viernes 5 de junio de 2026
EDITORIAL

Sacar a los chicos de la calle y el campo

Por Redacción El Ancasti

El trabajo infantil, que es un emergente nítido y contundente de la pobreza, creció en el último año de manera alarmante en toda América Latina, en general, y en Argentina en particular. De acuerdo con un informe elaborado por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en la Argentina, en colaboración con la UNICEF y el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la Nación, actualmente el 16% de los niños, niñas y adolescentes de entre 13 y 17 años trabaja.  El estudio, que se basa en información relevada en noviembre del año pasado, consigna que la mitad comenzó a hacerlo desde la aparición del COVID-19.

La emergencia de la pandemia ha provocado que los números de chicos trabajando se disparen, quebrando de esa manera una tendencia a la baja que se venía registrando desde la crisis de 2001-2002. Además de la reducción abrupta de ingresos, el alejamiento de las responsabilidades escolares que causó la suspensión de las clases presenciales también incidió para que niños, niñas y adolescentes salieran a trabajar.

En virtud de esta situación muy preocupante, de alcance global, la ONU declaró a 2021 como “Año Internacional para la Eliminación del Trabajo Infantil”, objetivo deseable pero muy difícil de alcanzar en el corto y mediano plazo.

En esta misma columna, meses atrás se mencionaba otro relevamiento, en este caso efectuado por el Programa La Unca más Cerca, que verificaba realidad similar en Catamarca según testimonios de directores de escuelas: chicos que, por los problemas económicos y la escasez de trabajadores rurales temporales como consecuencia de las restricciones a la circulación, dejaban de participar de las actividades educativas, restringidas a su vez por la falta de conectividad, y desarrollaban trabajos en el campo, muchas veces acompañando a sus padres. De hecho, en la Argentina el 70 por ciento del trabajo infantil se concentra en las actividades rurales, y un porcentaje también importante incluye el trabajo en las calles, como vendedores ambulantes, limpiavidrios, etc.

El estudio de la OIT añade que 7 de cada 10 chicos que salieron a trabajar en pandemia habitan en hogares cuyos miembros perdieron el empleo, vieron reducidas sus horas de trabajo o sus clientes, pedidos o changas fueron suspendidos temporalmente. 
Son aproximadamente 1,2 millones los menores que trabajan cuando deberían dedicar su tiempo a los juegos y a la escuela. La cifra se incrementa a 10,5 millones en América Latina y el Caribe y a 150 millones en el mundo.

Los especialistas en la materia destacan la necesidad de políticas urgentes para revertir la tendencia, fundamentalmente porque el trabajo infantil tiene como fenómeno asociado la deserción escolar, que es factor que influye con mucha fuerza en la exclusión futura del mercado laboral formal. Sacar a los chicos de la calle y el campo y volverlos a insertar en el sistema educativo es un desafío que debe comenzar a instrumentarse ya, aun con los efectos devastadores de la pandemia.


 

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