viernes 18 de noviembre de 2022

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La desigualdad que no se sonroja

Un retroceso cercano 12 años en niveles de pobreza y 20 años en pobreza extrema

Por Dr. Daniel Esteban Quiroga (*)

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La complejidad del contexto actual se caracteriza porque unos pocos se benefician sin sonrojarse del sufrimiento de muchos, generando ganancias históricas sobre un retroceso cercano 12 años en niveles de pobreza y 20 años en pobreza extrema. Hablar de desigualdad no solo es hacer un tratamiento detallado de la actualidad, delimitando el agotamiento del Estado para contener el dinamismo de las consecuencias, si no también es dar cuenta de un lineamiento conceptual complejo que, si bien tiene como motor buscar establecer umbrales de ingresos, no es sufriente para acortar la distancia económica como base en materia de derechos sociales y económicos fundamentales.

Acceder a información objetiva y oportuna debe ser una prioridad en los gobiernos democráticos, un poderoso mecanismo de auto corrección y aprendizaje, para adelantar pronósticos, planificar y diseñar políticas públicas, pero principalmente para afrontar cualquier contexto que le presente desafíos.

La intensidad del patrón de desarrollo actual no permite a la humanidad detenerse y mirar la complejidad del contexto, caracterizado por altos grados de pobreza, exclusión socioeconómica y un deterioro constante del ambiente. Solo se busca seguir sosteniendo una sociedad de consumo feroz, en la que las particularidades individuales de género, etnia, etc. sean homologadas en patrones irreales, estereotipados y estigmatizantes.

Contrariamente a interpretaciones iníciales que señalaban el COVID-19 como “el gran igualador o nivelador’’, la llegada de la pandemia permitió, de manera repentina y en algunos casos obligada, el tiempo efímero de detenernos mirarnos unos a los otros y de “sonrojarnos” de las profundas desigualdades y la interseccionalidad con que se manifiestan en los territorios, los géneros, las clases sociales, entre otras dimensiones.

Los cambios repentinos instauraron en la sociedad la idea de una “nueva normalidad”, que a la luz de los indicadores no es nada más que una utopía efímera, bañada de una pasividad cómplice. La confederación internacional Oxfam con motivo de la reunión del Foro Económico Mundial (Davos 2022) señala en su informe “beneficiarse del sufrimiento” que mientras la mayor parte de la humanidad estuvo marcada por el sufrimiento y la ruptura en sus vidas, es un uno de los mejores momentos de la historia para los millonarios gracias a exorbitantes sumas que los Gobiernos han inyectado en la economía global y a las enormes ganancias de los sectores alimentario, energético, farmacéutico y tecnológico. Este fracaso puede calificarse como catastrófico: más de 20 millones de personas han perdido la vida a causa de la pandemia, y todas las dimensiones de la desigualdad han aumentado de manera desorbitada a nivel mundial (OXFAM, 2022).

En América Latina y el Caribe se registró para el año 2021 que el 13,8% de la población habría alcanzado la pobreza extrema y el 32,1% se encontraría en situación de pobreza, dando cuenta de un retroceso cercano 12 años en niveles de pobreza y 20 años en pobreza extrema (CEPAL, 2022; Robles & Rossel, 2021).En la región la pandemia se ha desarrollado en un contexto marcado por la matriz de desigualdad social, estrechamente vinculada con el grado de impacto que genera en la población especialmente en quienes se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad, como por ejemplo los niños, las niñas y los adolescentes cuya situación es particularmente preocupante: el 51,3% de esta población se habría encontrado en situación de pobreza en2020, sin considerar el impacto de las medidas de emergencia en protección social no contributiva (Robles & Rossel, 2021; CEPAL, 2022).

Particularmente en Argentina las ya observadas tendencias alcistas tanto para las tasas de indigencia como de pobreza, relevando un deterioro de las capacidades económicas se agravaron con el advenimiento de la pandemia por Covid-19. Mientras que para el año 2020 los niveles de indigencia (tanto en términos de hogares como de personas) se encuentran en valores levemente superiores a los del 2019, la pobreza por ingresos exhibe una brecha aún más pronunciada en relación con los que se registraba en dicho año (Vera, 2022). Este incremento, de alrededor de6 puntos porcentuales respecto al año anterior continúa la aceleración del deterioro de las condiciones de vida entre la población argentina (Salvia, Bonfiglio, & Robles, 2021).

El tratamiento de esta actualidad, vinculada al agudizamiento de las vulnerabilidades sociales y a las debilidades de los Estados frente al dinamismo de las consecuencias, demanda un claro lineamiento conceptual, indicadores robustos e información de acceso abierto, transparente y confiable para poder concretar un seguimiento de las nuevas realidades. El formalismo académico incurre en la insistencia de encapsular los debates sobre la pobreza en un núcleo común de significados, a los que se hace eco las estadísticas oficiales, actuando en contra de la naturaleza misma de la pobreza que no tiene un significado único sino una serie de relaciones por medio de similitudes, como por ejemplo: necesidad, privación, limitación, nivel de vida, pobreza, desigualdad, posición económica, clase social, dependencia, carencias, ausencia y exclusión (SPICKER, 2019).

La desigualdad al no ser patrimonio específico de una disciplina, es un campo con un alto tratamiento que tiene como esencia un concepto muy lejos de ser univoco. Las personas pueden ser consideradas pobres porque están en una situación desventajosa, esta imagen es el motor de aquellos que buscan establecer un umbral o un nivel de ingreso necesario para acceder a los niveles mínimos de vida. Por lo tanto, hay una conexión ineludible entre pobreza y desigualdad, que se produce en la “distancia económica” encontrada más allá del nivel crítico (SPICKER, 2019).

Esta relatividad conceptual también se observa en la carecía y limitaciones de las fuentes de datos oficiales, en la República Argentina los dos métodos utilizados son el de la Línea de Pobreza (LP) y el de las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) (Moreno, 2017).El primer caso es un método indirecto, para el cual la pobreza esta relacionadas con el nivel de ingreso del hogar y el segundo caso es un método directo que considera que un hogares pobre si registra al menos unas de las privaciones preestablecidas definidas utilizando la información censal (Barneche, y otros, 2020). En ambos casos no se contempla aquellos servicios que no se adquieren en el mercado por ejemplos los subsidiados por el estado, tampoco distingue entre pobreza crónica o temporal (Departamento de Evaluación Social, 2002).

La existencia de distintos enfoques connota que la pobreza incluye un conjunto de realidades y dimensiones, que la hacen un fenómeno multidimensional y complejo. Ello, exige definir políticas públicas que orienten la superación de la pobreza más allá de la conceptualización entendida sólo como carencia de ingresos. En el año 2010 el Programa de la Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), elabora el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM)estableciendo que la medición de la pobreza debe incluir un conjunto de indicadores asociados tanto a funciones de bienestar como a funcionamientos básico en materia de derechos sociales y económicos fundamentales. La desventaja reside en que esta información no es desagregada al interior de los países, presenta dificultades para la comparabilidad y que solo responde a una selección de aspectos, indicadores y umbrales no totalmente fundamentada en la teoría (Lopez & Safojan, 2013).

A partir del conocimiento de las limitaciones de un abordaje centrado en el concepto de la pobreza y la complejidad dinámica de los hechos sociales, se reconoce en la discusión la necesidad de nuevos diagnósticos para el diseño de políticas sociales en tiempos de crisis. Diferenciar la complejidad de la problemática social resulta central para poner el foco en otro tipo de variables o conceptos a partir de los cuales arrojar luz sobre la situación social, por ejemplo, la territorialidad de los fenómenos sociales como la segregación espacial como proceso de aislamiento y estratificación, tanto social como espacial (Freyre, 2012).

Al presentar cualquier fundamento sobre el cual se toman decisiones, la información contenida en el sistema debe ser objetiva y oportuna, principalmente para aquellos usuarios clasificados que pueden contribuir desde la experiencia a la necesidad del momento. Pero también debe ser relevante para describir la situación real y confiable en la forma en que es recolectada, contar con instrumentos metodológicamente consolidados, evitando consultas irrelevantes que atente contra la calidad de la información.

Se debe resaltar que las dimensiones: datos, información y sistemas de información, son conceptos íntimamente relacionados entre sí, tal es la conjunción de los mismos que si uno falla todos fallan: si los datos no permiten explicar el fenómeno entonces no son de utilidad para la toma de decisiones y si los mismos no son organizados y presentados de forma útil para los especialistas, entonces no se constituyen como información.

Por último, acceder a la información fortalece principalmente a los gobiernos democráticos, ya que todo análisis que generen los especialistas se convertirá en un poderoso mecanismo de autocorrección y aprendizaje. Una sociedad desinformada es una sociedad sin herramientas para adelantar pronósticos, planificar y diseñar políticas públicas, pero principalmente para afrontar cualquier contexto que le presente desafíos.

Conclusión

El ejercicio realizado permite extraer algunas ideas preliminares sobre la desigualad persistente, la profunda brecha existente y las limitaciones conceptuales y de cálculos que se presentan en el campo de estudio.

La preocupante profundización de las desigualdades sociales en ingresos, recursos, participación, oportunidades, etc. agudizadas en este último tiempo primero por los efectos de la pandemia por el Covid-19ydespués por consecuencias de la guerra entre la Federación de Rusia y Ucrania, que afecta a la población más vulnerable de la región, sobre todo por el incremento de los precios de los alimentos y los efectos negativos sobre el mercado laboral; interpela a los estados a redoblar los esfuerzos en generar políticas públicas que permitan recuperar el retroceso observado.

La apremiante actualidad plantea la necesidad de generar diagnósticos que identifiquen no solo las debilidades del Estado frente al dinamismo de las consecuencias, sino que también demarquen un lineamiento conceptual en el que la pobreza sea analizada con su más amplia relación de significados. Diferenciar la complejidad de la problemática social resulta central para poner el foco en otro tipo de variables o conceptos a partir de los cuales se pueda arrojar luz sobre la situación social.

Como seres emocionales y pensantes, no debemos permitirnos vivir en la comodidad sin preocuparnos por evitar que las personas caigan en la pobreza y que el bienestar sea para todos y no un privilegio de pocos.

Bibliografía

Barneche, P., Bugallo, A., Ferrea, H., Ilarregui, M., Monterde, C., Pérez , V., & Santa María, T. (2020). Métodos de Medición de la Pobreza. Conceptos y aplicaciones en América Latina. Entrelíneas de la Política Económica Nº 26 - Año 4 , 1-11.

CEPAL. (2022). Los impactos socio demográficos de la pandemia de COVID-19 en América Latina y el Caribe. Santiago de Chile: ONU.

Departamento de Evaluación Social. (2002). Síntesis de los principales enfoques, métodos y estrategias para la superación de la pobreza. Chile: MIDEPLAN.

Freyre, M. L. (2012). Crítica del concepto de "Pobreza": sus alcances y limitaciones en el marco del análisis de políticas sociales. Astrolabio, 221- 249.

Lopez, C., & Safojan, R. (2013). Un análisis multidimencional de la pobreza: evidencia reciente de las regiones de Argentina. ECONOMÍA POLÍTICA DE BS. AS.| Año 7 | Vol. 12, 9-44.

Moreno, M. J. (2017). La medición de la pobreza . Sociedad 37, 135-154.

OXFAM. (2022). Beneficiarse del sufrimiento. OXFAM.

Robles, C., & Rossel, C. (2021). Herramientas de protección social para enfrentar los efectos de la pandemia de COVID-19 en la experiencia de América Latina. Santiago de Chile: ONU.

Salvia, A., Bonfiglio, J. I., & Robles, R. (2021). Efectos de la pandemia COVID-19 sobre la dinámica del bienestar en la Argentina urbana. Una mirada multidimensional acerca del impacto heterogéneo de la crisis tras una década de estancamiento económico (2010-2020). Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Educa.

SPICKER, P. (2019). Definitions of poverty: twelve clusters of meaning. En S. Á. P.Spicker, Poverty. An International Glossary (págs. 229-243). Nueva York: CLACSO.

Vera, J. (2022). La indigencia y la pobreza por ingresos en la Argentina a través de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA). En J. I. Bonfiglio, J. Vera, & A. Salvia, Desigualdades estructurales, pobreza por ingresos y carencias no monetarias desde una perspectiva de derechos. Un escenario pre-post COVID-19 de crisis e incertidumbre (págs. 6-14). Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Educa.

(*) Investigador Asistente de CONICET - Docente de la Facultad de Humanidades, Universidad Nacional de Catamarca- danielestebanquiroga@gmail.com

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