La organización World Wildlife Fund (WWF) presentó el Informe Planeta Vivo 2026, un diagnóstico que revela una pérdida de biodiversidad devastadora a lo largo de 52 años en todo el mundo. Según el estudio, el tamaño medio de las poblaciones de vida silvestre monitoreadas disminuyó en promedio un 73%. La cifra surge del análisis de 5.790 especies de animales vertebrados (aves, mamíferos, reptiles y peces) entre 1970 y 2022.
El deterioro, sin embargo, no se distribuye de manera uniforme. Los descensos regionales más pronunciados se registran en América Latina y el Caribe, con una caída del 95%, seguida por África, con el 80%, y Asia-Pacífico, con el 49%. La región a la que pertenece la Argentina es, por lo tanto, la más afectada del planeta y su disminución promedio supera ampliamente la media global del 73%.
El documento señala como factores que favorecen un declive tan abrupto la conversión de pastizales, bosques y humedales, la construcción de presas en los ríos, la sobreexplotación de especies y, con mayor intensidad que en otras regiones, el cambio climático y las enfermedades. Pero el análisis de la WWF va más allá de las causas inmediatas y apunta a los sistemas que las impulsan: el energético, el de alimentación y el financiero. Son, en definitiva, las estructuras sobre las que se organiza la economía global y que, tal como funcionan hoy, consumen naturaleza más rápido de lo que ésta puede regenerarse.
Catamarca presenta un número creciente de especies animales amenazadas, flora en riesgo, menor retención de agua en el suelo y pérdida de fertilidad en algunas áreas. Catamarca presenta un número creciente de especies animales amenazadas, flora en riesgo, menor retención de agua en el suelo y pérdida de fertilidad en algunas áreas.
El sistema financiero ofrece quizá la prueba más clara de esa lógica. En 2023, unos 7,3 billones de dólares se destinaron a actividades nocivas para la naturaleza, mientras que apenas 220.000 millones fueron a parar a actividades que la protegen o restauran. Mientras esa asimetría persista, los discursos sobre sustentabilidad tendrán un alcance limitado.
Catamarca no es ajena a este proceso. Sus ecosistemas nativos atraviesan una transformación acelerada, en la que inciden el avance de la frontera agrícola y el desmonte, la presión de la actividad minera, los incendios forestales y el cambio climático en general. Las consecuencias ya se advierten: un número creciente de especies animales amenazadas, flora en riesgo, menor retención de agua en el suelo y pérdida de fertilidad en algunas áreas, entre otros efectos.
Con todo, el informe de la WWF, así como traza un diagnóstico preocupante, también ofrece una alternativa de solución, o al menos de morigeración, del problema. Reclama un tratado internacional de biodiversidad que permita revertir la pérdida de diversidad biológica, detener la destrucción y degradación de los hábitats, restaurar los ecosistemas dañados y proteger más áreas terrestres y marinas. Propone, asimismo, hacer más sostenibles la agricultura y la pesca, reducir la contaminación, limitar los efectos del cambio climático y promover modelos económicos que valoren la naturaleza en lugar de sobreexplotarla.
El mensaje, en el fondo, es que todavía hay margen para actuar, pero ese margen se estrecha con cada año de inacción. Las cifras del Informe Planeta Vivo no deben leerse como una sentencia, sino como una advertencia a tiempo.