Milagros comenzó a ser maltratada por Aguilar cuando era niña. El primer abuso sexual ocurrió cuando tenía entre 13 y 14 años: el sujeto alojaba en su casa a la madre de la joven -de quien era pareja-, y a tres hijos que ella había tenido en una relación anterior.
El abuso salió a la luz cuando la gestación de un bebé se manifestó a través de una abultada panza. Su madre la llevó a ver un médico quien confirmó la preñez. Días después Milagros le comentó al trabajador de la salud quién era el padre y la noticia finalmente llegó a su madre.
Cuando el niño nació, su mamá tenía 15 años. Él trabajaba en una empresa minera y ejercía poder sobre Milagros, sus hermanos y la progenitora.
Todos vivían en su casa donde él imponía las reglas, cobraba su mensualidad y como no sabía manejar los cajeros automáticos hacía que Milagros o alguno de sus hermanos lo acompañen a sacar la plata, que luego administraba a su antojo.
Él decidía qué alimentos se debía comprar y cuándo, si había que adquirir prendas de vestir, si alguien podía salir de la casa para hacer algún mandado.
"Milagros venía sufriendo hechos de violencia durante años y eso quedó acreditado en la causa a través de la investigación que llevó a cabo la fiscal Jorgelina Sobh, a quien agradecemos la celeridad con que realizó la pesquisa, con la premisa de que se trató de un asesinato en contexto de violencia de género. La Justicia está en deuda con Milagros y toda su familia. Hoy (por ayer), es el cumpleaños de una de las niñas que quedó sin sus padres. Y a eso no lo repara nada ni nadie", dijo la querellante Marcela González.
Efectivamente, un mes después del crimen la presidenta de la Corte de Justicia, Fernanda Rosales Andreotti, definió su sensación ante la ausencia del Estado, “como mujer y como funcionaria” con la palabra “frustrante”.
“Lo que yo sentí es un profundo dolor, una profunda frustración. Porque a esa familia y a esa mujer le falló todo el Estado, incluido el Poder Judicial”, manifestó.
El Estado estuvo siempre ausente en la vida de Milagros. Desde niña, junto a su madre y hermanos vivió en absoluta precariedad, en contexto de hacinamiento y vulnerabilidad extrema. Cuando su madre supo del abuso y debió proteger su resultado, le recriminó a Aguilar por lo que había hecho. Como respuesta, recibió una salvaje golpiza.
Ella siempre había soportado las agresiones porque ya lo había naturalizado pero esta vez lo denunció y dio a conocer la golpiza y el abuso. Las denuncias fueron investigadas en 2016 por el juez de Primera Instancia en lo Civil, Comercial y Familia de Recreo, Fernando Adet Caldelari. En 2017 remitió el expediente hasta con pericias de ADN a la entonces fiscal de Recreo, Virginia Duarte Acosta, quien en 2018 envió la causa a juicio.
El 7 de marzo de ese año Aguilar se sentó por primera vez en el banquillo de los acusados, imputado por "abuso sexual con acceso carnal agravado por la relación de convivencia de la víctima (hecho nominado primero y segundo), y lesiones leves agravadas por la violencia de género (hecho nominado tercero), todo en concurso real y en calidad de autor”.
Ese juicio también se llevó a cabo en la Cámara en lo Criminal de Primera Nominación presidida en aquel entonces por el juez Fernando Damián Esteban, y los jueces Carlos Alberto Roselló y Ramón Porfirio Acuña, titular y subrogante, respectivamente.
Comenzó la audiencia y pocas horas después Aguilar quedó libre por el beneficio de la duda. Su defensa puso en evidencia los errores del Ministerio Público Fiscal por deficiencias insalvables de la investigación penal preparatoria y en el requerimiento de elevación a juicio formulado por la fiscalía. Los jueces Esteban y Roselló fallaron a favor de la absolución, mientras que Porfirio Acuña lo hizo en disidencia. Nadie casó la sentencia.