El Séptimo Estudio Nacional sobre Consumo de Sustancias Psicoactivas en Estudiantes de Enseñanza Secundaria, realizado en 2025 por la Sedronar y publicado este año, ofrece una radiografía que combina un dato alentador con otro que preocupa.
El Séptimo Estudio Nacional sobre Consumo de Sustancias Psicoactivas en Estudiantes de Enseñanza Secundaria, realizado en 2025 por la Sedronar y publicado este año, ofrece una radiografía que combina un dato alentador con otro que preocupa.
El dato positivo es la tendencia descendente del consumo de tabaco entre los estudiantes secundarios. La proporción de quienes alguna vez fumaron pasó del 43,1% en 2005 al 28,7% en 2025. Es una caída sostenida, que habla del impacto de décadas de campañas de concientización, de restricciones a la publicidad y de espacios libres de humo, y que confirma que las políticas públicas sostenidas en el tiempo pueden modificar conductas arraigadas.
El dato negativo, en cambio, es el incremento del consumo de marihuana: del 8,7% al 17% en el mismo período. En veinte años, la proporción de adolescentes que declararon haberla probado se duplicó prácticamente. Ese movimiento, inverso al del tabaco, sugiere que la percepción de riesgo asociada a esta sustancia se ha ido debilitando entre los más jóvenes, en un contexto de creciente normalización social.
A ello se suma como fenómeno relativamente reciente el uso de vapeadores. En 2025, el 35,5% de los estudiantes los había utilizado alguna vez, una cifra superior al 28,7% que había probado cigarrillos tradicionales y al 17% que había consumido marihuana.
En Catamarca, la encuesta se realizó en 41 escuelas, con 4.122 estudiantes encuestados, y sus conclusiones merecen atención particular. Los vapeadores presentan una prevalencia elevada, tanto de consumo alguna vez en la vida como durante el último mes, y constituyen uno de los indicadores que más claramente superan la media nacional. El tabaco, por su parte, pese al descenso que se observa en el país a largo plazo, registra en la provincia porcentajes superiores al promedio nacional.
El alcohol y los energizantes siguen siendo productos de consumo extendido entre los adolescentes. Las cifras de consumo reciente en Catamarca son elevadas, aunque inferiores a la media nacional. El riesgo es que se trata de sustancias de fácil acceso, socialmente toleradas y frecuentemente combinadas.
Mención aparte merecen las apuestas online. La proporción de estudiantes de Catamarca que declaró haber apostado durante el último año -25,6%- justifica prestar atención a la prevención de conductas problemáticas asociadas al juego, especialmente por la facilidad de acceso a través de dispositivos digitales que los adolescentes llevan consigo a toda hora.
Estudios como este tienen el valor de trazar un diagnóstico preciso respecto de las características del consumo de sustancias entre adolescentes. Pero un diagnóstico, por riguroso que sea, no resuelve nada por sí mismo. Es ahora responsabilidad de los distintos niveles del Estado, nacional, provinciales y municipales, generar políticas eficaces para el abordaje de la problemática, que articulen prevención en las escuelas, acompañamiento a las familias, regulación del acceso y atención temprana. El objetivo debe ser que esos consumos sean circunstanciales, tiendan a disminuir y no se conviertan en consumos problemáticos.