A mediados de diciembre del año pasado, a solo un par de días de que Luis Barrionuevo llegara a la presidencia de la Cámara baja, surgieron los primeros indicios de la equivocación del MIRA. Barrionuevo, estrenando cargo, se reunía más con los dirigentes peronistas del interbloque que con los radicales del MIRA.
Y con el pasar de los días, sólo un par de casilleros de la treintena de cargos de funcionarios que había disponibles en Diputados quedarían para el sector conducido por Gustavo Jalile.
Pero no fue éste el motivo del distanciamiento. Es que, mientras Jalile desde el municipio y Alfredo Gómez con su banca en la Cámara baja continuaban receptando las inquietudes y necesidades de la dirigencia del MIRA -del interior principalmente-, Barrionuevo miraba hacia otro lado. Y más aún, sólo se limitaba a abrir el juego -con nombramientos- para sus adeptos del MIRA capitalino y nuevos amigos de la política, los cuales descubrieron el repentino afecto que sentían por Barrionuevo cuando llegó a la presidencia del cuerpo.
Pero el quiebre definitivo de las relaciones entre Jalile y Barrionuevo se dio poco antes de las internas de la UCR, a partir de que el médico se encaprichara con ser candidato a presidente del Comité Capital con miras a una eventual intendencia. La negativa de Jalile a esa postulación selló la ruptura. Y las discrepancias de Gómez con Barrionuevo en la Cámara baja fueron subiendo de tono. Tan es así que ahora sólo existe un diálogo muy escueto entre ambos.
Desde que Barrionuevo llegó a la presidencia del cuerpo -con un alto costo político para el MIRA-, el polémico médico tomó decisiones de diferente índole sin dar ninguna participación al sector que lo llevó a la banca en una lista del FCS.