Bruno Vuirli Saragusti fue condenado a la pena de 16 años de prisión el 4 de julio del año pasado. La defensa del condenado casó la sentencia tras conocer los fundamentos y se realizó la audiencia oral en el Salón San Martín de la Corte de Justicia.
Bruno Vuirli Saragusti fue condenado a la pena de 16 años de prisión el 4 de julio del año pasado. La defensa del condenado casó la sentencia tras conocer los fundamentos y se realizó la audiencia oral en el Salón San Martín de la Corte de Justicia.
Vuirli Saragusti había sido declarado culpable por los delitos de “abuso sexual simple”, “abuso sexual con acceso carnal”, “hurto”, “lesiones leves”, “daños”, “violación de domicilio”, “amenazas simples”, “lesiones leves calificadas por haber mediado relación de pareja”, “coacción” e "instigación al suicidio". El suicidio de “Majo” Arias Gibert fue el que provocó la investigación que terminó con el juicio contra el sujeto.
La defensa efectuó críticas al fallo de la Cámara de Sentencia en lo Criminal de Segunda Nominación y consideró que el fallo estuvo atravesado por “la demagogia, la arbitrariedad y la artera violación a las garantías constitucionales del acusado. Se produjo un quiebre innegable a la razón suficiente presentando en cambio la peor cara de la íntima convicción en la apreciación y valoración de las puebas. Llegando a mérito condenatorio incluso proposiciones fácticas que solo y únicamente se encuentran respaldados por la sola denuncia en donde el tribunal hace jugar elementos ajenos a los fines de acreditar los hechos como lo es la personalidad del imputado ingresando a la prohibición constitucional de derecho penal de autor por sobre del derecho penal del acto".
Tras la audiencia oral los ministros de la Corte de Justicia tiene un plazo no estimado para resolver si hacen lugar al planteo o dejan firme el fallo emitido por los jueces.
Fundamentos
En los fundamentos de la condena dictada el 4 de julio se consideró que Vuirli Saragusti fue “promovido por los rasgos de personalidad psicopática, cuando se sitúa en un lugar de señorío absoluto de la situación. El psicópata es un sujeto que se mueve con base a sus propias reglas, ‘su propio código’; el prójimo solo le importa si le es funcional a sus intereses y frente a los límites opuestos, redobla la apuesta”.