Te invito a imaginar que tenés un billete en la mano. Agarrás un encendedor y lo prendés fuego. Enseguida, luego de encenderse, el billete empieza a quemarte la mano. Sin duda, va a llegar el momento en el que tengas que soltarlo para que no te queme toda la mano.
Así podríamos describir el proceso del perdón: uno suelta para no quemarse. Perdonar es una acción que llevamos a cabo por nuestro propio bien. ¿Por qué? Porque se trata de “desalojar a un intruso que se metió ilegalmente en nuestra casa”. Cuando alguien nos daña y no logramos perdonar, esa persona queda instalada en nuestra mente.
Perdonar es como cambiar de canal o de dial. Es imposible ver algo nuevo, cuando todavía no hemos soltado lo viejo. En mis conferencias, acostumbro compartir el siguiente ejemplo. Llamo a alguien del auditorio y le digo: “Suponé que tal persona habló mal de vos y no lo podés perdonar”. A continuación ato con una soga a quien habló mal y lo sujeto a los pies de quien no perdona. Después convoco a alguien más y le digo: “Suponé que tal persona te estafó económicamente y tampoco querés perdonarla”; y también ato a esa persona que estafó a los pies de quien no la perdona. Cuando les pido a mis voluntarios que caminen, por supuesto, les resulta imposible.
Esta ilustración nos demuestra que vivir sin perdonar a quien nos hizo daño, de una u otra manera, es como cargar a nivel emocional y espiritual a esa persona. Alguien que no perdonamos acaba siendo un peso que tenemos que cargar a todas partes donde vamos. El perdón consiste precisamente en cortar esa soga y algo que, como ya mencionamos pero vale la pena repetir, hacemos por nosotros mismos. ¿Por qué? Porque cuando no perdono, vivo con una tensión interna permanente.
Estos son algunos de las cosas que el perdón no es, como mucha gente cree:
• Perdonar no es racionalizar.
• Perdonar no es olvidar o borrar.
• Perdonar no es minimizar.
• Perdonar no es justificar.
• Perdonar no es sentir pena.
Todos somos ofendidos, nadie está exento. Incluso por personas que nos aman (esto es lo más doloroso). Pero, ¿qué podemos hacer cuando nos lastiman y nos ofenden? Tenemos tres alternativas posibles:
a. Negar lo sucedido y hacer de cuenta que nada pasó.
b. Vivir en un estado de enojo constante (algo muy perjudicial para la salud).
c. Perdonar.
Fácil de decir pero difícil de hacer. ¿Por qué a la mayoría de las personas les cuesta perdonar? En algunos casos, por temor a mostrarse débiles o a volver a sufrir lo mismo. Está comprobado que las mujeres perdonan más que los varones. Él perdona para olvidar y seguir con su vida; mientras que ella perdona para ser perdonada. Pero siempre perdonar nos trae grandes beneficios, tales como disminuir o alejar el estrés y reducir los dolores físicos.
Pero lo más importante es que, con el tiempo, el perdón nos deja una herencia de paz. Porque quien perdona desata a un prisionero… que es nada más y nada menos que él mismo o ella misma. Se produce un cambio interno en quien perdona y, aunque parezca lo contrario, siempre gana.