Cuando Deodoro Roca, Alfredo Palacios, Ferrero, Ferri y un sinnúmero de estudiantes de todo el país firmaron con sudor y lágrimas el Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria de 1918 poniendo base firme al movimiento estudiantil que desde los claustros de la Universidad Nacional de Córdoba extendió los valores democráticos de la enseñanza a todo el continente americano, en Catamarca no había universidad.
Germen local de los postulados reformistas del ‘18
Ésta recién habría de crearse más de medio siglo después, en 1972. Sin embargo, las ideas liberales proclamadas por el Manifiesto Liminar fueron encarnadas en nuestro “pago chico” por un grupo de estudiantes que lideró un movimiento de bases para establecer los mismos postulados en las escuelas secundarias no confesionales: la Escuela Regional, la “Normal de Maestras”, el Colegio Nacional, la Escuela de Artes y Oficios y la Normal de San Isidro, entre otras. La resistencia cultural, política y religiosa que las ideas reformistas encontraron en las estructuras institucionales en que se anquilosaba la vieja educación chocó con la fuerza juvenil de los aires renovadores.
Así, entre 1919 y 1920 se desató en Catamarca un movimiento incómodo, virulento y hasta sangriento, sostenido durante varios meses hasta la ocurrencia de un hecho que lo dejó trunco: el asesinato impune del joven líder de la huelga y el consecuente exilio del cerebro docente que la apoyaba.
La cabeza visible de aquel movimiento fue Antonio Taire, alumno de Cuarto Año de la Escuela Regional, presidente del centro de estudiantes de su escuela y director del periódico “La Voz del Estudiante”, asesinado en agosto de 1920 por resistirse a publicar una enmienda periodística.
La organización de los alumnos en centros de estudiantes ya fue una consecuencia de la Reforma del ‘18. Esa y otras ideas llegaron a Catamarca de la mano de los profesionales que estudiaban en Universidades y Colegios Superiores a las que eran enviados los hijos de las familias más pudientes de la sociedad. Entre ellos, se destacó por aquellos años la actividad educacional y gremial desarrollada por el profesor José Electo Brizuela –hermano del artista plástico Laureano Brizuela-, quien se había graduado en Paraná como maestro normal y profesor de Ciencias Naturales.
Brizuela, de gran habilidad para establecer lazos y germinar valores activos en las mentes de sus educandos, promovió la gestación de los centros de estudiantes y les ofreció herramientas de difusión para las ideas reformistas. Y apoyó institucionalmente las actividades de los alumnos desde la vicedirección de la Regional, y desde la Unión del Magisterio, en la que militaba.
La huelga estudiantil que se extendió entre 1919 y 1920 fue un hecho sin precedentes en una provincia en la que “nunca pasaba nada”. El desarrollo de los hechos hizo necesaria la visita de funcionarios del Ministerio de Educación de la Nación a verificar “in situ” los alcances de la huelga y sus consecuencias, y tomar cartas en el asunto.
“Continúa sin solución la huelga de los estudiantes secundarios y normales de esta provincia. Por primera vez en Catamarca, prodúcese un movimiento estudiantil de esta magnitud singularmente unánime”, publicaba el órgano de prensa de la Unión del Magisterio local.
“Causas muy profundas y complejas informan este conflicto. El señor inspector Díaz trabaja activamente por regularizar las clases pero sin resultados. Los padres de familia en gran mayoría apoyan la actitud de los alumnos. Es de esperar una justa solución”, agregaba.
“Los aires renovadores venían desde la Reforma Universitaria, con epicentro en las pensiones del Barrio Alberdi, el Hospital de Clínicas y el mismísimo Rectorado de la Universidad de Córdoba. A quinientos kilómetros, pero muy cerca del espíritu que inspiró aquella revolución del aprendizaje. Junto a otros compañeros de lucha, y alentados principalmente por el propio vicedirector de su escuela, Taire estaba al frente de un brazo de este movimiento nacional. Electo realmente estaba detrás de todo: había “mamado” una formación socialista junto con sus hermanos probablemente como fruto de su temprana orfandad. O quizás en sus estudios normalistas y de Ciencias Naturales hechos en Paraná. Muy lejos de su Catamarca natal. Los ideales de Brizuela coincidían, por ejemplo, con la necesidad de democratizar la educación y de adoptar métodos más modernos de enseñanza”, apunta la novela histórica “El mártir”, que aborda la cronología de estos acontecimientos.
Lo que se quería cambiar
En el Manifiesto Liminar firmado por los protagonistas de esta gesta histórica, quedó plasmada la síntesis del espíritu de la Reforma del 1918: “La juventud Universitaria de Córdoba afirma que jamás hizo cuestión de nombres ni de empleos. Se levantó contra un régimen administrativo, contra un método docente, contra un concepto de autoridad. Las funciones públicas se ejercitaban en beneficio de determinadas camarillas. No se reformaban ni planes ni reglamentos por temor de que alguien en los cambios pudiera perder su empleo. La consigna de "hoy por ti, mañana para mí", corría de boca en boca y asumía la preeminencia de estatuto universitario. Los métodos docentes estaban viciados de un estrecho dogmatismo, contribuyendo a mantener a la Universidad apartada de la Ciencia y de las disciplinas modernas. Las lecciones, encerradas en la repetición interminable de viejos textos, amparaban el espíritu de rutina y de sumisión. Los cuerpos universitarios, celosos guardianes de los dogmas, trataban de mantener en clausura a la juventud, creyendo que la conspiración del silencio puede ser ejercitada en contra de la Ciencia. Fue entonces cuando la oscura Universidad Mediterránea cerró sus puertas a Ferri, a Ferrero, a Palacios y a otros, ante el temor de que fuera perturbada su plácida ignorancia. Hicimos entonces una santa revolución y el régimen cayó a nuestros golpes”.
Finalmente, tras la muerte de Taire y el exilio de Electo Brizuela a Concepción del Uruguay –donde luego pudo desarrollar una intensa labor política y educacional-, la huelga estudiantil se disipó y el crimen fue convenientemente “lavado” en los juzgados provinciales. Pero las ideas de la Reforma del ’18 sonaron fuertemente en Catamarca y, de a poco, fueron tomando cuerpo y haciéndose realidad en los distintos colegios y escuelas de la provincia.