La Comisaría de La Tablada fue intervenida en las últimas horas por graves denuncias de abuso sexual y torturas realizadas contra policías de esa seccional. Según informó la Comisión por la Memoria (CPM), la intervención de la comisaría fue tras la denuncia de mujeres alojadas en la Comisaría Tercera de La Tablada, La Matanza, que indicaron que padecieron aislamiento extremo, abusos sexuales y prácticas de tortura de manera reiterada.
Tras la denuncia, la CPM, en su carácter de Mecanismo Local de Prevención de la Tortura bonaerense, realizó una inspección sorpresiva, donde se relevaron estos hechos. Fue así como el organismo interpuso un habeas corpus colectivo ante el Juzgado de Garantías 2 de La Matanza que ordenó la inmediata clausura de los calabozos, después de constatar las condiciones del lugar y los episodios padecidos por las detenidas.
Además se realizó la denuncia penal ante la ayudantía de delitos de gravedad institucional de La Matanza y ante la Auditoría General de Asuntos Internos. En las últimas horas, el ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, informó que la comisaría fue intervenida y se avanza con la sanción de los responsables.
Luego de padecer los episodios de abusos y torturas descriptas, las detenidas fueron disciplinadas, castigadas y amenazadas.
Los oficiales policiales desplegaron un dispositivo para garantizar su impunidad y silenciar a las víctimas, para así evitar que narren las violencias padecidas. Las requisas vejatorias, que constituyen abuso sexual, fueron provocadas por agentes policiales mujeres y varones del grupo especial GAD o «paleros» que en gran número presenciaban los actos aberrantes golpeando, amenazando, insultando y burlándose mediante frases estigmatizantes, racistas y prejuiciosas.
Además, las detenidas pasaban hambre. Según se precisó, recibían una mínima ración de comida al día y no se les permitía tener conservadoras ni calentadores para la comida que le acercaban sus familiares, cuando les llegaba. En el lugar no tenían agua fría ni siquiera para consumir o hidratarse frente a las fuertes temperaturas de las celdas. Tampoco contaban con acceso a la ducha y cuando podían higienizarse debían hacerlo frente a personal masculino, que estaba siempre presente. Permanecían alojadas en la oscuridad y al ser aisladas durante varios días, debían orinar en botellas plásticas y defecar en bolsas de nailon. No tenían asistencia médica ni traslados al hospital aunque lo requirieran, y al menos ocho mujeres padecían patologías sin atención, algunas de ellas graves.n