Si hace mucho que no sube pero le han llamado la atención las farolas de iluminación que las gestiones actuales del área de Turismo han colocado en el itinerario que recorre desde la base del Cerro Huaico hasta la piedra donde se encuentra la monumental escultura blanca de siete metros que representa la imagen de Jesucristo con sus brazos extendidos, le decimos que hay algo más aparte de la posibilidad de hacer la travesía nocturna.
El camino al Cristo de El Rodeo, cada vez más lindo
Desde el pórtico de acceso al sendero, ubicado a la vera de la ruta que conecta el ingreso sur de la villa con el faldeo montañoso que conduce a
La Puerta, comienza una travesía de aproximadamente media hora (a paso lento, con niños, por ejemplo) hasta los pies de la imagen, inaugurada el 14 de septiembre de 1966 por el pueblo rodeíno y las autoridades civiles y eclesiásticas de la época.
No obstante, ni bien comienza la trepada –se puede hacer caminando o en bicicleta- sorprende la nueva instalación de carteles con información turística, con el sello de organismos nacionales y provinciales. El primer cartel habla de la misteriosa identidad del artista plástico que por aquellos años construyó la pieza escultórica. Si bien en la información escueta que brinda el cartel se lo refiere con el apellido “Vermont”, esta historia ha sido magistralmente llevada a la literatura por Arnaldo Raúl Molina en su libro “El Cristo de Baduna”, precisamente en referencia al probable apellido de que quien trabajó con la obra y misteriosamente desapareció del pueblo en ocasión del amplio despliegue de la inauguración.
También en coincidencia con el inicio del sendero, comienzan las estaciones de un Vía Crucis que desde hace varios años permanece inconcluso y que –tenemos entendido- es de iniciativa privada con permiso municipal. A poco de andar, comienzan a sucederse otros carteles informativos para el turista referidos a la fauna y flora del lugar.
Sucesivamente, están incluidos el zorro, el algarrobo negro (prosopis nigra), la reinamora (macho y hembra), el cactus achuma y el carancho, ave rapaz de la familia de los falcónidos. Lo más interesante del caso es que de todas estas especies se pueden encontrar ejemplares en el camino, por lo cual no hay nada rebuscado ni exótico que se ofrezca a la vista del turista.
A las tres cuartas partes del recorrido, también está convenientemente la bifurcación que lleva a “La Cruz” ubicada en la cima del cerro aunque un centenar de metros hacia el norte del Cristo.
En la Villa ambateña, la permanente organización de actividades, la apertura de comercios que extienden su período de atención fuera de la temporada de verano, así como la limpieza y conservación, la inversión en obras como la señalización direccional y las de difusión de los recursos naturales en un clásico circuito turístico catamarqueño, hacen abrigar la esperanza de que el turismo pasó a ser cosa seria en Catamarca.