martes 28 de junio de 2022

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Editorial

La denostación de la política

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16 de mayo de 2022 - 01:05

El crecimiento de la intención de voto del dirigente libertario Javier Milei se puede explicar de muchas maneras, pero tal vez la más importante de todas sea que su creciente aceptación entre determinados sectores de la sociedad, especialmente los jóvenes, se debe a que tiene un discurso contra lo que denomina “la casta política”. Discursos de este tipo –en cierto modo antipolítica, aunque paradójicamente Milei sea un dirigente político y diputado nacional- suelen prender rápidamente en períodos de crisis como los que vive actualmente la Argentina.

Sucedió también durante y poco después de la crisis del 2001-2002, cuando se instaló con fuerza la consigna “que se vayan todos”, en referencia a los dirigentes políticos, sobre todo de las fuerzas tradicionales.

En las creencias populares más generalizadas está instalada la idea de que solo “hacen política” los dirigentes de los partidos políticos o los que ocupan cargos en los poderes ejecutivo o legislativo. De esa manera, cuando las cosas no funcionan bien o decididamente mal, la culpa es de los políticos y la política como actividad es denostada, como si se pudiera prescindir de ella o como si fuese algo malo por naturaleza.

Días pasados, el prestigioso biólogo molecular del Conicet, Alberto Kornblihtt presentó en la Feria del Libro su trabajo “No, no está bien. Está mal. Una pasión argentina por la ciencia (y por el arte y la política)”. Durante su exposición, leyó un fragmento de “Escritos rebeldes”, uno de los capítulos de la obra: “Yo no amo la política sino lo político, o sea, la cosa política, el adjetivo. Dejando de lado la obviedad de diferenciar lo político de lo partidista, toda decisión, toda opinión tiene connotaciones políticas que remiten a una concepción del mundo y de la sociedad. Tanto la toma como la no toma de posiciones son hechos políticos. Votar es tan político como abstenerse y hasta un acto supuestamente tan individualista como el suicidio es un hecho político. Se demoniza a la universidad pública porque allí se hace política. ¿Qué otra cosa podría hacerse en un sitio donde se investiga y se genera conocimiento?”.

La política, lejos de ser una mala palabra, es una actividad consustancial a la vida social. No puede concebirse una sin la otra. De modo que la denostación no puede ser contra la política en general sino solo contra aquellos aspectos malos de la actividad: conductas que buscan satisfacer intereses personales o sectoriales y no los generales; medidas reñidas con las normas o la ética pública, por ejemplo.

Debe entenderse a la política como una actividad que, por principio, debe procurar el bien común de la sociedad, aun cuando sobren ejemplos, en el nivel local, nacional e internacional, de su utilización para fines contrarios. Estas formas nocivas de la política no se corrigen con la prescindencia o la indiferencia, sino con participación y compromiso social, aunque no necesariamente deban canalizarse a través de las organizaciones partidarias.n

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