viernes 23 de febrero de 2024
Para los meses que vienen

Advierten una inflación "descontrolada", recesión e inconsistencias en el plan económico

Desde la devaluación de Caputo, el Banco Central compró, aproximadamente, US$3.500 millones. Sin embargo, el hecho de que en diciembre se haya registrado un 25,5% de inflación comienza a erosionar las ventajas competitivas obtenidas.

Luego de conocer el dato de inflación de diciembre que se ubicó en el 25,5%, impulsando un cierre anual del 211,4% —la inflación anual más alta desde 1990—, una de las primeras preguntas que surge es si la economía logrará estabilizarse con una inflación a la baja y cuáles serían los costos de dicho proceso.

Durante el último mes del año pasado se produjeron una serie de aumentos de precios que, sumados a la dinámica inflacionaria previa, complicaron fuertemente el panorama para los próximos meses: la suba de $400 a $832 del tipo de cambio oficial, la liberación de precios en los combustibles y prepagas, sumado al salto experimentado por los alimentos deterioran fuertemente las condiciones de vida de la sociedad.

Si bien, dicho aumento de precios ha sido un shock para el bolsillo de los consumidores, es preciso decir que es recién el primer paso de un camino de al menos tres etapas, o rondas.

En este sentido, a partir de este mes y durante febrero comienzan a recortarse los subsidios, una precuela del impacto de la ley ómnibus, que establece la liberalización total de las tarifas de gas, luz y transporte, eliminando la gran mayoría de los subsidios, y que podría tener impacto a partir de abril, si el Congreso la aprueba.

A su vez, en marzo se reabren la mayoría de las paritarias de los gremios más importantes que querrán recuperar algo del poder adquisitivo perdido.

Fernando Morra, director de análisis macroeconómico en Suramericana Visión dijo que hay “un salto muy fuerte en transables, que es básicamente alimentos y bebidas, un aumento del precio de la nafta y, básicamente, ese núcleo que estuvo arriba del 30%” pero que, además, hay bienes regulados y servicios “que ayudaron a mantener una dinámica bastante por debajo de esos bienes que cotizaron a precio internacional”.

Devaluación del tipo de cambio oficial, liberalización de las tarifas y reapertura de paritarias son los tres componentes más importantes de un plan que, si bien tiene como objetivo estabilizar la economía y bajar la inflación, durante el período diciembre-marzo la elevará a niveles superiores a los vividos durante las últimas dos décadas.

¿Cuál es el plan?

El objetivo de devaluar el tipo de cambio oficial es ganar competitividad incrementando el tipo de cambio real —cantidad de bienes y servicios que se pueden comprar con un dólar—. Es decir, para los exportadores, un tipo de cambio elevado es redituable, en tanto y en cuanto la inflación no se desate porque, cuando eso sucede, los dólares obtenidos por sus ventas al exterior pueden comprar cada vez menos bienes. Esto significa que la devaluación deja de tener efectos reales y, por ende, bajan, los incentivos a liquidar exportaciones.

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Con el salto del 108% del tipo de cambio se generó un incentivo muy fuerte para los sectores exportadores. Tal es así que, desde la devaluación de Caputo, el Banco Central compró, aproximadamente, US$3.500 millones. Sin embargo, el hecho de que en diciembre se haya registrado un 25,5% de inflación comienza a erosionar las ventajas competitivas obtenidas a partir del aumento del dólar. Si a esto se le suma el futuro aumento de tarifas y la reapertura de las paritarias, las probabilidades de que el tipo de cambio real quede bajo nuevamente son altas.

Esto comienza a verse en la brecha cambiaria que, después haber bajado significativamente —llegó a estar en el 3% el 27 de diciembre—, rozó el 40% durante los últimos días, con lo cual, el mercado podría estar adelantándose a una futura devaluación. Si esto sucede, comenzará, nuevamente, una ronda de aumentos de precios y la pregunta es cuál será el ancla para frenar dichos incrementos.

En este sentido, el plan del gobierno parece ser bastante claro: congelar el consumo, recesionar la actividad y, de esta manera, estabilizar los precios.

En su informe Sinceramiento de precios: ¿al salario le mintieron?, la consultora Ecolatina publica que “dada la inflación esperada —que como mencionamos promediará 20% mensual entre diciembre y marzo—, para que el poder adquisitivo no se erosione en los próximos meses los salarios deberán correr al mismo ritmo. Si bien las ya aceitadas paritarias jugarán su papel en los próximos meses, morigerando el deterioro del poder adquisitivo, salir ”empatados“ de este proceso parece difícil: solamente el salto de la inflación en diciembre dejará perdidas del orden del 10% en términos reales”.

“En esta situación, veamos por qué es crucial lo que suceda con los salarios. En un extremo, si los salarios se indexan de facto y logran no perderle pisada a los precios, la inercia inflacionaria no sólo no se cortaría, sino que, además, estará latente el riesgo de una pronta espiralización precios-salarios. Este escenario de inestabilidad nominal primero minaría la popularidad del Gobierno —porque la inflación se estacionaría en niveles elevados, por encima del 20%— y también su credibilidad para llevar adelante un plan de estabilización exitoso, en el que eventualmente resultaría más difícil desindexar la economía (…) cuanto mayor sea la diferencia en la velocidad a la que corren los precios respecto a los salarios, más grande será el efecto recesivo y posiblemente más rápida la desaceleración de la inflación”, agrega el informe.

Consultado sobre este punto, Morra opinó que “estamos frente a una caída de, aproximadamente, el 20% de los salarios reales durante los últimos dos meses con lo cual, en los próximos meses, vamos a ver aumentos de los no transables, tal vez no al ritmo del dólar, pero sí intentando recomponer algo, con lo cual la inflación de enero y febrero va a ser bastante alta. A partir de marzo/abril vas a tener el aumento de los regulados con lo cual va a seguir con una dinámica de precios muy fuerte”.

Al respecto, Julio Gambina, docente universitario profesor titular de Economía Política en la UNR Rosario aseguró que “el gobierno chantajea a la población no solo señalando la suba de precios en el rezago derivado de controles sino que induce mayores alzas para generar temor a la inflación: el ministro de economía declaró que, si no se aprueban las leyes reaccionarias presentadas al Congreso, la situación será peor con ajustes más severos”.

La velocidad del ajuste y de la estabilización de los precios va a depender de la dinámica de desahorro de los sectores que aún cuentan con ciertas reservas. Es decir, en un contexto de fuerte deterioro de los ingresos reales, quienes quieran mantener sus niveles de consumo tendrán que recurrir a sus ahorros para garantizar ese sostén: lo contrario a lo que postula la escuela austríaca —corriente teórica a la cual adscribe el Presidente— sobre fomentar el ahorro para garantizar el crecimiento futuro en base a la inversión.

Por último, a pesar de todas estas medidas anunciadas e implementadas, según Javier Milei, la inflación presente es función exclusiva de la emisión monetaria pasada, de entre 18 y 24 meses. Es decir, según su marco teórico, la emisión monetaria presente tiene impacto directo en el futuro, con lo cual, si hoy comenzara un proceso de emisión 0, la inflación recién bajaría dentro de un año y medio o dos años. Al margen de que es una corriente de pensamiento que ha quedado desactualizada en el tiempo, si no hubiera nada que hacer, no se logra comprender, entonces, por qué habría que “sacar en andas a Caputo” por alcanzar una inflación del 25% ya que en teoría cualquier medida tomada recién tendría impacto dentro de un año y medio.

Fuente: www.eldiarioar.com

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