En el ámbito de la Cámara Penal de Segunda Nominación, Juan Espíndola respondió por el delito de “estafa”. Desde enero del año pasado se encontraba privado de la libertad en el Servicio Penitenciario Provincial, en Miraflores, Capayán.
En el ámbito de la Cámara Penal de Segunda Nominación, Juan Espíndola respondió por el delito de “estafa”. Desde enero del año pasado se encontraba privado de la libertad en el Servicio Penitenciario Provincial, en Miraflores, Capayán.
El hombre se desempeñaba como peluquero y como colorimetrista en Santa María. A varias personas invitaba a que invirtieran en su “Distribuidora Dola”. El objetivo era adquirir una tintura de Brasil que teñía el cabello de color rubio. La supuesta inversión dejaba una ganancia del 25 %. De esta manera, estafó a varias personas, que invirtieron entre $4.000 y $20.000.
Frente a los jueces Rodolfo Bustamante, Luis Guillamondegui y Alicia Cabanillas reconoció los hechos y comentó que había pensado que su ‘emprendimiento’ podía funcionar. Aunque no tuvo éxito, intentó devolver el dinero pero no se lo aceptaron, contó.
El fiscal Gustavo Bergesio, en su alegato, valoró la confesión del acusado y advirtió que la estafa se concretó “con el esquema de engaño Ponzi. Llegan nuevos aportantes o socios. Se induce a la víctima en un error, en el que cree que ganaría. Era insostenible y no se iba a poder pagar”. Para el representante del Ministerio Público Fiscal causó una confusión para convencer aunque luego pidió perdón. Por ello, sostuvo la acusación y pidió una pena de dos años y seis meses en suspenso.
A su turno, Ivana González, abogada de la defensa, adhirió en parte a lo solicitado por el fiscal de Cámara pero pidió una pena más benigna. Luego, los magistrados pasaron a un cuarto intermedio. Finalmente, resolvieron fallar de acuerdo con lo peticionado por el representante del Ministerio Público Fiscal. Con este fallo, Espíndola recuperó la libertad, tras un año y 10 meses en el Penal de Miraflores.
Modus operandi
El esquema Ponzi es una operación fraudulenta de inversión que implica el pago de intereses a los inversores de su propio dinero invertido o del dinero de nuevos inversores. Esta estafa consiste en un proceso en el que las ganancias que obtienen los primeros inversionistas son generadas gracias al dinero aportado por ellos mismos o por otros nuevos inversores que caen engañados por las promesas de obtener, en algunos casos, grandes beneficios. El sistema funciona solamente si crece la cantidad de nuevas víctimas. Actualmente, este sistema se conoce con los nombres de telar, flor o mandala de la abundancia.
Aunque se habían creado sistemas similares con anterioridad, el nombre de este plan viene del italiano Carlo Ponzi y de la estafa que realizó en 1920.
En cuestión de meses, había amasado una fortuna pero luego cayó en bancarrota.