En el 39º Aniversario de su recuperación y como antesala de cuatro décadas ininterrumpidas de vida en Democracia en nuestro país, aquélla cuyo corolario estuvo a cargo del Dr. Raúl Alfonsín, nos encontramos ante el ineludible interrogante acerca de cuáles son los nuevos desafíos a los que se enfrenta la Democracia en los tiempos que corren y cuál es el lugar que nuestra generación va a ocupar en la historia, siendo Hijos de la Democracia y guardianes de una memoria que no puede desaparecer.
Los desafíos de la Democracia rumbo a los 40 años de su recuperación
Ya los revolucionarios de 1810 nos hablaban acerca de la construcción de un Estado con una forma de gobierno republicana para el pueblo y que más tarde decantó en las bases de la Constitución de 1853, Carta en la que se marcaron los principios para erigir una verdadera Nación: la “Nación Argentina”, y aquélla cuyos valores rigen nuestra vida en convivencia, con esto, y proyectando un paralelismo con la actualidad nos preguntamos: hoy ¿son una realidad o estamos inmersos en una utopía? Aquéllos consagrados principios, ¿aún son un objetivo a cumplir? Y en ese caso…¿Qué se está haciendo para constituir la unión nacional, afianzar la justicia y proveer al bienestar general?
Habitamos tiempos en los que las diferencias políticas no han hecho más que acrecentar una grieta que divide al pueblo argentino enfrentándonos unos contra otros, y de la que unos cuántos se han servido para establecerse en el poder alimentando esa división, como si aquéllas diferencias fueran insalvables, y en ese sentido, no podemos perder más tiempo: los síntomas de nuestra época nos llaman a unirnos en un interés común, por el bien de todos.
Han transcurrido 39 años desde su recuperación y el fortalecimiento de la Democracia es un desafío constante, los últimos acontecimientos políticos sucedidos en nuestro país han dejado en evidencia la necesidad imperiosa de tener una gestión de gobierno esencialmente transparente, donde la modernidad y el acceso a la información pública dejen de ser una meta y se conviertan en una realidad y en la que nuestros gobernantes no les teman a las exigencias de una Ficha Limpia ni a las nuevas dinámicas de una Boleta Única.
Es una realidad que el mundo vive una vorágine de cambios que impactan directamente en las formas de gobierno, y de los que Argentina no está exenta. Es allí hacia donde debemos dirigir nuestra mirada y análisis, pero especialmente nuestro comportamiento: el avance de la tecnología, la conservación del ambiente como derecho humano, la discusión del género, la riqueza y su distribución, las políticas de alimentación, son algunos de los ejes que demandan una atención urgente de las agendas democráticas y que han encontrado en las calles el escenario de su discusión, exigiendo ser acogidas en los ámbitos parlamentarios y ejecutivos.
Por otra parte, como herederos de una historia transmitida a través de la palabra de quienes han tenido la triste oportunidad de sufrir los tiempos más oscuros que puede vivir un Estado, nos debemos el ejercicio continuado de la memoria, único medio para oponerse a discursos que intentan negar las atrocidades de un pasado doloroso y frente a los que no podemos allanarles el camino con nuestro silencio: porque si la bestialidad no fue tan grave, entonces el peligro de su repetición es inminente.
Ya nos los decía Alfonsín. “Tenemos un método: la Democracia para la Argentina”, y por ella daremos los combates necesarios para que la persecución, la corrupción y la tiranía no se interpongan en el camino del país con el que soñamos: el de la independencia, la soberanía, la libertad y la igualdad. Estamos escribiendo nuestra propia historia con la Democracia como norte, ésta es nuestra oportunidad como generación.