miércoles 22 de mayo de 2024
Editorial

Oportunidad para la UNCA

Por Redacción El Ancasti

La elección de Oscar Arellano como rector de la UNCA. rompe con una larga tradición, de tres décadas y media, que parecía reservar la conducción de la universidad a representantes de la Facultad de Tecnología. Habrá que ver si su gestión termina, también, de romper otras tradiciones vigentes, vinculadas más con sus dificultades de integración con la comunidad catamarqueña, sobre todo la que habita el interior provincial, o con evidentes excesos en la utilización de recursos propios para fines políticos-partidarios.

A solo tres años de cumplir su primer medio siglo de vida, la Universidad Nacional de Catamarca puede ostentar un crecimiento de su oferta académica, de su estructura edilicia, de su plantel de docentes y de su nómica de alumnos de las distintas facultades.

Pero adolece de una estrategia para cumplir plenamente su misión extensionista, de interactuar con la sociedad en la que está inserta, intercambiando saberes y experiencias en una relación dialógica y horizontal, y su competencia de vinculación con empresas del medio a través de la transferencia tecnológica. 

El modelo de extensión que se practique está determinado por el modelo de universidad que exista. Las universidades que tienen una clara vocación reformista propician formas genuinas de participación, de diálogo, de descentralización, estrategias para formular miradas colectivas, multidisciplinares y plurales.

En la UNCA hay experiencias extensionistas muy fructíferas, pero en general obedecen más que todo a iniciativas aisladas, promovidas por personas o grupos de personas, y no tanto a un plan bien elaborado que propicie la transformación de prácticas ancladas en otras épocas, que limitan el rol de la universidad a las competencias académicas, es decir, a la formación de profesionales en las aulas -o ahora, a través de herramientas propias de la virtualidad-, con tal vez un adecuado bagaje teórico, pero sin la imprescindible inserción en la realidad local.

La UNCA tiene también una deuda respecto de la transparencia en su funcionamiento y la democratización de sus prácticas políticas. Los docentes con cargos concursados son escasos, y las denuncias de privilegios y acomodos han jalonado la historia de la universidad en las últimas décadas. 

Si existen fuertes cuestionamientos –con razones más que válidas- al Estado en sus distintos niveles (nacional, provincial y municipal) por el uso del aparato propio con fines clientelares o meramente electoralistas, lo mismo sucede con la universidad, que en determinados momentos se convierte en un poderoso búnker partidario que utiliza los recursos públicos para objetivos políticos, como se ha visto históricamente y particularmente en campañas recientes.

La renovación de la conducción de la UNCA es una buena oportunidad para impulsar transformaciones en sus misiones y funciones, con aplicaciones prácticas en la realidad en la que está inserta y no solo en los discursos. Y si de democratización se trata, la elección directa de sus autoridades, evitando de ese modo las componendas y negociaciones que desvirtúan la voluntad de los distintos claustros, es un necesario y virtuoso primer paso.

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