El 26 de septiembre pasado, la Cámara Penal de Segunda Nominación halló culpable a Ana María Pérez Cabrera por el delito de “homicidio calificado por mediar una relación de pareja preexistente y atenuado por mediar circunstancias extraordinarias”. Por ello, fue condenada a la pena de 12 años de prisión, por la muerte de su pareja, Nelson Gastón Vega. Hoy se cumplen dos años de aquella tragedia. La pareja había discutido y Ana María le arrojó alcohol y le prendió fuego. Gastón murió pocos días después, en la Unidad de Terapia Intensiva del Hospital San Juan Bautista.
“Ha quedado probado que Pérez Cabrera mantenía con la víctima una convivencia intensamente conflictiva y desde hace un largo tiempo padecía distintos tipos de violencia en forma reiterada”, observaron los jueces Jorge Álvarez Morales, Rodolfo Bustamante y Luis Guillamondegui al momento de fundamentar la sentencia. No obstante, advirtieron que sin llegar a significar una hipótesis de emoción violenta, “entendemos que comportó un ‘caldo de cultivo’ que, a la postre, favoreció la agresiva reacción de la mujer, causa directa e inmediata del ulterior desenlace fatal”.
Ana María reconoció que la circunstancia de regresar tarde a su domicilio posibilitaba algún reproche, con cierta violencia, por parte de su pareja. “De alguna manera, la predispuso a prevenirse de cualquier potencial conflicto de convivencia”, señalaron. Ana María aseveró que ella solo quería defenderse de las agresiones, que no quería hacerle daño, que solo buscó defenderse.
“Sin lugar a dudas que este particular calvario la llevó, más su lamentable situación de vulnerabilidad social -no olvidemos su condición de inmigrante-, a responder de la manera que lo hizo, pero que de ningún modo, a nuestro criterio, justifica su accionar”, sostuvieron. Por su realidad de todos los días, presuponía el potencial embate de su pareja y de algún modo, mentalmente, ya se preparaba para contrarrestarlo”, sostuvieron.
Por otro tanto, para los camaristas el accionar desplegado por Pérez Cabrera fue realizado con dolo directo, esto es con conocimiento y voluntad de realización un comportamiento apto para destruir la vida humana de quien fue su conviviente. Además, quería consumar tal agresión.
El fiscal Gustavo Bergesio había mantenido la acusación y solicitado la única pena que cabe en estos casos: la prisión perpetua. El abogado de la querella y de la acción civil, Jonathan Rasjido acompañó al pedido y pidió un resarcimiento en concepto de daños por la suma de $4.700.000. Al respecto, los jueces dispusieron el pago por la suma de $350.000, dado que se comprobó que existió el hecho. El pedido se concedió parcialmente, “a pesar de la orfandad probatoria en relación al excesivo monto solicitado por los reclamantes en su pedido”.
Los magistrados enfatizaron que Ana María y Gastón eran una pareja “con una convivencia conflictiva crónica harto comprobada”, amén de los testimonios brindados en audiencia, por las copias de denuncias penales radicadas por la procesada por delitos contra la integridad física y la tranquilidad espiritual, y la planilla prontuarial de la víctima con precedentes en trámite y actuaciones en Juzgados de Familia. Un informe social resaltó que Ana María padecía de violencia doméstica. Tal violencia fue “reconocida por la propia víctima, quien durante al traslado al nosocomio local dijo ‘es todo mi culpa, Dios me castigó, no la voy a denunciar”, según manifestó la médica que lo acompañó.
Dos años de aquella siesta fatídica
Tras el debate, para los jueces quedó acreditado que el 15 de octubre de 2016, cerca de las 16, Ana María Pérez Cabrera se encontraba en su domicilio en compañía de su pareja Nelson Gastón Vega. Ambos convivían desde hacía más de seis años y tenían dos niñas en común. En un par de oportunidades, Ana María “lo había denunciado judicialmente al ser víctima de violencia doméstica”. A la vez, se remarcó que la convivencia era conflictiva. Esa tarde, luego de una discusión de pareja, Ana María le arrojó alcohol sobre su cuerpo, para luego prenderle fuego con un encendedor. De esta manera, le provocó quemaduras en aproximadamente un cincuenta por ciento de la superficie corporal, las cuales debido su gravedad, ocasionaron su muerte días después.
"Yo quería asustarlo, que se vaya, que deje de pegarme", declaró entre lágrimas.