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El beso de la mujer araña

Fito Páez o su gemelo digital

Por Pía Cabral

10 de junio de 2026 - 12:29

La presencia de Peter Thiel en Argentina despierta cada vez más interrogantes. Toda la prensa y el stream hablan de él, aunque la mayoría de sus movimientos juegan todavía un misterioso ajedrez, disciplina que domina.

Hasta hace poco se hablaba de que el gurú de la IA vino a refugiarse, y eligió al país que gobiernan los hermanos Milei para su resguardo, asustado por el desequilibrio del gobierno de Trump, el futuro político de EEUU, la suba de impuestos a tecnomagnates en California.

El Gobierno propuso una reforma de la ley de Sociedades para favorecer la creación de empresas no humanas, que gocen de personería jurídica. Mientras tanto, la misma IA Anthropic propuso una pausa en el desarrollo de la Inteligencia Artificial, debido al pobre avance humano en las posibilidades de control.

La noticia tuvo impacto mundial. El historiador bestseller por su libro Nexus, una historia de las redes de información, el israelí Yuval Noah Harari, advirtió a Javier Milei en el Foro de Davos sobre los riesgos de facilitar la instalación de empresas enteramente no humanas en los países, y del peligro de la democracia. “La inteligencia artificial es un cuchillo que puede decidir por sí misma si cortar una ensalada o cometer asesinato”, ejemplificó.

¿Por qué Thiel elige a la Argentina?

Los nuevos feudos digitales son el visor del mundo, y cada vez se instalan con mayor facilidad en países que abren sus fronteras jurídicas y financieras para el asiento de este tipo de corporaciones.

El RIGI (Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones), podría crear un ecosistema favorable para la radicación de compañías de control de datos. Para ello, Thiel debería realizar una inversión mínima de USD 200 millones en el país con alguna de sus empresas, y armar una infraestructura con plataformas, sistemas de IA, etc.

La Argentina como refugio de ultrarricos escapistas. El plan de Thiel es más amplio. Su filosofía habla del control corporativo del Estado, porque “la democracia y la libertad ya no son compatibles”.

“Se fueron una a una las estrellas

el mar mordía rastros de su arena

herida luz que me partió aquel cielo

y hoy vuelves a amanecer viejo mundo

Japón estalla en ruidos y artefactos

la noche da su sexo a Buenos Aires

y yo a la vista de algún escenario

y hoy vuelves a amanecer viejo mundo”.

“Laissez faire, laissez passer”. Dejar hacer, dejar pasar. Arribistas expertos en mercados regulados buscan la creación de un Estado neutralizado, con un papel secundario, con medidas de vigilancia tercerizadas. Un Estado en el que corporaciones como Palantir tomen decisiones sobre seguridad, asistencia social, fronteras, salud, administración.

Thiel predice una suerte de apocalipsis con asiento en una realidad dinamitada en la que invierten multimillonarios como él. Su discurso místico filosófico tiene mucho de parábola: alimentó el sistema de bélico y de vigilancia de EEUU del que ahora quiere huir.

Insiste con la figura del anticristo, como golpe de misticismo. Una pieza del catolicismo, para contraste entre aquello que se manifieste en contra de estos usos de la tecnología, lo cual constituye un obstáculo para el progreso. Como los ambientalistas o el Papa León XIV, que en su reciente encíclica “Magnífica Humanitas” advirtió que la Inteligencia Artificial no es “moralmente neutra” y pidió “desarmar la IA”, para evitar que esta tecnología quede en manos de corporaciones que impongan su propia visión moral a la humanidad.

Un artículo del diario New York Times, vincula el traslado de Thiel a la Argentina con la incertidumbre del magnate sobre el futuro de EEUU. Conflictos globales como una guerra nuclear y riesgos tecnológicos vinculados a la IA. Lo encuadra dentro de la lógica de “diversificación soberana” de los millonarios, dentro de la cual Argentina sería un buen lugar en esa red de territorios seguros.

Sin embargo, el anuncio del Ministerio de Capital Humano sobre la creación del Gemelo Digital Social, descripto por Javier Milei como “un cambio de paradigma para la política social”, abre un nuevo escenario.

Aunque el Gobierno no dio detalles de la empresa que desarrollará el sistema, todo indica que el laboratorio del filósofo tecnolibertario encuentra en las actuales condiciones de la Argentina un buen lugar para expandirse. Si el Estado argentino vende tus datos, la vigilancia se allana.

“Cómo serás, cómo seré,

cuántos seguiremos

los que sobrevivieron

marcaron huellas.

Te abarcaré en tu extensión

y seré la tierra, el agua, el sol,

el viento, el músico, el peatón

una esperanza, seré montaña”

Zama, El extranjero y El otro, tres dimensiones del gemelo digital.

El extrañamiento que provoca la pérdida de la propiedad identitaria fue magistralmente abordado en distintas obras literarias, que despliegan como el ser puede ser definido por un elemento externo. La burocracia en Zama, el juicio social en El extranjero, el tiempo o el doble en El otro.

¿Cómo se sostiene un sujeto que es observado por una maquinaria que lo excede? Un sujeto que no gobierna su vida y es gestionado por un sistema ajeno.

Don Diego de Zama vive entrampado entre lo que es y la representación burócrata de lo que debiera ser según su cargo de funcionario. Vive ya como un avatar de sí mismo. Para la corona es un expediente más. Su identidad depende de expedientes y nombramientos que nunca llegan. Como un gemelo digital sobre el cual se construye un perfil de datos. El expediente de Zama es su algoritmo.

En El extranjero, su protagonista es juzgado más por la narrativa construida sobre él, que por su verdadero crimen. Su comportamiento no alineado a lo predecible o esperable con la muerte de su madre no encaja con el relato moral esperado. El juicio convierte rasgos dispersos en un perfil psicológico, algo muy parecido a lo que sucede con los algoritmos.

Los personajes de Di Benedetto, Camus y Borges viven ya como gemelos digitales. No habitan plenamente su existencia. El Estado colonial de Zama esperaba obediencia. El Estado predictivo juega con la anticipación. El riesgo del gemelo digital no es solo la vigilancia, si no que esa maquinaria moral ejecute nuestra identidad antes que nosotros mismos.

“Seré comarca en tus comarcas

la triste ceremonia del velorio evitaré

y te amaré en el filo de un cuchillo.

La leche es blanca la carne es roja

el hambre es negra, y negra su herradura.

Una escopeta escupe balas de cocaína

y hay un titiritero, y hay un titiritero”.

¿Es el gemelo digital la figura renovada de una vieja estrategia de manipulación del poder?

“En lo que se refiere a la historia… Hubo otra guerra, casi entre los mismos antagonistas. Francia no tardó en capitular; Inglaterra y América libraron contra un dictador alemán, que se llamaba Hitler, la cíclica batalla de Waterloo. Buenos Aires, hacia mil novecientos cuarenta y seis, engendró otro Rosas, bastante parecido a nuestro pariente. El cincuenta y cinco, la provincia de Córdoba nos salvó, como antes Entre Ríos. Ahora, las cosas andan mal. Rusia está apoderándose del planeta; América, trabada por la superstición de la democracia, no se resuelve a ser un imperio”. (Fragmento de El otro, Jorge Luis Borges).

Entre la amplísima gama de adelantos de la física cuántica revelados en los cuentos de Borges, uno puede aplicarse a esta realidad en la que los ciudadanos nos enfrentamos a una dualidad desconocida.

En el cuento El otro, la nueva ingeniería comparte con el escritor argentino la obsesión por encapsular el tiempo. El yo, espejado en dos tiempos diferentes.

El gemelo digital, como el otro de Borges, altera la visión del ser único e inmutable. Una actualización tecnológica de la escena borgiana. El otro actual sería nuestra versión estadística. Algo así como nuestra experiencia humana cuantificada.

Sin embargo, lo inquietante que plantea Borges, es que el doble no coincide enteramente con uno mismo. Así como el gemelo digital no puede predecir nuestra conciencia ni nuestro libre albedrío. Hay una tensión implícita entre la particularidad humana y los sistemas predictivos.

¿Cuánto de nosotros es real y cuánto es simulación en el sujeto digital actual?

“Y yo te miro desde mi ventana

una más entre todas estas tantas

te quiero ver cantándole al futuro

y con toda esa gente, viejo mundo

Los que se fueron no los olvidamos

los vendrán esperan por ahora

y los que estamos aprovechamos

para cambiarte la cara, viejo mundo”.

La mayoría de nosotros ya hemos construido a nuestro otro. El gemelo digital que subsistirá a este tiempo y espacio, y que compite con nuestro yo real en imagen y representación. Todavía tenemos la esperanza o sensación de que algo de ese otro digital es manejado por nosotros aún.

“Seré comarca en Catamarca

la triste ceremonia del velorio evitaré

y te amaré en el filo de un cuchillo.

La leche es blanca la carne es roja

el hambre es negra, y negra su herradura.

Una escopeta escupe balas de cocaína

y hay un titiritero, y hay un titiritero”

Mientras tanto, anunciaron que Fito Páez, y no su gemelo digital, estará en la Fiesta Internacional del Poncho, en Catamarca.

Si la democracia es el fin, o es el fin de la democracia, todavía existen artistas reales. Impredecibles y geniales.

“Se fueron una a una las estrellas

El mar mordía rastros de su arena

Herida luz que me partió aquel cielo

Y hoy vuelves a amanecer y juntos

Los que se fueron no los olvidamos

Los que vendrán esperan por hora

Y los que estamos aprovecharemos

Para cambiarte la cara, viejo mundo”.

Entrelíneas, Viejo mundo. Una obra de Fito Páez.

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