viernes 23 de enero de 2026
A 12 años de la tragedia

"No lo superé, aprendí a vivir con ello": el testimonio de un sobreviviente del alud que marcó a toda Catamarca

Gerónimo Ahumada recordó el alud de 2014 en El Rodeo, donde murieron su esposa y sus hijas. Además, denunció la falta de controles, alertas y justicia.

A doce años del alud que arrasó con El Rodeo y dejó una herida imborrable en Catamarca, Gerónimo Ahumada volvió a alzar la voz. Sobreviviente de aquella noche trágica del 23 de enero de 2014, perdió a su esposa Romina y a sus hijas Daiana y Agostina, arrastradas por el agua mientras acampaban en el lugar. Hoy, su testimonio es memoria, denuncia y también un mensaje de esperanza.

“Decidimos irnos de vacaciones para ser felices”, recordó. El viaje estuvo marcado por contratiempos que casi los hicieron desistir, pero finalmente llegaron. Durante el día compartieron momentos de alegría familiar. Esa misma noche, el alud lo cambió todo. “Yo volví solo y malherido. Me las llevó el agua”, escribió.

Lo que siguió fue un calvario: tres velatorios, tres despedidas y una certeza imposible de aceptar. “Dejé de vivir. No quería morirme, pero tampoco quería vivir. Existía, vacío, con una angustia que me aplastaba el pecho”, relató. A las secuelas emocionales se sumaron las físicas: graves lesiones lo llevaron a una internación por falla renal, producto de los golpes sufridos en el río.

En ese proceso, su padre fue un pilar fundamental. Fue quien le dio de comer cuando no podía mover las manos y quien, con dolor, le comunicó una por una las muertes de su esposa y sus hijas. “Todavía recuerdo su mirada cuando me decía: ‘Hijo, vas a tener que ser fuerte’”, evocó. Su padre falleció hace tres meses, una pérdida que reabrió viejas heridas, pero también le permitió cerrar un ciclo desde el agradecimiento y el perdón.

Con el paso del tiempo, y gracias al acompañamiento de su familia, amigos y profesionales de la salud, Gerónimo inició un lento proceso de reconstrucción. “Una versión de mí murió en ese río. Tuve que volver a nacer”, afirmó. Volvió a enamorarse, a casarse y a formar una nueva familia. Hoy es padre de tres hijos y se define como un hombre afortunado por haber podido volver a amar.

Sin embargo, su reconstrucción personal no borra el reclamo de justicia. Ahumada fue contundente al señalar que las muertes pudieron haberse evitado. “Nadie monitoreó la tormenta, nadie dio la voz de alarma, nadie nos evacuó. Nos cobraron para acampar en un lugar que creíamos seguro”, denunció. La causa judicial nunca llegó a juicio y prescribió. “La dejaron morir como dejaron morir a las víctimas”, sostuvo, y remarcó que jamás hubo disculpas de los funcionarios implicados.

“Yo voy a legar a mis hijos una historia de superación y amor por la vida”, afirmó. Y contrastó: “Otros legarán sospechas de incumplimiento de deberes de funcionario público”.

Su mensaje final está dirigido a quienes atraviesan el dolor más profundo: “Te entiendo. Yo estuve ahí. No es rápido ni fácil, pero se puede volver a amar, a vivir. No hace falta hacerlo solo. La vida merece ser vivida”.

A doce años del alud, su voz vuelve a poner palabras donde aún hay heridas abiertas. Memoria, dolor, denuncia y esperanza conviven en un testimonio que se niega al olvido.

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