Los cuerpos sin vida de las hermanas Trinidad y Petrona Barrionuevo habían aparecido en un charco de sangre. Las habían matado a golpes. Las encontraron en su casa, en marzo de 2012, en La Merced, Paclín. “… el asesino se asemejó a un reptil, llegó callado, casi arrastrándose, sin anunciar su ira, sin dar lugar para la defensa”, expusieron los jueces de la Cámara Penal de Segunda Nominación que, en febrero del año pasado absolvieron a José Orlando Barros, para los mercedinos conocido como el “Matu”.
Los camaristas Rodolfo Bustamante, Rodrigo Morabito y Fabricio Gershani Quesada con disidencia, absolvieron a Barros, quien se vio beneficiado por la duda. La elaboración del voto de los fundamentos de la sentencia estuvo a cargo de Gershani Quesada y Morabito adhirió. En los fundamentos se describió al único imputado por este doble homicidio. Se indicó que Barros no comprende la magnitud de las situaciones; sus asociaciones e idealizaciones son pobres; no tiene capacidad de fabulación ni tampoco un mecanismo intelectual sofisticado para fabular. En conclusión, “Matu” posee una inteligencia menor al promedio. En cuanto a sus aptitudes físicas, al momento del crimen Barros tenía 52 años y pesaba 125 kilos; tiene una cojera y diabetes. Su estado de salud no era óptimo.
“Los comportamientos de Barros, tanto anteriores como posteriores al hecho –fácilmente apreciables por su especial singularidad- no permiten inferir que tiene relación con el delito cometido. No hay palabras, actitudes, emociones que indiquen su participación. Lo curioso es que con 52 años, salud delicada, 125 kilos y cojera no se apoyó en ningún lado, pese a que los espacios eran reducidos, lo que comprobó el Tribunal en el mismísimo lugar del hecho. Una persona indigente, con las manos sucias de por sí y probablemente ensangrentadas, no se apoyó en ningún lado, a pesar de su discapacidad, se movió en la escena del crimen como si pesara la mitad o tuviera la mitad de los años o no tuviera problemas de salud o motricidad. A esta altura, la duda se vuelve insuperable. Resulta mucho más sencillo pensar que Barros no estuvo en el lugar del hecho que sostener la hipótesis que estuvo superando todos los escollos para entrar, y que además no dejó huellas dactilares engañando a los peritos de casi todas las ramas que trabajaron en el lugar del hecho”, señalaron.
No conformes con este resultado, los fiscales Gustavo Bergesio y Miguel Mauvecín casaron el veredicto. A mediados de junio, la Corte de Justicia de Catamarca resolvió no hacer lugar a este recurso. Por parte del máximo tribunal de justicia, la elaboración del voto estuvo a cargo de la ministro Amelia Sesto de Leiva y sus pares José Ricardo Cáceres y Luis Raúl Cippitelli acompañaron.
“Los jueces que conformaron la mayoría de ley en la absolución cuestionada dieron razones para concluir que la prueba producida no autorizaba tener al imputado como autor del hecho descrito, al menos, no con el grado de certeza que requiere un pronunciamiento condenatorio”, destacaron.
El doble homicidio de La Merced tiene varias cuestiones que merecen atención por la brutalidad y la sangre fría con la que mataron a las hermanas Barrionuevo y por cómo estaba compuesta la escena del crimen; en el comedor, donde estaban los cuerpos, no había desorden, todo estaba impecable.
Solo la habitación de las dueñas de casa estaba un poco desordenada como si alguien hubiese buscado algo o hubiese querido simular un robo. A las hermanas Barrionuevo no les faltó nada. El dinero, las joyas y otros elementos de valor estaban en su lugar.
En este sentido, señalaron que los fiscales -que no descartaron que algo haya sustraído Barros- se contradijeron cuando, por una parte, pretendían que el dinero que estaba en el ropero no lo tomó Barros porque estaba en la parte inferior del mueble. “Él no revisó por impedírselo su estado físico pero, por otra parte, no obstante ese estado físico, le endilgan haber buscado en los bolsillos de las víctimas encontrándose ellas tendidas en el suelo”, enfatizaron.
Además, los ministros recalcaron el mismo aspecto que se había indicado en la sentencia en primera instancia: Barros tiene un nivel intelectual por debajo del promedio, cojea y que, por entonces, pesaba 125 kilos. Tales condiciones no le permiten deambular con soltura.
Había una prueba que comprometía a Barros, una huella. Se realizaron tres pericias y aunque una de estas pruebas lo ubicó en la escena del crimen, una conclusión indicó que las huellas son diferentes.
“La fiscalía nada dijo al respecto en sus alegatos ni se refirió a las falencias de la pericia al tiempo de la declaración de su autor”, remarcaron.
Sin sospechas
Libre de toda sospecha y acusación, “Matu” continúa con su vida en La Merced. Pese a la imputación por un doble homicidio, en perjuicio de dos mujeres reconocidas en la comunidad mercedina, sus vecinos y hasta familiares de las víctimas salieron a apoyarlo desde un primer momento. Manifestaron la acusación en su contra. En más de una ocasión, marcharon por La Merced y exclamaron a viva voz por la inocencia del “Matu”.