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Casos con amplia repercusión social

Prisión perpetua y veredictos inesperados en las Cámaras Penales

También hubo absoluciones, tanto tras los debates como en la Corte como instancia superior.
31 de diciembre de 2017 - 04:08 Por Redacción El Ancasti

Algunos casos de los últimos años que tuvieron repercusión en la sociedad catamarqueña llegaron a debate durante 2017. En las Cámaras Penales se ventilaron detalles de homicidios y en algunos casos hubo veredictos condenatorios con la pena máxima y, en otros, hubo resultados inesperados.
El 5 de abril, la Cámara Penal de Primera Nominación condenó a los primos Sofía y Marcos Beltramello a la pena de prisión perpetua por "homicidio criminis y causae" y "robo calificado por el uso de arma" por la muerte del médico Ignacio Reinard Burchakchi, ocurrida en abril de 2015. El tribunal estuvo constituido por los jueces Fernando Esteban, Carlos Roselló y Fabricio Gershani Quesada y el veredicto fue por unanimidad. 

"Yo lo amaba a pesar de la relación que teníamos. Él me hizo a su manera, soy lo que él me enseñó. Él vivía para mí, hoy él me hace falta, yo lo necesito, lo extraño. Fui su compañera. ¿Para qué?, ¿para robarle un aire acondicionado, un LCD? Es una locura", expresó la joven antes de escuchar el veredicto. 

En los fundamentos de la sentencia, el juez Gershani Quesada remarcó que desde el minuto uno de la investigación penal preparatoria “se supo de Sofía Beltramello y es Sofía quien confiesa e involucra a Marcos Beltramello, no al revés como se intentó infructuosamente probar. Sofía siempre estuvo sospechada y su imputación no devino de un acto antojadizo de su drogado primo”. Además, precisó que en este luctuoso hecho “nada fue al azar”. Para el tribunal, “todo estuvo pensado y calculado con los errores propios de los inexpertos pero sin dejar nada al azar”.

En mayo, la Cámara Penal de Tercera Nominación condenó a Marcos Antonio Gutiérrez a la pena máxima, prisión perpetua, por la muerte de su ex pareja Rosa Alicia Pacheco. Estaba imputado por “homicidio agravado por el vínculo”. El fatídico hecho se produjo el domingo 24 de abril del año pasado. Gutiérrez había matado de 12 puñaladas a su ex mujer, en el domicilio conyugal, ubicado en la zona sur capitalina. “La quería mucho; la amaba”, contó ante el tribunal. De acuerdo con su declaración, cuando el cuerpo de Rosa Alicia se encontraba agonizando en la calle, Gutiérrez no quería que nadie la tocara. “La besaba y preguntaba qué había pasado. La quiero un montón… Era el amor de mi vida”, dijo, entre lágrimas ante los jueces Patricia Olmi, Jorge Palacios y Marcelo Soria. El fiscal Rubén Carrizo consideró que la muerte de Pacheco se correspondía a un ‘crimen pasional’, dado que Gutiérrez pretendió “imponer su amor por violencia y con violencia. Todo fue producto de celos”.

En octubre, la misma Cámara Penal emitió otro veredicto condenatorio. En esta ocasión, Yésica Paola Ferreyra y Ángel Ariel Leguizamón respondieron por la muerte de Jorge Mauricio Herrera. La víctima había sido ultimada de varias puñaladas en un motel de la Ruta Provincial Nº 1. Uno de sus agresores era Ferreyra, con quien había tenido una relación sentimental, y el otro agresor era la pareja de ella, Ángel Ariel Leguizamón. Los magistrados los condenaron, por unanimidad a la pena de prisión perpetua, por el delito de ‘homicidio calificado por alevosía’. 

Para esta Cámara, “ambos imputados fueron cobardes y traidores en su accionar, toda vez que se arremetió contra una persona indefensa, engañada en su buena fe, sorprendida y que no portaba ningún elemento como para defenderse, por lo que lo considero con un alto grado de peligrosidad criminal”, describió.

PENA MÁXIMA

La prisión perpetua contempla una pena de por vida y tras 35 años de encierro se puede acceder, en caso de que los informes sean favorables, a un beneficio como libertad condicional o salida laboral o transitoria.

De perpetua a "culposo"

En septiembre, en la Cámara Penal de Segunda Nominación, el ex policía Omar Vergara se sentó en el banquillo de los acusados, imputado por el delito de “homicidio calificado por ser integrante de una fuerza de seguridad”, que prevé una pena de prisión perpetua. La víctima era Ariel Fuenzalida (16). En la madrugada del 16 de diciembre de 2015, salió a un requerimiento por un supuesto delito contra la propiedad, en Andalgalá. Había encontrado a dos sospechosos escondidos bajo un vehículo y en el forcejeo, la escopeta Ithaka que tenía disparó un tiro y mató al adolescente. “¡Ay Dios mío! No sé qué pasó… se me escapó un disparo”, había dicho el uniformado. 

Por unanimidad, los jueces Luis Guillamondegui, Jorge Álvarez Morales y Rodolfo Bustamante hallaron culpable a Vergara en el delito de “homicidio culposo” y fue condenado a cinco años de prisión; se ordenó la inhabilitación especial para integrar fuerzas de seguridad pública o privada y para la portación y tenencia de armas por 10 años. Además, deberá pagar una indemnización de $350.000.

Libres de culpa y de sospecha

En el plano de las absoluciones, este año la Justicia absolvió a dos sospechados de crímenes resonantes. En junio, la Corte de Justicia confirmó la absolución a José Orlando “Maturano” Barros, acusado por el terrible homicidio de las hermanas Petrona y Trinidad Barrionuevo, en marzo de 2012, en La Merced, departamento Paclín. En febrero del año pasado, la Cámara Penal de Segunda Nominación, lo absolvió por el beneficio de la duda. Aunque el veredicto fue apelado, la Corte de Justicia lo ratificó. El 30 de octubre, la Cámara Penal de Tercera Nominación absolvió por unanimidad a José Manuel Colombres, único acusado por el crimen de Raúl Dáhbar, el 23 de diciembre de 2014, en Las Palmitas, La Paz. Estaba imputado por el delito de “homicidio agravado por el uso de armas”.
Los jueces consideraron que al momento que mataban a la víctima, Colombres se encontraba en otro lugar. También se dispuso que se remitieran las pruebas a la Fiscalía de la Sexta Circunscripción Judicial, a fin de retomar la investigación.

Dos parricidios cometidos el año pasado, con veredicto inesperado

En la lista de homicidios de 2016, se destacaron dos parricidios que este año llegaron a debate. En junio, en el banquillo de los acusados de la Cámara Penal de Primera Nominación se sentó Luis Eduardo Vitale. El joven estaba imputado por “homicidio agravado por el vínculo” y la víctima era su padre Armando Eduardo “El Gringo” Vitale. Durante el debate, los testigos, familiares y vecinos aseguraron que “El Gringo” siempre fue un hombre violento para con su familia. El fiscal Ezequiel Walther aunque sostuvo la acusación, bajó la calificación y los magistrados Fernando Esteban, Carlos Roselló y Fabricio Gershani Quesada lo condenaron a ocho años por “homicidio simple”. 
“La violencia familiar estuvo presente a lo largo de la vida del imputado, pero antes como víctima. El hoy penado reprodujo de manera extrema la violencia familiar que había aprendido en su propia familia sufriendo y viendo sufrir y cuya hoy víctima anteriormente habría sido el victimario”, se destacó.
Hugo Orlando Tula también tenía la misma imputación por la muerte de su propio padre Nicolás Valentín Tula, en noviembre del año pasado. El padre hirió al hijo en el abdomen y en una mano y el joven, para defenderse, lo golpeó con un elemento contundente. El padre buscó una caja de vino y se acostó a dormir. No volvió a despertarse y murió en su cama. 

Los jueces de la Cámara Penal de Tercera Nominación lo absolvieron porque consideraron que existió una agresión ilegítima de parte de Valentín Tula. Este ataque fue peligroso, sorpresivo y desmedido, precisaron. El joven Tula tuvo una vida marcada por la violencia ejercida por su padre. Desde niño, fue inducido por él a beber alcohol. Este fue otro factor en el crimen.

En ambos parricidios, la violencia de las víctimas se vio reflejada en sus propios hijos. Esa fue su lamentable enseñanza. 

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