La semana pasada se registró en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires un gravísimo hecho que pudo terminar en un femicidio en plena vía pública. La fortuna y la oportuna y profesional intervención de dos efectivos policiales salvaron a la víctima. El episodio quedó registrado en una cámara de seguridad y de allí que no quedaron dudas sobre lo que verdaderamente ocurrió.
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Lecciones de un episodio gravísimo
Julián Reina, un hombre de 39 años, persiguió a su expareja, una joven diez años menor, y le gatilló en reiteradas oportunidades un arma, pero los disparos no salieron. Antes había logrado efectuar dos disparos que por fortuna no impactaron en la mujer. En el mismo instante, agentes de la Policía de la Ciudad, que transitaban por la calle en un patrullero, advirtieron la tremenda escena, se bajaron del vehículo y, tras dar la voz de alarma e identificarse como policías, hirieron al agresor con dos balazos, uno en un glúteo y el otro en la zona de la clavícula. Impidieron, de esa manera, que el crimen se consumara. Reina quedó herido, fue reducido por los efectivos y trasladado luego a un centro asistencial. Quedó detenido, imputado por intento de femicidio.
El episodio permite sacar algunas conclusiones útiles. Una de ellas se vincula con el accionar policial. Los efectivos actuaron de un modo muy profesional, respetando los procedimientos establecidos ante amenazas de este tipo: dieron la voz de alto, identificándose, y dispararon a lugares del cuerpo del agresor para inmovilizarlo y no matarlo. De todos modos, si el disparo contra el atacante hubiese sido mortal, se habría justificado ante el gravísimo riesgo que corría la vida de la chica. El reglamento del uso de armas de fuego para los policías establece que debe recurrir a ellas solamente en caso de legítima defensa, propia o de terceros (en este caso la mujer a la que querían matar), y en situaciones de estado de necesidad en las que exista peligro grave, inminente y actual para la vida de las personas.
Es un buen ejemplo de cómo debe actuar la policía, en especial si se lo compara con otros hechos de los denominados “gatillo fácil”, en los que los efectivos disparan a matar por la espalda a los delincuentes, cuando éstos están huyendo y por lo tanto no representan en ese momento una amenaza para la vida ni de los policías ni de terceros.
Otra enseñanza es que no siempre hay episodios de violencia física que anticipen un femicidio o intento de femicidio, pero sí hay señales a las que debe prestárseles atención. Reina no había agredido físicamente nunca a su pareja, ni tenía antecedentes policiales. Pero en las semanas anteriores al hecho eran muy frecuentes las escenas de celos, con cada vez más intensidad, a las que se sumaba un hostigamiento peligroso y veladas amenazas, que finalmente intentó concretar, por fortuna y por el accionar profesional de la policía, sin éxito la semana pasada.