10 de septiembre de 2012 - 00:00
El enfoque monetario de la balanza de pagos y el caso argentino
Frente al repetido comentario de profundizar el modelo que rige los destinos económicos del país, el enfoque monetario de la balanza de pagos parece tener mucho que explicar sobre las medidas adoptadas por las autoridades de gobierno en los últimos años para fortalecer el complejo productivo interno. No obstante, el enfoque presenta ciertas incongruencias que contradicen los resultados esperados y provocan alteraciones de precios aún mayores a las preexistentes.
El balance del Banco Central se explica a través de la siguiente identidad: las reservas internacionales (oro, divisas, colocaciones a plazo y otros) es igual a la cantidad de dinero (de carácter doméstico) menos el crédito interior (constituido por los títulos de propiedad que ostentan las autoridades monetarias sobre el sector público, y por los préstamos concedidos al sector privado, incluidos los bancos comerciales).
Esta identidad refleja la condición de equilibrio que debe regir para mantener en equilibrio el balance del Banco Central. Es decir, que su tenencia de activos exteriores (reservas internacionales) sumados al total de créditos concedidos a los agentes privados locales (crédito interior) sea igual a la cantidad de dinero que ofrece para hacer frente a sus pasivos. En otras palabras, el balance del Banco Central se equilibra toda vez que la variación total de la oferta de dinero menos la variación total del crédito interior se mantenga igual a la variación total de las reservas internacionales.
La importancia de la ecuación de balance del Banco Central radica en que las reservas internacionales expresan el saldo que debe tener la balanza de pagos. O sea, el enfoque monetario plantea, en la práctica, que el total de transacciones oficiales de reservas que el Banco Central opera diariamente debe ser igual al saldo de la balanza de pagos.
Un caso particular
En nuestro país, un objetivo claro que las actuales autoridades de gobierno intentan proteger es el de no incurrir en un déficit de balanza de pagos. Con este fin se vienen proyectando medidas de estabilización consistentes en mantener el saldo de la balanza de pagos en valores positivos. Para ello, el Estado Nacional debe contar con las reservas internacionales suficientes que resguarden monetariamente los déficit que puedan acaecer en el corto plazo, dados los términos del intercambio comercial argentino. Adicionalmente, este objetivo se complementa con la necesidad de sostener bajo control los pagos programados de vencimientos de deuda.
Este cuadro particular de cosas, modifica el objetivo central de superávit de balanza de pagos al tener en cuenta en gran medida tres aspectos claves: i) los vencimientos y renegociaciones de deuda pública en moneda extranjera que ocurran en el ejercicio; ii) el uso de reservas internacionales que se efectivice periódicamente para cancelar deuda; y, iii) los potenciales créditos en moneda de reserva que se puedan obtener del exterior.
Esta manera de encarar la política económica produce un rotundo cambio de paradigma a la hora de enfrentar los pagos de la deuda soberana. Cuando durante la década de los años noventa la política de endeudamiento respondió principalmente a financiar los incrementos sostenidos del gasto público, en la actualidad las autoridades de gobierno procuran implementar políticas de promoción de la industria, bajo un esquema productivo de economía autosustentable. Es decir, a través de la generación de divisas que motorice la economía interna. El modo de producción elegido se capitaliza gracias a los cuantiosos recursos provenientes de la mayor recaudación impositiva producto de los buenos precios de las exportaciones de materias primas.
En este sentido, las operaciones de crédito público llevadas a cabo por el actual gobierno se dirigen a mejorar el grado de exposición externa en materia de deuda, cancelando los vencimientos convenidos en un esquema de virtual desendeudamiento; con foco en la independencia económica de los agentes foráneos prestadores de crédito internacional. El cambio de paradigma que se menciona precedentemente hace referencia a un paso de una política económica de endeudamiento que sostiene el creciente déficit fiscal a una política de desendeudamiento que procure liberar divisas con el fin de acrecentar el aparato agro-industrial exportador del país.
Las contradicciones al enfoque
La mejor manera que encuentra este enfoque para alcanzar el superávit de balanza de pagos es sencilla: por intermedio de la reducción de la tasa de expansión del crédito interior, incluyendo las tasas de expansión de la deuda pública interna y de los préstamos concedidos a los bancos en moneda extranjera. Pero adoptar una política monetaria de esta índole significa aplicar una política económica dura o restrictiva.
Volviendo al acontecer nacional, se encuentra una economía que continúa creciendo, aunque a una tasa menor de las observadas en los últimos años, y además presenta una inflación creciente. El alza sostenida de precios en todos los rubros de bienes que componen la canasta de vida más las restricciones al ahorro en moneda extranjera que imperan en buena parte de la sociedad, juntos provocan un aumento general de la demanda de dinero. Esto último se entiende como la imposibilidad subyacente de poder cancelar transacciones comerciales y financieras en moneda extranjera, obligando así a los agentes económicos de hacer uso casi exclusivo de la moneda local para la concreción de pagos que antes se podían efectivizar con divisas.
Si en nuestra economía con motivo de equilibrar la balanza de pagos se contrae la expansión del crédito interior, surge un exceso aún mayor de la demanda de dinero y provoca una aceleración de la tasa de inflación. El ajuste posterior nos lleva a un aumento de las tasas de interés y a una detracción del gasto y del nivel de renta general. Sin embargo, la suba en las tasas de interés da lugar a una mejora de la balanza de pagos, que es el objetivo original buscado.
Es decir, el enfoque monetario de balanza de pagos termina por generar una política monetaria restrictiva si se lo quiere aplicar a sus anchas para controlar los saldos comerciales y de capital. En consecuencia, nos estamos enfrentando a una sutil oposición de metas a alcanzar, entre el superávit de balanza de pagos y el freno a la inflación. En una economía abierta como la nuestra de tipos de cambio administrados, el Banco Central se encuentra ante una difícil disyuntiva. La contracción ordinaria de dinero ocurrida por la limitación impuesta al crédito interior, vendría provocada finalmente por un incremento en la necesidad patrimonial de proveerse de divisas.
O sea que el proceso de ajuste conlleva a que el Banco Central fuerce medidas económicas con el fin inmediato de hacerse de sus únicas fuentes de crecimiento del dinero, ya sea a través del endeudamiento exterior o, en su detrimento, del aumento de las reservas internacionales de divisas. Es así que estas últimas pasan a ocupar un papel central a la hora de resolver algún efecto no deseado que surge de la contradicción de derivaciones que resulta de aplicar el enfoque monetario de balanza de pagos al caso particular argentino.
El enfoque monetario de la balanza de pagos y la devaluación latente
Los detractores del enfoque monetario de la balanza de pagos afirman que la depreciación del tipo de cambio es la vía de solución para mejorar la balanza de pagos en el largo plazo y evitar una espiral inflacionaria que desgaste aún más el poder adquisitivo de los habitantes. Empero, los defensores de este enfoque sostienen que una devaluación cambiaria no puede mejorar la balanza de pagos, salvo a corto plazo. Se basan en el argumento de que a corto plazo la depreciación mejora la posición competitiva de un país y de que este mismo hecho da lugar a un superávit comercial y, por lo tanto, a un aumento de la cantidad de dinero.
Sin embargo, el paso del tiempo hace que el aumento de la oferta monetaria eleve la demanda agregada y, por ende, los precios hasta que la economía retorne al pleno empleo y al equilibrio exterior. Por lo tanto, la devaluación solo produce un efecto transitorio en la economía, que dura mientras los precios y la oferta monetaria no aumenten en la misma medida que los precios de los bienes importados.
La evidencia empírica confirma que el análisis del enfoque monetario de la balanza de pagos es totalmente correcto en su insistencia en la perspectiva a largo plazo, en el que en un sistema de tipos de cambios fijos o programados los precios y la cantidad de dinero se ajustan y la economía consigue el equilibrio externo e interno. Seguidamente es correcto afirmar que la limitación a la expansión del dinero y del crédito interior mejora la balanza de pagos.
No obstante, el enfoque está mal encaminado cuando sugiere que la política de tipo de cambio no puede influir a largo plazo en la posición competitiva de un país, ni siquiera a corto plazo. Esto se fundamenta en que sus efectos son diluidos prontamente por la dinámica del consumo agregado, sin dar tiempo suficiente a que la benevolencia competitiva transitoria que genera la nueva situación comercial del país provea del nivel de divisas pretendido.
Al contrario, las variaciones del tipo de cambio se producen frecuentemente a fin de combatir la existencia del déficit comercial y el desempleo estructural. En este caso, es factible recurrir a la devaluación para acelerar el proceso de ajuste y mejorar la performance del intercambio comercial. A sabiendas que esta herramienta cambiaria está para ser usada prudentemente, sin abusar de su efectivo poderío.
Conclusión
El enfoque analizado contiene importantes elementos que posibilitan fortalecer la presencia comercial externa del país a través de la política monetaria. No obstante, la aplicación de esta política para mejorar el saldo de la balanza de pagos obliga a las autoridades a contraer el crédito interior con sus claras implicancias inflacionarias. Puede, sin embargo, que esta política estratégica no sea del todo contraria a los intereses discrecionales de las autoridades gubernamentales. Dado que un esquema de precios distorsivos siempre permite corregir partidas, negociar salarios, fingir estadísticas y reducir deudas en términos favorables al de las necesidades de financiamiento según la ejecución presupuestaria y los gastos extraordinarios lo demanden.
Colaboración: Lic. Mario Soria Acuña (*)
(*) Actualmente se desempeña como auditor externo de campo en la Auditoría General de la Nación. Fue también director de Desarrollo Económico de la Municipalidad de San Fernando del Valle de Catamarca (2008-2011) y asesor de Gabinete del Gobierno de Catamarca (2002-2005), entre otros cargos públicos.
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