"No venimos a pedir favores" es la frase que repite Alejandro Pachao, parado frente al edificio de Fiscalía Penal, en la marcha de protesta realizada ayer a la mañana al cumplirse el tercer aniversario por la muerte de su hijo Diego (20), quien estuvo arrestado en la comisaría Séptima.
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“Los policías son asesinos y así tienen que ser enviados a juicio”
La columna partió desde la plaza 25 de Mayo y se dirigió por la calle República. Se detuvo frente a la fachada de la Corte de Justicia y luego frente al Juzgado de Control de Garantías hasta llegar a calle Junín. Eran alrededor de 30 personas que se dirigieron hacia el sur y se detuvieron frente al edificio de Fiscalía, última parada de la movilización.
Claudia Véliz, la madre del joven, fue la primera en tener la palabra, ante un cordón policial especialmente montado en el ingreso del edificio judicial.
"A mi hijo lo mataron por querer defender a un amigo. Nunca en su vida estuvo en una comisaría", expresó la mujer quien pidió a los fiscales de la causa -Marcelo Sago y Miguel Mauvecín- que imputen a los policías, actualmente acusados de vejaciones e incumplimiento de los deberes, de homicidio, y que reciban el máximo castigo.
"No tenemos más que aportar a la causa", se refirió Alejandro quien en un momento de su alocución se refirió a la fiscal general Milagros Vega. "Nunca pero nunca jamás tuvo tiempo para atendernos y escuchar la verdad".
"No puede ser que nosotros desde hace tres años que estemos pidiendo justicia y que los policías asesinos (sic) aún sigan trabajando", espetó.
"Basta de impunidad. Hay que imputar como corresponde. Debe ser elevado a juicio por la calificación de tortura seguida de muerte, porque ellos son asesinos. Basta de hacer padecer a nuestras familias", concluyó Pachao.
La muerte
Diego murió el 14 de marzo en el hospital San Juan Bautista en donde había ingresado dos días antes en estado de coma tras haber estado arrestado en la comisaría seccional Séptima del barrio Parque América.
Según la información policial dada a conocer a los medios ese día, el joven habría ingresado aprehendido a las 10, luego de haber protagonizado una pelea en la zona norte. A la tarde de ese día, se descompensó y por pedido de sus compañeros de celda, los policías lo sacaron y allí habría vomitado. Finalmente a la 1.30 del lunes 12 su estado empeoró por lo que fue llevado en ambulancia hasta el hospital San Juan Bautista. Dos días después falleció y su muerte provocó serios incidentes en la comisaría en la que estuvo privado de su libertad.El caso tiene a dos hermanos de apellido Leiva, imputados por el homicidio preterintencional, en tanto que nueve policías están imputados y esperan el juicio en libertad.