domingo 30 de noviembre de 2025
Pierden contra la inflación

Jubilados abandonan control de enfermedades por falta de recursos

Los jubilados de la mínima ven cómo su ingreso queda por debajo de la inflación y restringen alimentación, medicamentos y controles de salud.

En diciembre de este año los más de cinco millones de jubilados con un haber mínimo cobrarán $ 581.319,38. Ese monto resulta de la suma del ingreso mensual ($ 340.879,59), el bono (de $ 70 mil, congelado desde marzo de 2024) y la segunda cuota del aguinaldo ($ 170.439,79). Ese total representa un incremento del 28,6% respecto a lo que cobraron en diciembre de 2024, cuando ese número fue de $ 451.758. El último porcentaje informado por el Indec fue de un incremento interanual de precios del 31,3%. Por lo tanto, lo que recibirán los jubilados en diciembre quedará casi tres puntos por debajo de lo relevado –hasta octubre– por el instituto de estadísticas.

“Una es la situación de los cinco millones que cobran la mínima o están cerca de la mínima”, explicó a Perfil Eugenio Semino, Defensor de la Tercera Edad. Principalmente, agregó, “los que cobran el bono pierden más poder adquisitivo que los otros dos millones restantes. Esos cinco millones están cada vez más lejos de la canasta de un jubilado”. La última estimación de la Defensoría fue de $ 1.514.074 para octubre. Por lo tanto, lo que cobrará un jubilado de la mínima en diciembre (con bono y aguinaldo incluidos) alcanzaría a solventar una tercera parte de sus necesidades básicas. De hecho, en el último año el ingreso más bajo de diciembre pasó de cubrir el 49,5% de una canasta al 38,3% en 2025.

Para llegar a fin de mes cada vez más más adultos mayores se incorporan al mercado laboral informal. “Los que pueden trabajan de todo lo que sea, pero esos son los que pueden hacerlo. Tenemos un número grande de personas que no pueden hacerlo por razones de salud, por ejemplo. También hay cada vez más personas que viven más, de más de 90, 85 años, que no pueden trabajar”. La posibilidad de obtener recursos de otra manera es casi nula. “Ya no hay créditos de Anses y lo que se ofrece hoy en créditos para jubilados es una gran mentira de los bancos. Dicen que dan una tasa especial, pero en realidad es la tasa común menos algún punto”, expresó.

En el caso de los jubilados incluso endeudarse –una tendencia que crece entre el resto de la población– resulta más difícil. Y quienes acceden a un financiamiento lo hacen por medios informales o prestamistas que cobran intereses altísimos (según detalló en una nota PERFIL, pueden llegar hasta el 700% interanual). “Los créditos se usan para pagar deudas o el alquiler. En las grandes ciudades los jubilados pasaron a ser los grandes morosos de las expensas de los edificios” y, “mientras más pobre sos, más interés te cobran”, opinó el gerontólogo.

Solamente para la compra de alimentos un jubilado requeriría $ 348.000, casi $ 8.000 más que el haber mínimo sin contar el bono. Para la adquisición de medicamentos la estimación de necesidades básicas mensuales es de $ 402.888. Por eso los jubilados se privan de lo básico. “En términos de vida cotidiana lo que van haciendo es restringir cada vez más su dieta”, agregó Semino. También pasa con los controles de salud. “Tenemos una catarata de gente, pacientes oncológicos, por ejemplo, que no se controlan. Esto va más allá de los miedos que implica hacerlo: el tema es que temen que tengan que cambiarles la medicación y no la puedan comprar, son temores anexos a los que tiene cualquier paciente”. Si hay un cambio de tratamiento, “no tienen cómo cubrirlo”, aseguró.

El Centro de Economía Política Argentina estimó que, para el trimestre septiembre-noviembre las jubilaciones con bono fueron un 16,1% inferiores al nivel registrado en el último trimestre del gobierno anterior. Las jubilaciones sin bono, en cambio, perdieron el 1,7%.

Incluso los “privilegiados” que pueden cubrir lo esencial se van desprendiendo de costumbres que también hacen a la calidad de vida. Los que todavía pueden tomarse un café (como un lujo que preservan) “fueron mutando de lugar”, comentó el defensor de la tercera edad. “Terminaron en las grandes cadenas o en lugares en donde ofrecen promociones”. Aunque esto no se mida en las estadísticas sobre pobreza, es importante, resaltó. “Van perdiendo sus lugares de pertenencia” y con ellos, “su historia”.

Fuete: Perfil

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