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turismo

El camino al Cristo de El Rodeo, cada vez más lindo

El sendero que lleva al Cristo Redentor de la villa turística tiene gratas novedades.
29 de abril de 2018 - 00:00 Por Redacción El Ancasti

Si hace mucho que no sube pero   le han llamado la atención las   farolas de iluminación que las   gestiones actuales del área de Turismo   han colocado en el itinerario que   recorre desde la base del Cerro Huaico   hasta la piedra donde se encuentra   la monumental escultura blanca   de siete metros que representa la   imagen de Jesucristo con sus brazos   extendidos, le decimos que hay algo   más aparte de la posibilidad de hacer   la travesía nocturna.  

Desde el pórtico de acceso al sendero,   ubicado a la vera de la ruta que   conecta el ingreso sur de la villa con   el faldeo montañoso que conduce a  

La Puerta, comienza una travesía de   aproximadamente media hora (a paso   lento, con niños, por ejemplo) hasta   los pies de la imagen, inaugurada   el 14 de septiembre de 1966 por el   pueblo rodeíno y las autoridades civiles   y eclesiásticas de la época.  

No obstante, ni bien comienza la   trepada –se puede hacer caminando   o en bicicleta- sorprende la nueva   instalación de carteles con información   turística, con el sello de organismos   nacionales y provinciales. El   primer cartel habla de la misteriosa   identidad del artista plástico que por   aquellos años construyó la pieza escultórica.   Si bien en la información   escueta que brinda el cartel se lo   refiere con el apellido “Vermont”,   esta historia ha sido magistralmente   llevada a la literatura por Arnaldo   Raúl Molina en su libro “El Cristo   de Baduna”, precisamente en referencia   al probable apellido de que   quien trabajó con la obra y misteriosamente   desapareció del pueblo en   ocasión del amplio despliegue de la   inauguración.  

También en coincidencia con el   inicio del sendero, comienzan las estaciones   de un Vía Crucis que desde   hace varios años permanece inconcluso   y que –tenemos entendido- es   de iniciativa privada con permiso   municipal. A poco de andar, comienzan   a sucederse otros carteles informativos   para el turista referidos a la   fauna y flora del lugar.  

Sucesivamente, están incluidos el   zorro, el algarrobo negro (prosopis   nigra), la reinamora (macho y hembra),   el cactus achuma y el carancho,   ave rapaz de la familia de los   falcónidos. Lo más interesante del   caso es que de todas estas especies   se pueden encontrar ejemplares en   el camino, por lo cual no hay nada   rebuscado ni exótico que se ofrezca   a la vista del turista.  

A las tres cuartas partes del recorrido,   también está convenientemente   la bifurcación que lleva a “La   Cruz” ubicada en la cima del cerro   aunque un centenar de metros hacia   el norte del Cristo.  

En la Villa ambateña, la permanente   organización de actividades, la   apertura de comercios que extienden   su período de atención fuera de la   temporada de verano, así como la   limpieza y conservación, la inversión   en obras como la señalización direccional   y las de difusión de los recursos   naturales en un clásico circuito turístico   catamarqueño, hacen abrigar la   esperanza de que el turismo pasó a   ser cosa seria en Catamarca.    

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