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Análisis

El amor es político

Por Guillermo Alejandro Bordón

9 de marzo de 2026 - 11:16

Parece que este país no ha aprendido ni siquiera de su propia historia. Siguen emulando «la memoria, la verdad y la justicia» y, sin embargo, se actúa al revés de lo que se pregona. Lo lamentable es que el virus de la violencia, en todas sus acepciones, es contagioso. Hay una epidemia del odio que se origina en la base de la estructura más importante de una sociedad: el Estado.

Vamos a centrarnos en el Congreso de la Nación, en donde el pueblo deposita, a través de sus representantes, la confianza para que legislen por el bienestar de todos. Los últimos debates que se han visto en los noticieros y redes sociales han demostrado que no están actuando en favor de la gente. Insultos, interrupciones, tribunas de militantes hostigando y gestos maliciosos, entre otros, no son realmente esperanzadores. Nada bueno puede salir de la violencia institucional. El Congreso ya no es tan «sagrado»; ya no es mirado como el espacio en donde los políticos, desde sus diferencias, abren el diálogo para llegar a un punto en común. No entienden cuál es el rol que deben cumplir.

Lo peor de todo es que no hay nadie que marque la diferencia. Hasta el momento, no se ha escuchado un discurso sincero que llame a la cordura.

El papa Francisco sostenía que «el amor es político, es social y para todos. Cuando falta esta universalidad del amor, la política cae, se enferma o se hace mala». Cuán acertado es este pensamiento. El contenido del discurso político actual se centra únicamente en la desestabilización porque, a decir verdad, ni siquiera es un discurso opositor: no se percibe una contrapropuesta a lo que se plantea. Es tan dañino que incluso ultrajan a quienes son víctimas y desprotegidos del sistema.

Los legisladores deben darse cuenta de que han desatado una guerra por la falta de diálogo. «Una política que no es capaz de dialogar para evitar una guerra es una política derrotada, terminada. Ha perdido su vocación de unidad, de armonía, incluso con opiniones diferentes; por eso el diálogo es clave en la política, porque ahí se elaboran las cosas», decía Francisco.

Es urgente un cambio de actitud. Nosotros, «los de abajo», no debemos ser el espejo de lo que ellos hacen. Al contrario: hay que iniciar otro proceso desde el diálogo abierto y sincero. «Siempre hay que tener en cuenta que la unidad es superior al conflicto. Hay que buscar la unidad», expresaba Bergoglio. Es tiempo de iniciar, desde la política, otro proceso que tenga como fin último el bienestar social. La paz se construye desde la diferencia que sabe dialogar.

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