Con la Democracia no basta para comer, curarse y educarse
Abrumada por los problemas económicos y sociales, atravesada por una grieta que, lejos de achicarse, parece ensancharse día a día, la ciudadanía argentina no suele medir el valor de una conquista que ya lleva cuatro casi décadas: en 2023 se cumplirán cuarenta años del inicio de un ininterrumpido proceso democrático, que arrancó el 10 de diciembre de 1983 con la asunción de Raúl Alfonsín a la Presidencia de la Nación y continúa hasta hoy, con muchos errores, imperfecciones y deudas por saldar.
Hay una extraña paradoja: si a los argentinos de 1983 le hubiesen asegurado que casi 40 años más tarde la Democracia argentina, entendida como el sistema de elección libre de las autoridades, iba a seguir en plena vigencia, se hubiesen asombrado. No es para menos: en los 53 años que van de 1930 a 1983 solo hubo 18 con gobiernos democráticos; el resto, dictaduras surgidas de golpes de estado. Pero al mismo tiempo, si al argentino de hace 38 años le hubieran explicado que en el país de 2021, luego de tantos años de gobiernos elegidos democráticamente, alrededor del 40 por ciento de la población es pobre y 6 de cada 10 niños o adolescente lo es, habría caído en la cuenta de que la democracia es el sistema menos imperfecto, pero que por sí solo no garantiza el bienestar de los ciudadanos. Es decir, parafraseando a medias a Raúl Alfonsín en una de sus más recordadas expresiones de sus discursos de campaña, solo en Democracia es posible gobernar para que el pueblo coma, se cure y se eduque, pero la sola vigencia de ella no lo garantiza. Es preciso, además, implementar políticas públicas inclusivas, justas y equitativas.
Hay que decir que la última dictadura militar, además de las miles de desapariciones, asesinatos, secuestros, torturas y robos de bebés que perpetró, dejó también una herencia económica devastadora, con dos estigmas centrales: inició un proceso de desindustrialización, paralelo a otro de mega endeudamiento externo de que la Argentina no termina de salir, un poco por incapacidad de los gobiernos de las últimas cuatro décadas y otro poco, también, porque esos procesos concurrentes -el de desindustrialización y el de megaendeudamiento- fueron replicados por gobiernos elegidos democráticamente, como el de Carlos Menem, Fernando de la Rúa y Mauricio Macri.
Alrededor del 60% de los argentinos en la actualidad nacieron luego de 1983. De modo que no saben lo que es vivir bajo una dictadura y tal vez valoren menos que los mayores de 40 años el valor de la democracia. Quizás por esta razón, aunque muy aislados, algunos profieren discursos negacionistas. Es preciso, en consecuencia, educar a las nuevas generaciones para que aprendan el valor de la Democracia y el peligro de los regímenes dictatoriales. Por cierto, ese esfuerzo, aunque necesario, es insuficiente. Para defender a la Democracia es necesario, además de destacar sus virtudes, lograr un bienestar general, que debería ser precisamente el objetivo último de cualquier gobierno que se precie de democrático. Esa es una deuda que aun debe saldarse.n