María Magdalena (Mary Magdalene, Estados Unidos, 2018) Dir. Garth Davis. Guión: Helen Edmundson y Philippa Goslett. Con Rooney Mara, Joaquin Phoenix, Chiwetel Ejiofor, Ariane Labed, Tahar Rahim, Denis Ménochet.
El australiano Garth Davis, director de Un camino a casa (Lion), que en 2017 estuvo nominada a 6 Oscars, incluyendo mejor película; ahora está detrás de esta producción que pretende brindarnos un retrato humanista de uno de los personajes más enigmáticos e incomprendidos de la historia: María Magdalena.
Rooney Mara, que ya trabajó con Davis en Lion y que también fue nominada al Oscar por su gran actuación como Lisbeth Salander en Los hombres que no amaban a las mujeres (2011), encarna a María, una joven mujer que, restringida por las jerarquías de la época, desafía a su familia tradicional al unirse a un nuevo movimiento social dirigido por Jesús de Nazaret.
Lo primero que hay que saber es que este film nos muestra otra María Magdalena, no la prostituta con la que se la confunde en las escrituras, sino una mujer perteneciente a una humilde familia de pescadores, protegida por su padre y hermanos.
Al ser contada completamente desde su punto de vista, el film tiene una sensibilidad especial que, junto al gran sentido estético del director, cuenta, no un relato religioso, sino una historia ligada a la espiritualidad y a las enseñanzas de Jesús interpretadas desde una perspectiva feminista.
Davis hace uso de metáforas visuales para contarnos la conexión especial de María con Dios, y a su vez, su estrecha relación con Jesucristo, quien junto a sus apóstoles, se encamina a Jerusalén.
Ese viaje se hace creíble gracias a la gran interpretación de Rooney Mara que nos brinda una María lo suficientemente fuerte como para enfrentarse a las convenciones sociales de su época, pero también con un costado vulnerable y sensible que redefine las enseñanzas de Jesús, poniendo en jaque su relación con los otros discípulos, sobre todo con Pedro.
La película también acierta en mostrarnos otra faceta de un personaje bíblico tan famoso como Judas. Esta versión es acorde con la moraleja principal del film y refleja un costado más humano del “hombre que traicionó a Jesús”.
Sin embargo, algo falla a lo largo del metraje... El mensaje es claro: María de Magdala no es la que creíamos que era, fue una apóstol y tenía un entendimiento más profundo de la sabiduría del Hijo de Dios, pero la contundencia de ese mensaje a nivel cinematográfico no es claro, y quizás la película pierde peso debido a eso.
Además, su ritmo lento y sus escenas llenas de silencios la pueden tornar aburrida para un público que acostumbra ver otro género de películas.
En fin, María Magdalena gana en mostrarnos otro perfil del personaje: feminista, revolucionario y vulnerable, que fue ignorado por no ser comprendido; pero también pierde por su falta de impacto a la hora de transmitir ese mensaje.
Un relato intimista y sensible que disfrutarán sobre todo los amantes de esa clase de cine.
Lidia Coria
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