Durante cinco años, un hombre de 50 años abusó sexualmente de una pequeña niña, hija de su pareja. Ayer los jueces Marcelo Soria, Jorge Palacios y Patricia Olmi de la Cámara Penal de Tercera Nominación lo condenaron a nueve años de prisión. Los ultrajes se habían producido entre 2011 y 2016 en un inhóspito paraje del departamento Santa María.
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Condena de nueve años de cárcel para un padrastro abusador
El hombre fue imputado por el delito de “abuso sexual con acceso carnal continuado y agravado por la situación de convivencia preexistente”. En la audiencia reconoció los hechos y se hizo cargo de la imputación que pesaba sobre él. Dada esta situación, se prescindió de los testigos y entre el fiscal Víctor Figueroa, el asesor de Menores Eduardo Walther y el abogado defensor Edgar Villegas, se llegó a un acuerdo, debido a que el acusado confesó el crimen. De esta manera, fue condenado a nueve años de prisión. El hombre había llegado a debate privado de la libertad.
De acuerdo con información a la que accedió El Ancasti, los ultrajes comenzaron cuando la niña tenía siete años y salía sola, tres o cuatro días de la semana, a cuidar la hacienda, unas cabras y ovejas. El padrastro la seguía y se aprovechaba de la situación, dado que ambos se encontraban solos prácticamente en el medio de la nada. Durante cinco años se prolongaron los abusos.
En 2016, una religiosa que se encontraba en el paraje advirtió esta situación. Sin dudarlo ni perder tiempo le contó a la madre de la niña y pareja del acusado, con quien tenía otros hijos más pequeños, sobre los abusos a los que su hija mayor estaba siendo sometida desde hacía tiempo. Ambas mujeres denunciaron lo sucedido.
Romper el silencio
El silencio cubrió durante cinco años este aberrante caso de abuso sexual infantil (ASI). La niñez de la víctima se vio vulnerada por los ultrajes reiterados por parte de la pareja de su madre y padre de sus hermanitos más chicos. La lejanía y la soledad también ‘cubrieron’ esta situación, hasta que finalmente la niña, con 12 años y en pleno proceso de crecimiento, pudo hablar.
La monja que escuchó y advirtió la gravedad de lo sucedido resultó ser fundamental para poder poner freno porque pudo decírselo a la madre y la madre se animó a denunciar.
Vale remarcar que en otros contextos de ASI, lamentablemente suele cubrirse con un manto de silencio, más aún cuando el acusado representa un sostén económico para esa familia. “Por lo general, el abuso sexual es mayormente intrafamiliar, por lo cual hay otros intereses creados. A veces lo económico también es un punto donde, metafóricamente, se sacrificaría a ese miembro, supuesta víctima del delito de abuso, para evitar que ese dador económico y supuesto abusador, como podría ser un padre, vaya a la cárcel y, por lo tanto, el resto de la familia se quede sin el sostén económico.
Es un ejemplo. Cada caso es único pero la familia es un espacio fundamental para abrir o cerrar la posibilidad de la palabra”, advirtieron los especialistas. En este caso, la madre optó por romper el silencio y denunciar al abusador de su hija, pese a ser su pareja y padre de sus hijos más pequeños.