “Nosotras las mujeres podemos encargarnos de cuidar la familia, los hijos y atender nuestra vocación. Porque ser enfermera para nosotras era un don de Dios, el don de cuidar al otro”, sostuvo. Además, agregó que hay “mucho por decir de Malvinas”, pero que las “fuerzas armadas se encargaron de esconderlo”.
Olvido
Tanto Ramona como Ester coinciden en que la guerra les dejó “mucho dolor”. “A mí me dejó 36 años de silencio, de no poder hablar con nadie porque me daba miedo que piensen que no estaba bien y sobre todo muchísimo dolor”, afirmó con lágrimas en los ojos Ester.
Ramona indicó: “A mí me dejó un sabor agridulce. El agrio por la derrota que sufrimos todos y dulce porque mi marido llegó sano y salvo y, mi hijo nació finalmente”.
Si bien, ya han pasado varios años de la guerra, estas mujeres, como muchas otras, aún no recibieron el merecido reconocimiento. Mientras, los políticos se llenan la boca hablando de Malvinas, no hubo siquiera un reconocimiento de algún legislador.
Hoy
En la actualidad Ramona, quien dejó Esquiú, departamento La Paz, a los 15 años, se encuentra viviendo en Buenos Aires, junto a su esposo y sus tres hijos, que ya son mayores.
Ester, quien llegó hace más de 30 años a Catamarca, en donde vive junto con su familia, trabaja en el Hospital San Juan Bautista.