miércoles 1 de abril de 2026
Análisis

La negociación de la Deuda

Por Marcelo Altamirano (*) - Especial para El Ancasti

Por Redacción El Ancasti

Dicen que en el protocolo del negociador reza que nadie obtiene lo que pide al inicio de una negociación. Algo así como que los negociadores se sientan a la mesa con una de máxima y una de mínima.

En tiempos de pandemia y guerra comercial entre colosos, los conflictos de deuda soberana siguen patrones más complejos que requieren análisis y estrategias más sofisticados.

La teoría de Juegos es una metodología matemática aplicada, que sirve para analizar conflictos entre seres racionales que recelan unos de otros, plantea que debe haber una forma racional de jugar a cualquier «juego» (o de negociar en un conflicto), especialmente en el caso de haber muchas situaciones engañosas y segundas intenciones; así, por ejemplo, la anticipación mutua de las intenciones del contrario, que sucede en juegos como el ajedrez o el póquer, da lugar a cadenas de razonamiento teóricamente infinitas, las cuales pueden también trasladarse al ámbito de resolución de conflictos reales y complejos. 

En síntesis, los individuos, al interactuar en un conflicto, obtendrán resultados que de algún modo son totalmente dependientes de la interacción entre ellos; si alguno oyó hablar del dilema del prisionero sabe a qué me refiero.

Supone esta teoría que cada jugador conoce y ha adoptado su mejor estrategia y que todos conocen las estrategias de los otros.
Consecuentemente, cada jugador individual no gana nada modificando su estrategia mientras los otros mantengan las suyas. Así, cada jugador está ejecutando el mejor "movimiento" posible teniendo en cuenta los movimientos de los demás jugadores.

En otras palabras, un equilibrio es una situación en la cual todos los jugadores han puesto en práctica, y saben que lo han hecho, una estrategia que maximiza sus ganancias dadas las estrategias de los otros. Consecuentemente, ningún jugador tiene incentivo alguno para modificar individualmente su estrategia.

Es importante tener presente que un equilibrio no implica que se logre el mejor resultado conjunto para los participantes, sino sólo el mejor resultado para cada uno de ellos considerados individualmente. 

El profesor nos decía en clases: todos saben todo, además todos saben que todos saben todo, es decir que todos saben cuál es límite máximo y mínimo de su oponente y pueden decidir colaborar en encontrar la solución o no hacerlo.

Los bonistas saben que la economía mundial está al borde del colapso, saben que Argentina está en cesación de pagos desde el año pasado con el famoso reperfilamiento, saben que puede ser la primera ficha de un dominó inmenso, saben que es un problema de solvencia financiera de corto plazo, pero también una situación de incertidumbre de largo plazo, saben que compraron papeles a veinticinco o treinta centavos que pagaban el 7% de interés en un mundo de tasa cercana a cero, que las estrategias de embargo y acoso mediático no son suficientes, saben que el monto negociado con Argentina no es significativo respecto de sus activos pero si puede ser un caso testigo. 

Argentina, o mejor dicho su gobierno, sabe que el precio de los bonos no se irá más abajo y que ya está en cesación de pagos, que las condiciones de negociación no son las mismas que en la década pasada, que su economía está devastada, con serias complicaciones para la recuperación, sabe que la contradicción deuda interna versus externa reduce el consenso social, y por lo tanto el tiempo, ambos de manera drástica, sabe entonces que necesita distribuir el peso, sabe que el tamaño del monto negociado no es significativo respecto del volumen total de la deuda pues la novela sigue después con el FMI. 

Los organismos internacionales de crédito, saben que son corresponsables de la debacle financiera y de las fallas de la economía de mercado como asignadora de los recursos, saben que la concentración de la riqueza ha sido el resultado de sus recomendaciones de política económica, saben que otra vez como en los años ochenta el mundo enfrenta una crisis de deudas soberanas con el agravante del contexto de guerra comercial entre gigantes y de pandemia sanitaria.

Todos saben lo que sabe cada uno y por tanto saben cuál es la estrategia individual de cada jugador, entonces el resultado debería ser Todos Ponen cuando termine de girar la peonza de la perinola.

Todos, los que siempre pagan sin haber disfrutado una moneda de tamaña deuda, los que siempre especulan tratando de ganar a toda costa, los que no quieren hacerse cargo, los que dan consejos de cómo salir del atolladero al que nos llevaron, los que quieren saber la verdad, los que tienen posiciones irreductibles suponiéndolas patrióticas y revolucionarias, los buitres y sus amigos locales, los que aprovechan la situación para destruir los consensos, los que construyen consensos.

Al parecer este juego sobre la negociación de la deuda ha superado una etapa y se trata de un juego colaborativo. Los jugadores buscan una solución: ahora bien, los equilibrios en la teoría de juegos no siempre son los esperados. Pasa que, en este sistema, todos no significa necesariamente TODOS.


(*) Licenciado en Economía- Docente e investigador de la UNCA.
 

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