jueves 2 de febrero de 2023

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SALUD

Tengo un plan

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Por Redacción El Ancasti

La mayoría de las personas tienen uno o varios   sueños: formar una familia, obtener un título   universitario, comprar una casa, tener un cargo   o una posición importante, viajar por el mundo,   etc. Pero ¿nos sirve tener una meta, si no sabemos   cómo alcanzarla?  

No es suficiente con desear algo y hablar de ello,   hace falta además tener un plan. Mucha gente confunde   propósito con plan. El propósito es aquello que   anhelo lograr en la vida y varía según cada persona.   Mientras que el plan es el diseño para llegar a eso.  

Cuando uno se mantiene enfocado en su propósito,   no importa si los planes fallan porque existe la   posibilidad de encontrar otra manera de lograrlo.   Lo importante es desarrollar una “mentalidad planificadora   y estratégica” porque esta nos permite   armar todos los planes necesarios para alcanzar el   propósito.  

Un plan puede perderse pero el propósito, jamás.   Vivimos en un mundo cambiante con acontecimientos   que tienen lugar minuto a minuto: gobiernos que   caen y otros que suben, economías cambiantes, vacunas   que se descubren cada día, el cambio climático,   cataclismos, etc. Todo eso es una realidad que puede   afectar nuestros planes pero nunca podrá echar por   tierra nuestros sueños.  

Una vez que tenemos el propósito claro y el plan   armado, es fundamental desarrollar un sistema de   hábitos que nos acerquen al objetivo. Algunos se aferran   al plan, aun cuando son conscientes de que no   arroja resultados, lo cual hace que se paralicen. Pero   cuando uno es fiel al propósito, es capaz de cambiar   la estrategia (aunque esto le cause temor) y volver   a empezar, todas las veces que sean necesarias, con   fuerzas renovadas.  

Las circunstancias no deberían deprimirnos, por   duras que sean. Si hay un sueño, un proyecto, siempre   encontraremos un modo para llegar a verlo   cumplido y disfrutarlo. Pero si nos sentimos incómodos   con respecto al plan, podría ser que éste no   fuera el adecuado. Solo hay que cambiar de plan,   no de sueño.  

Y a veces, no hay que cambiar de plan sino modificarlo   un poco según las metas a alcanzar. Pero sin   plan, no es posible llegar al final, porque uno se mueve   a la deriva. Es como si tomáramos un avión y el   piloto no tuviera idea de qué ruta seguir para llegar a   destino. O intentara guiarse por lo que siente…  

La vida es como un viaje. Si tenés un destino claro   y definido, sí o sí debés armar un plan de viaje, una   ruta, para llegar aunque te tome años. Disponés de   tiempo, vida y capacidad para darte cuenta de si es   preciso realizar algún tipo de ajuste. Muchos van a   darte su opinión (aunque no se la pidas) e intentarán   distraerte, casi siempre sin mala intención. Por eso,   procurá la compañía de otros soñadores y, si ya han   alcanzado sus sueños, ¡mucho mejor!  

Sé flexible con tu plan pero no negocies tu sueño   por nada del mundo. No te enamores del plan… enamorate   del sueño. Desafiate a vos mismo, salí de tu   zona de confort. Y más temprano que tarde, tu sueño   verá la luz. 

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