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editorial

Pequeños en las góndolas

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26 de noviembre de 2021 - 01:04 Por Redacción El Ancasti

La ley de Fomento de la Competencia en la Cadena de Valor Alimenticia, más conocida como Ley de góndolas, aprobada a principios de año con el apoyo de los principales bloques parlamentarios, reforzó la oferta en los supermercados de productos provenientes de pequeñas y medianas empresas. El impacto es positivo no solo para las firmas de menor envergadura, que pueden empezar a jugar en “las grandes ligas” del comercio nacional, sino también para los consumidores, que acceden a una producción más diversificada que al mismo tiempo restringe la arbitrariedad en la fijación de los precios.

La ley de Góndolas establece, entre otras exigencias, que una misma marca no podrá superar el 30 por ciento del espacio disponible en la góndola que comparte con productos de similares características. De este modo, se limitan las prácticas monopólicas y oligopólicas. En los primeros meses de su aplicación, que comenzó en marzo, se incorporaron más de 800 productos de pequeñas firmas y 80 nuevas pymes, la gran mayoría productoras de alimentos y bebidas, que empezaron a proveer con sus productos a los supermercados. Hay otras 27 a punto de empezar a proveer.

Los resultados en algunos rubros son muy buenos: por ejemplo, según un informe publicado en septiembre, una gran cadena con locales en todo el país tenía, en panificados, solo un 0,6 por ciento de provisión pyme. Hoy ya llega al 7 por ciento, incluyendo panes, galletas y fideos. 

La oferta concentrada en pocos proveedores que hegemonizan el mercado no es un hecho virtuoso, particularmente en economías inflacionarias como la argentina.

Otra buena noticia es que algunas cadenas de supermercados han tomado la iniciativa de promover ellas mismas que las pequeñas firmas, así como productores locales y hasta emprendimientos de tipo personal, sumen sus productos a las góndolas. Es el caso de Carrefour, que presentó una convocatoria federal para sumar nuevos proveedores con estas características.  Los rubros son variados: productos frescos, productos de almacén, bazar, textil y hasta fabricantes nacionales de electrodomésticos y tecnología.

Hay algunas experiencias locales con propósitos similares que ya comenzaron el año pasado. En Catamarca, por ejemplo, por impulso del Ministerio de Industria, Comercio y Empleo de la provincia, hubo acuerdos entre supermercados y productores locales para que en esos centros de comercio se vendan productos catamarqueños, con una leyenda indicativa, tales como lácteos, pastas, vinos, agua mineral, dulces y especias.

La oferta concentrada en pocos proveedores que hegemonizan el mercado no es un hecho virtuoso, particularmente en economías inflacionarias como la argentina. Y en eso coinciden tanto las escuelas económicas liberales ortodoxas como las que propician un mayor intervencionismo estatal. De modo que las experiencias locales, las iniciativas de los propios supermercados y la Ley de Góndolas en vigencia desde hace algunos meses, aparecen como herramientas esperanzadoras para que las producciones regionales, en especial la de micro, pequeños y medianos empresarios, puedan crecer en cantidad y también en calidad, generando además empleos dotados se la sustentabilidad imprescindible. 

 

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