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Rodolfo Schweizer

Matemáticas, estadísticas y mentiras

Por Rodolfo Schweizer-El Ancasti, Diciembre, 2017
20 de diciembre de 2017 - 10:17 Por Redacción El Ancasti

En el mundo actual se supone que una nación, para acceder a lo que se entiende por país, debe tener un Estado y un gobierno propio. Naturalmente, dada la diversidad de componentes que hacen al desempeño organizado de un país, es comprensible que el Estado deba recurrir a técnicas varias, como censos, relevamientos aéreos, investigaciones de mercado, etc., para buscar datos de la realidad, a partir de los cuales y con el auxilio de las estadísticas, construir una aproximación a la misma.

Decimos aproximación porque, técnicamente, la estadística representa un cálculo matemático que da la probabilidad de que un evento sea verdad. Se acepta el resultado si se verifica matemáticamente que su valor tiene algo así como un 99% de validez. Esta información es usada luego por los gobiernos para tomar decisiones económicas o políticas que alcanzan a toda la sociedad. Es al menos lo que esperamos. Hasta aquí la teoría. 

En estos días nos hemos encontrado con dos noticias que demuestran lo lejos que nuestro país se encuentra de esa normalidad. Por un lado la  renuncia terminante de la Directora del Indec Cynthia Pok ante la presión política del gobierno de San Juan, por haber sostenido que el nivel de desocupación allí era del 9%, el doble de la medición del año pasado.  La segunda, la revelación de que el estado argentino en todos los niveles, nacional, provincial y municipal no tiene estadísticas propias que informen en qué situación está el país en las distintas áreas que hacen al funcionamiento de la nación: educación, salud, economía, seguridad, niveles de pobreza, de desempleo, tráfico de droga, agricultura. Nada. (La Nación, diciembre 17, 2017)

Según se dice en ese medio, cuando el Jefe de Gabinete Marcos Peña dio un reporte el 27 de abril de 2016, sus datos no salieron de las oficinas del gobierno, sino de las ONG, universidades, empresas privadas, consultoras, etc., porque en el gobierno no existían. Y eso que en esa área revisten más de 4.000 empleados públicos. El colmo llega a que ni siquiera se sabe, de seguro, cuántos habitantes tiene la república.

Esto genera una pregunta básica: ¿cómo puede, cualquier gobierno, en cualquier nivel, diseñar una política de estado si no sabe dónde está parado, al no haber indicadores que informen o den una idea de la realidad? Peor aún, muchas veces esos datos se han “dibujado”, como aquellos de la pobreza del 3%, que la misma iglesia de encargó de llevarlos a la realidad del 30%. 

Ahora, con su renuncia, la Directora del Indec ha reavivado la crisis que domina al sector a cargo de las estadísticas nacionales. En efecto, si nos atenemos a sus declaraciones, cuando dice que “la normalización de las estadísticas públicas es un proceso todavía en curso” (La Nación, diciembre 16, 2017), es obvio que está admitiendo la posibilidad de un error de apreciación en sus estadísticas. Obviamente, no sabemos si esto se debe a una falla humana o a la metodología empleada. 

El problema con las matemáticas

El uso de las estadísticas para evaluar la realidad, sobre todo social, tiene sus propios problemas. Digamos, para simplificar, que a las matemáticas que la sostienen es posible teñirlas, darles intensiones espurias,desde el momento en que se confeccionan las preguntaspara relevar los datos. La técnica es crear preguntas “sustitutas” (“proxies” en inglés}, que deberían ser neutrales, para no inducir una respuesta equivocada. Con ello se busca evitar que los datos que luego se introducen en la computadora no se correspondan con la realidad. Sin embargo, no siempre es así.

Para ejemplificarlo, digamos que si en un programa computacional que evalúa la capacidad de un individuo para pagar un crédito, la mayoría de los puntos a favor se los da el tipo de barrio donde vive, es extremadamente alta la probabilidad de que si viene de un barrio pobre no obtenga los puntos necesarios para calificar para el crédito, más allá de que tenga buenas entradas.

La decisión aquí no la tomó el gerente de un banco, sino la computadora, mal instruida por los que hicieron el programa al negarle a una persona, arbitrariamente, capacidad de pago por vivir en un barrio pobre. La computadora no fue, obviamente, la culpable de negar el crédito. Solamente ha seguido la instrucción que le ha dado una persona con prejuicios sociales.

Este tema de la falta de neutralidad en las evaluaciones estadísticas lo ha abordado Cathy O’ Neil, Doctora en Matemáticas, en su bestsellerde 2017 WeaponsofMathDestruction (Armas Matemáticas de Destrucción). Su objetivo está en el subtítulo: Cómo el manejo de datos aumenta la desigualdad y amenaza a la democracia. Un tema serio para tener en cuenta en un país como el nuestro, que no se puede dar el lujo de mentirse a sí mismo.

Según O ‘Neil, a las matemáticas que sirven de base a los estudios estadísticos es posible imprimirlesuna ideología, que no es otra que la de los técnicos y especialistas que diseñan y usan la aplicación.En ello intervienen doctores en matemáticas y estadísticas, que son los que traducen los datos relevados a números que luego integran lo que se llama un “algoritmo”, algo como la hoja de ruta en la operación de la computadora. 

El problema de la falta de neutralidad de las estadísticas deriva en parte de los prejuicios académicos asociados a cada disciplina, a los que hay que agregarles los propios en función de la ideología política, religión, creencia, etc., de los que intervienen en el estudio. En efecto, en los estudios sociales un sociólogo hilvanará preguntas y respuestas asentadas en lo que su especialidad le enseñó a ver o considerar. Lo mismo un sicólogo y así sucesivamente con otras disciplinas. El problema aquí es que el programa usado para el análisis reflejará las limitacioneso virtudes de ellas. Quien dude de esto sométase al ejercicio personal de definir en que consiste la pobreza y cómo la mediría o definiría si tuviera que explicarla.

Técnicas y limitaciones

Un ejemplo de las dificultades con las estadísticas la da la medición del desempleo en EE. UU. Aquí una de las variables usadas para estimar la situación es el nivel de gasto en las tarjetas de crédito, sobre todo en épocas de grandes fiestas como la Navidad y otras.Un mayor gasto usando tarjetas indica que el desempleo no afecta globalmente a la sociedad y viceversa. Obviamente, aquí el que eligió la variable “gasto en tarjeta” para evaluar el desempleo no fue un sociólogo o sicólogo, sino un economista. 

En otra opción se usa el aumento o disminución de solicitudes de ayuda por desempleo ante las oficinas de la seguridad social. Se asume que, si aumentan las solicitudes, hay mayor desempleo y viceversa. Sin embargo, este método es falso, pues no tiene en cuenta al individuo que decide no solicitar más esa ayuda por propia voluntad, por ejemplo, porque ahora se dedica a la venta ambulante donde la transacción es en efectivo o trabaja de albañil, donde gana más “en negro”, y por lo cual no hace aportes a la seguridad social. 

Imaginemos lo que esta ausencia de un método equitativo representa en una economía informal como la nuestra, donde miles de personas están seguramente en esa situación; donde gran parte de la economía funciona informalmente, sin contar la corrupción o la parcialidad de origen profesional del encuestador o del programador que procesa los datos.

Ahora bien, estas aplicaciones de las matemáticas en el área del empleo también se adaptan a lo individual.  Aquí es común agregar a la hoja con los datos personales del solicitante una serie de preguntas “proxy” que a simple vista parecen extrañas, pero que buscan definir el perfil sicológico de la persona. Así, nadie se debe sorprender si le preguntan si paga sus tarjetas de crédito a tiempo, con la intención última de saber si, como persona, es responsable y confiable o no. O si le gusta practicar deportes para saber si tiene habilidades para trabajar en equipo o no. Si bien la computadora a través del programa irá encasillando o definiendo al solicitante con un determinado tipo de personalidad, aquí también, la “sentencia” de la computadora responde a lo que el programador le introdujo en su programa de operación o algoritmo. 

Otra de las mayores aplicaciones de las matemáticas a las estadísticas se da en el mundo financiero, donde las decisiones de compra o venta de acciones de compañías o de bonos soberanos son instantáneas. También son decisivas en la decisión de apoyar o calificar financieramente a un país basado en la lectura y análisis de sus variables económicas y sociales. Cuando hace pocos meses la agencia Moody modificó el nivel riesgo-país al nuestro, bajándole un punto, lo hizo en base al análisis estadístico no solamente de las variables macroeconómicas, sino de las sociales y políticas, lo cual seguramente implicó que se tuviera que pagar un mayor interés en los préstamos internacionales. Ni hablar ahora, luego de las batallas campales de los últimos días en Bs. As., por el tema de las reformas jubilatorias.

Volviendo a la situación del Indec luego de la actitud valiente de la directora renunciante, nos preguntamos dónde estuvo el problema; qué fundamentos tuvo la provincia de San Juan para cuestionar su evaluación del desempleo. Saberlo es necesario porque nuestro país no debe ni puede seguir cautivo de las actitudes individuales o de gobiernos provinciales que, generalmente,  se creen dueños de la verdad, pero que en la realidad no tienen datos de la realidad de sus provincias.
 

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