El hombre tenía, al parecer, fundadas sospechas de que su mujer
lo engañaba con otros hombres. Las sospechas fueron "confirmadas” por una
gitana que lo abordó en la vía pública y le leyó la suerte en la palma de la
mano.
La "adivina” le prometió que curaría a su mujer, y que para
realizar el "tratamiento” necesitaba tres pares de zapatos de la sospechosa, a
los efectos de "medir su paso” y realizar el "trabajo” encomendado.
El hombre accedió y le entregó lo solicitado, confiado en
que de esa manera solucionaría sus problemas matrimoniales.
Pero al cabo de un tiempo habría advertido que su esposa
continuaba con las malas costumbres, por lo que infirió que la gitana no había
realizado la tarea eficazmente. De modo que fue a reclamar la devolución de los
calzados, pero no tuvo éxito.
Ante la circunstancia de ser engañado no sólo por su mujer
sino también por la "adivina”, el hombre se decidió a formular la denuncia en
la Unidad Judicial N° 1.